Tras 30 años, el campo cundiboyacense vuelve a vestirse de cebada maltera

octubre 04 de 2019

Unos 250 campesinos llevan más de 4.000 hectáreas sembradas como parte de un programa de Bavaria que busca producir cerveza con cebada nacional y mejorar las condiciones del campo. .

Tras 30 años, el campo cundiboyacense vuelve a vestirse de cebada maltera

| Desde la década de los 90, la cebada empezó a desaparecer del campo colombiano. Hoy, 250 campesinos ya llevan cultivadas 4.000 hectáreas. | Por: Bavaria


Por: SEMANA RURAL
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A inicios de los años 90, el color amarillo de los campos del altiplano cundiboyacense empezó a palidecer por la acelerada disminución de la cebada, cultivo que sirve como principal insumo para elaborar una bebida tradicional consumida, conocida y bastante popular en toda Colombia: la cerveza. 


Fue tal el revés productivo de este cultivo que los alargados y dorados tallos con espigas cargadas de semillas de la cebada desaparecieron casi por completo de los territorios fértiles de Cundinamarca y Boyacá, zonas gobernadas en la época Precolombina por los muiscas. Tan solo sobrevivieron pequeños parches destinados al pancoger de los agricultores, quienes no tuvieron otra opción que volcar sus ojos hacia otros productos más rentables y atractivos como la papa y la cebolla.

La razón del declive de la cebada es simple: las semillas no tenían la mejor calidad para la elaboración de la cerveza, lo que llevó a Bavaria a tomar la decisión de importar el producto de otros países como Canadá, Argentina y algunos del continente europeo, quienes sí contaban con una cebada apta para la producción industrial y era mucho más económica.
 
 

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Los campesinos de Cundinamarca y Boyacá no tuvieron otra opción que dejar de cultivar cebada y dedicarse a otros productos como la papa y cebolla. ©Bavaria

“Hasta 1990, Bavaria fue un gran consumidor de cebada local. Comprábamos más de 150.000 toneladas de cebada colombiana al año, en especial en zonas del altiplano cundiboyacense. Sin embargo, esta cebada no tenía una buena calidad para el proceso cervecero y solo era apta para la elaboración de productos animales o las tradicionales sopas de cuchuco. En pocas palabras, la cebada local era muy costosa y sin características para hacer cerveza, aseguró Harold Ubaque, gerente de programas agrícolas de Bavaria.

Según Ubaque, las falencias de las semillas de la cebada colombiana salieron a relucir en las dos malterías que tiene la empresa en Tocancipá (Cundinamarca) y Cartagena (Bolívar), donde el grano es transformado en malta.

“La cerveza es hecha a base de malta de cebada, arroz, maíz, lúpulo, agua y algunas con azúcar. La cebada tiene que pasar por alguna maltería, donde el grano es germinado y tostado para convertirlo en malta. Con los granos locales, este proceso demoraba más de 144 horas y muchas de las cebadas no germinaban. Es decir era inestable en su calidad, con una baja eficiencia y un costo muy alto”. 
 

«Bavaria fue un gran consumidor de cebada local. Comprábamos más de 150.000 toneladas de cebada colombiana al año, en especial en zonas del altiplano cundiboyacense. Sin embargo, no tenía una buena calidad para el proceso cervecero»

Harold Ubaque, gerente de programas agrícolas de Bavaria
 

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En 2017, con un programa liderado por Bavaria, 25 municipios de Cundinamarca y Boyacá volvieron a cultivar cebada maltera. ©Bavaria 

Nace una nueva semilla

Casi 20 años después, en el año 2009, los directivos de Bavaria tomaron la decisión de volver a pintar el campo con el color característico de la cebada maltera. El ideal era recuperar este cultivo para elaborar cerveza con cebada cien por ciento colombiana, lo que permitiría dinamizar la economía de la región y mejorar las condiciones de los agricultores.

Así nació Siembra, programa que pretendía identificar un tipo de semilla de cebada apto para la cerveza y con capacidad de cultivarse en los suelos fértiles y oscuros de Cundinamarca y Boyacá. “El objetivo general era encontrar una variedad de cebada que le generara beneficios al agricultor, al maltero y al cervecero. Es decir una semilla con buena calidad y precio”, apuntó el directivo de Bavaria.

