Voces a prueba de balas: Martha López, siete veces líder

diciembre 19 de 2018

Esta maestra y lideresa, amenazada por defender los derechos de los niños y las comunidades étnicas, cuenta en primera persona la historia de su lucha.

Voces a prueba de balas: Martha López, siete veces líder

| Martha López Guisao es una de las 1.064 líderes amenazados en Colombia desde 2016. | Por: Somos Defensores


Por: Voces a prueba de balas


Martha López ha huido de su hogar siete veces. Siete momentos en los que ha estado a punto de perder su vida a manos de los armados. Siete decisiones de dejar todo atrás y empezar a trabajar desde cero por una nueva comunidad. Ella, como casi todos los miembros de su familia, es una de los 1.046 defensores de derechos humanos amenazados en Colombia desde 2016 hasta septiembre de 2018.

 

Esta es la primera entrega deVoces a prueba de balas, una campaña del programa Somos Defensores para proteger a los líderes sociales a través de la difusión de sus historias.


 

En un minuto, Martha López cuenta a qué causas ha dedicado su liderazgo desde niña.


 

«Mi nombre es Marta López Guisao y soy de origen campesino.  Mi papel como líder social y defensora de derechos humanos empezó desde muy joven en la Junta de Acción Comunal de Apartadó y profesora voluntaria de 150 niños y niñas que no tenían acceso a la educación en el municipio.

Con varias compañeras nos dimos a la tarea de recorrer las veredas para enseñarles a leer y escribir a niños y personas adultas. También, desde la Junta de Acción Comunal (de la cual era secretaria), gestionamos la educación para más o menos 160 niños y así fundamos la escuelita.

 

 

En 1991 me hicieron el primer atentado. Llegaron buscando al presidente de la junta y a mí me apuntaron con un arma. Me salvé porque el presidente les suplicó que no me hicieran nada. A él lo asesinaron; para mí y para mi familia ese fue el detonante de nuestro primer desplazamiento, esta vez a Medellín.

Llegamos a la Comuna 13, al barrio de invasión Olaya Herrera, donde vivían otras familias de Urabá, sobre todo trabajadores de las bananeras y miembros de la Unión Patriótica. Ahí no llegaba la inversión del Estado, por eso desde la misma comunidad empezamos resolver nuestras necesidades: construimos el colegio donde fui profesora voluntaria, un puesto de salud, el acueducto, el alcantarillado, el parque y la cancha.

Esa buena convivencia se rompió desde el 2000 tras las operaciones militares Mariscal y Orión (con las que el Ejército se tomó violentamente la Comuna 13 para intentar acabar con las guerrillas urbanas).

Desde entonces declararon objetivo militar a toda mi familia; querían asesinarnos porque todos somos líderes sociales. Un día, unos hombres armados me fue a buscar al colegio y llegaron preguntando por mi hermana en su trabajo.

 

«Fue tanta la persecución hacia mi familia que decidimos cargar siempre una pastilla de cianuro por si nos cogían porque sabíamos que nos iban a torturar».


 


Con tanta presión, las organizaciones sociales con las que trabajábamos nos ayudaron a salir a Bogotá. Al poco tiempo nos fuimos al sur de Bolívar, específicamente a la zona minera del municipio de San Pablo. Nos encontramos con una arremetida paramilitar: llegaban a las casas de los campesinos y, a los que no asesinaban, los aporreaban o los retenían.

En una incursión del Ejército y los paramilitares retuvieron a una familia vecina. Me fui con otros líderes hacia los campamentos donde los tenían y uno de ellos me puso fusil en la frente. Mi reacción fue desafiarlo: sin quitarle la mirada, le dije que me disparara hasta que bajó el arma.

Nos fuimos al Tolima, donde también sufrí seguimientos y finalmente decidí irme del país por seis años.


 


A mi regreso trabajé con las comunidades indígenas y afro en el Chocó junto con mi hermana Ruth Alicia y mi hijo. Después de 15 años de no volver a Medellín, ni a la Comuna 13, ni al barrio de donde salimos desplazadas, fui con mi hermana a visitar a nuestro hermano, que todavía vivía ahí.

A las dos semanas, dos hombres entraron a la casa y le dispararon a mi Ruth, la mataron de seis disparos el 2 de marzo de 2017. Cumplieron la sentencia de muerte que nos habían dictado en 2001.


 

 

A lo largo de mi vida he fundado tres colegios, he conformado muchos grupos de mujeres  (sobre todo campesinas e indígenas), he participado en los tribunales internacionales, he trabajado con niños, jóvenes, con la tercera edad, he sido madre y padre.

Mi lucha seguirá así me persigan».

 


 

Una iniciativa del programa Somos Defensores

¡Suscríbete!

Y recibe primero una selección de los mejores contenidos y novedades de SEMANA RURAL. Nada de spam, promociones comerciales ni cosas aburridas.

Ingresa el correo que más utilices, gracias por ayudarnos
Autorizo el tratamiento de mis datos conforme a la política de tratamiento de datos de SEMANA.




¡Comparte!



Foto de perfil del autor del comentario






Semana Rural. Un producto de Proyectos Semana S.A. financiado con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través del programa de Alianzas para la Reconciliación operado en Colombia por ACDI/VOCA. Los contenidos son responsabilidad de Proyectos Semana S.A. y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de Estados Unidos.