El primer paso del programa fue una exhaustiva investigación sobre la cebada, tarea que demoró diez años. “Agrosavia, antes Corpoica, fue uno de los primeros aliados para estudiar las diferentes clases de cebada. Con ellos cruzamos información e iniciamos la investigación con diferentes variedades de otros países. Fue un proceso de prueba y error: sembrar y evaluar por más de seis meses cada tipo, tiempo que se demora la cosecha del cultivo”, anotó Samira Fadul, directora de asuntos de gobierno de Bavaria.
 

En 2009, los directivos de Bavaria tomaron la decisión de volver a pintar el campo con el color característico de la cebada maltera. El ideal era recuperar este cultivo para elaborar cerveza con cebada cien por ciento colombiana.
 

Con una inversión superior al millón de dólares, Bavaria construyó el centro de investigación y capacitación Valle de Iraca en Tibasosa (Boyacá) para continuar con las investigaciones. “Con diversos expertos empezamos a sembrar una gran variedad de semillas para establecer qué tan aptas eran para el proceso cervecero. Luego de casi una década de estudios, pruebas, aprendizajes y errores, encontramos una semilla con todas las características para empezar a recuperar la cebada en el campo, llamada Explorer”, complementó Ubaque.

Ya identificado el tipo de semilla para hacer una buena cerveza con cebada maltera colombiana, la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (Upra) le suministró a Bavaria un mapa de las áreas aptas para cultivar este tipo de cultivo en el altiplano, zonas con tierras planas, poca pendiente y no superiores a los 2.500 metros sobre el nivel del mar. Más de 35.000 hectáreas en Cundinamarca y Boyacá arrojaron potencial para la cebada. 

“Pero no en todas estas hectáreas podíamos arrancar el programa, ya que la mayoría estaba gobernada por otros cultivos como la papa o hacían parte de los parques industriales o bodegas, construcciones que siguen ocupando las áreas productivas más importantes del país. Entonces seleccionamos zonas en 25 municipios de ambos departamentos con presencia de asociaciones de pequeños productores”, mencionó el gerente de programas agrícolas de Bavaria.
 

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Los campos del altiplano cundiboyacense han vuelto a pintarse con el amarillo de la cebada. ©Bavaria

Convencer al campesino

Con la semilla ideal y las zonas aptas para despertar a la cebada de un sueño de más de dos décadas, en 2017 Bavaria arrancó la segunda fase del programa: involucrar a los agricultores para que hicieran parte de un tipo de alianza productiva, donde recibirían beneficios económicos, asesoría técnica y mejoras tecnológicas.

Llegarle a los campesinos no fue fácil. Según Fadul, la pérdida de vocación de la cebada en Colombia jugaba en su contra. “Como el cultivo desapareció hace más de 25 años, la mayoría de campesinos del altiplano optaron por la papa. Convencerlos de volver a cultivar cebada fue bastante complicado, ya que estaban muy inseguros y con miedo de perder. Muchos no recordaban cómo cultivarla”.

Poco a poco, la alianza productiva fue calando en el campesinado. Todo partía con la firma de un contrato por compra y venta, donde los productores se comprometían a venderle a Bavaria la cebada y la empresa a darle la semilla y comprar la cosecha a un precio preestablecido y asegurado. Cerca de 250 agricultores, asociados en diferentes esquemas como cooperativas, asociaciones o juntas de acción comunal, aceptaron el negocio.

“Nosotros les damos las semillas a los agricultores, quienes deben preparar el suelo, sembrar, cuidar el cultivo y sacar la cosecha. Bavaria también les brinda asistencia técnica, capacitación para que aprendan a cultivar cebada y programas de desarrollo paralelos. Tenemos tanto pequeños productores, con menos de 10 hectáreas en sus fincas, como grandes cultivadores, quienes sacan dos cosechas al año: siembran en marzo y agosto, meses lluviosos”, anotó el experto. 
 

 

La cebada volvió al campo con las manos de 250 campesinos del altiplano cundiboyacense. ©Bavaria 
 

250 campesinos ya suman más de 4.000 hectáreas sembradas con cebada maltera. En 2018 produjeron cerca de 3.900 toneladas de granos.
 

Terminada la cosecha, que dura más o menos cinco meses, la cebada es llevada a un centro de acopio, un sitio donde es limpiada, secada y clasificada. Luego pasa a la maltería en Tocancipá, donde el grano se transforma en la malta, proceso que no demora más de 120 horas. 

“Estos campesinos también han suscrito alianzas productivas con el gobierno gracias al programa Siembra. El Ministerio de Agricultura les da insumos y asistencia técnica por contar con un aliado comercial que les compra la producción, es decir Bavaria. Cuando ellos cultivan ya tienen garantizada la compra de su cosecha”, afirmó Fadul.

Los 250 campesinos ya suman más de 4.000 hectáreas con cebada maltera y en 2018 produjeron cerca de 3.900 toneladas de granos. Sin embargo, no dejaron de cultivar otros productos como la papa o cebolla. “Lo que hacen es una rotación con los otros cultivos principales. Esto beneficia la calidad de la tierra, ya que la cebada no demanda tantos fertilizantes como la papa. La cebada se está convirtiendo en la segunda mejor opción productiva en la zona”, anotó la directiva de Bavaria.

Con lo producido por estos campesinos, Bavaria lanzó hace tres meses la primera cerveza hecha con cebada cien por ciento colombiana: Club Colombia Siembra, una edición limitada que la empresa piensa volver una marca en el mercado nacional.

La cebada cultivada de los campesinos ya hace parte de las cervezas producidas por Bavaria. Sin embargo, no teníamos un producto exclusivo con esa materia prima. Cuando los agricultores vieron la Club Colombia Siembra no ocultaron su orgullo por tener en sus manos algo que ellos mismos cultivaron. Estamos creando una nueva cultura en el campo con un cultivo que había desaparecido del lente nacional, cuenta Ubaque.
 

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Los campesinos del altiplano no dejaron de sembrar papa o cebolla. Con la cebada hacen sistemas rotativos que benefician la calidad de los suelos. ©Bavaria

A finales de 2019, Bavaria proyecta abarcar 5.000 hectáreas con cebada en Cundinamarca y Boyacá, y en dos años cubrir 10.000 hectáreas.
 

Cebada para rato

Al comienzo del programa con los campesinos, el precio de la cebada local era 33 por ciento más alto que el de la importada, mientras que el rendimiento para el agricultor era de 1,5 toneladas por hectárea, cifras que no lo hacían atractivo ni rentable.

Sin embargo, con los 250 campesinos y las más de 4.000 hectáreas ya cultivadas, en 2018 la diferencia entre la cebada local y la importada se redujo al 10 por ciento; el rendimiento del agricultor subió hasta tres toneladas por hectárea, generando una rentabilidad superior al 30 por ciento. “No es lo ideal, pero es un avance para un cultivo que ya no estaba presente en la zona”, apuntó Ubaque.

Con estos resultados, Bavaria ya tiene varias metas a corto, mediano y largo plazo para seguir pintando de amarillo el campo colombiano. A finales de 2019 proyecta abarcar 5.000 hectáreas con cebada de buena calidad en Cundinamarca y Boyacá, y dos años después llegar a cubrir las 10.000 hectáreas, panoramas que dependen de varios factores como los campesinos y algunas instalaciones físicas.
 

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Con asesoría técnica y tecnología de punta, campesinos de Cundinamarca y Boyacá lograron cultivar de nuevo cebada en sus fincas. ©Bavaria

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El programa Siembra de Bavaria también llegará a los Llanos Orientales y la región Caribe. ©Bavaria

Para Fadul, hay que llegar a más de 500 agricultores en la zona y contar con otros centros de acopio (el único actualmente disponible es de un tercero y está llegando a su límite de capacidad) ubicados cerca a Tunja, para así mejorar el rendimiento en el transporte. “Estamos trabajando para desarrollar un proyecto con algún privado o con el gobierno nacional”.

Por su parte, Ubaque informó que Bavaria lograría abastecer sus necesidades para hacer cerveza solo con insumos nacionales, si contara con 100.000 hectáreas cultivadas con cebada maltera, “un sueño que requiere de más sitios para sembrar y procesar las semillas y un número grande de campesinos en el programa. Esa es la meta a largo plazo de Siembra, que no solo incluirá terrenos del altiplano cundiboyacense”.

Además de Cundinamarca y Boyacá, Bavaria tiene pensado replicar el programa en zonas de la Orinoquia y la región Caribe (en departamentos como Cesar, Bolívar y Sucre), tierras que según la Upra son aptas para el desarrollo de la cebada. En la Altillanura tenemos cuatro millones de hectáreas potenciales y toda la infraestructura del arroz, que es una prima de la cebada, como las máquinas y los silos. El reto ahora es encontrar la variedad de cebada que sirva en ese lugar, la cual podríamos desarrollarla en no más de dos años”, dijo Ubaque.
 

Bavaria tiene pensado replicar el programa Siembra en zonas de la Orinoquia y la región Caribe, tierras que según la Upra son aptas para el desarrollo de la cebada.
 

Tecnología de punta

Los campesinos del altiplano cundiboyacense han recuperado su habilidad para cultivar un producto extinto en la región por medio de herramientas, maquinarias y mecanismos tecnológicos, los cuales han impactado positivamente el componente social de la comunidad.

“Al comienzo, los agricultores utilizaban máquinas de los años 50, donde se montaban hasta tres personas para llenar los bultos con las semillas de cebada. Todo era muy manual. Entonces, les trajimos un desarrollo tecnológico representado en sembradoras, abonadoras, tractores y cosechadoras que mejoraran la rentabilidad y el sistema de producción. Esta maquinaria no fue regalada, funciona como una prestación de servicios: pagan por un servicio útil y más barato”, dice Ubaque. 

El mundo tecnológico empezó a aferrarse en la vida de los campesinos. Bavaria los capacitó en el manejo de celulares y aplicaciones, y ahora les envía mensajes de texto o por WhatsApp con recomendaciones técnicas del cultivo. “Además, tenemos asistentes técnicos que van constantemente a las fincas para ayudarlos a mejorar la producción. También aplicamos un empoderamiento financiero: los pagos por las cosechas se consignan en una cuenta corriente y no en efectivo, una de las condiciones que hacen parte de los contratos por compra y venta. Ahora todo es el línea”.
 

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La cebada también trajo nueva maquinaria y tecnología de punta a los campesinos de Cundinamarca y Boyacá. ©Bavaria


«Bavaria ha invertido más de ocho millones de dólares en el programa Siembra, que incluye investigación y desarrollo, cultivos comerciales e impacto social»

Samira Fadul, directora de asuntos de gobierno de Bavaria
 

Este año, Bavaria lanzó en la zona un nuevo programa de relevo generacional, bajo la premisa de que el campo colombiano se está envejeciendo. Casi todos los agricultores son los abuelos de las familias. Los padres partieron hacia las ciudades más cercanas y no quieren que sus hijos estén en el campo por la falta de oportunidades. Para revertir esa tendencia, trabajamos con los nietos de estos agricultores en convencerlos de que el campo es una buena opción por medio de la tecnología”, manifestó Ubaque.

Seis jóvenes de Boyacá recibieron tablets para hacerle seguimiento al cultivo de sus papás y abuelos por medio de una aplicación, que funciona como la historia clínica del cultivo: cómo nació, su peso, las enfermedades y los tratamientos recibidos. “Este piloto ahora es replicado con otros jóvenes de Cundinamarca, quienes van a las escuelas rurales a mostrarles a los niños las ventajas y beneficios de seguir en el campo”.

Por último, Fadul informó que en los tres pilares del programa Siembra (investigación y desarrollo, cultivos comerciales e impacto social), Bavaria ha invertido más de ocho millones de dólares. “En la última década, Siembra ha contado con aproximadamente 500.000 dólares anuales. Sumado a esto, hemos invertido 750.000 dólares en maquinaria agrícola y un millón de dólares en el centro de experimentación. Seguiremos trabajando para poder elaborar cerveza con una cebada cultivada y procesada en Colombia”.


 

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