Mi pueblo natal: así vuelven las víctimas de desplazamiento en Antioquia

noviembre 23 de 2020

En varios municipios antioqueños, miles de campesinos que fueron desplazados por la violencia están retornando a sus tierras con la ayuda de la Unidad de Víctimas. En medio del proceso, también luchan por recobrar su dignidad..

Mi pueblo natal: así vuelven las víctimas de desplazamiento en Antioquia

| Estos proyectos agrícolas hacen parte del plan de retornos y reubicaciones que se articula con las administraciones municipales. | Por: Cortesía Unidad de Víctimas de Antioquia


Por: Natalia Prieto C
@NataliaPC_

“A lo lejos se ve mi pueblo natal, no veo la santa hora de estar allá”, recita el cantautor Jairo Varela en una de las canciones más reconocidas del Grupo Niche. Ese sentimiento de nostalgia que describe, es el mismo que sintió Arcadio Pamplona cuando volvió a Alejandría (Antioquia) después de vivir 16 años en Cartagena. Iban a ser solo dos meses, pero ya van cuatro años: la paz del campo, que nunca olvidó estando en la ciudad, lo atrapó de nuevo. El sonido de las explosiones y las balas, producto de la guerra, fue reemplazado por los cantos de los pájaros que tanto le gusta oír. Volver a su pueblo natal le devolvió la esperanza.

 

En los años noventa, Arcadio estaba en medio del “juego del gato y el ratón”, pero entre ‘paracos’ y ‘guerrillos’. En la vereda Las Cruces cuidaba una casa en la que ambos grupos armaban cambuches para pasar de dos a tres noches. “Se iban unos y al otro día llegaban los otros -cuenta Arcadio- Los guerrillos me pedían que les cambiara unas armas por un caballo o que les vendiera comida. Ese era el temor de nosotros. Si les dábamos hospitalidad a unos, después llegaban los otros y nos mataban por cómplices”.

 

Cuenta que la población de estas veredas sufrió desplazamientos forzados, homicidios, secuestros, desapariciones forzadas y reclutamiento forzado de niños y adolescentes por parte de la guerrilla y grupos de autodefensas. Arcadio se fue del pueblo antes de que los dos grupos se enfrentaran y cobraran miles de víctimas, tantas como para declarar el territorio “campo santo”. En Cartagena empezó a manejar un taxi y con lo que ganaba “mandó a recoger” a sus papás. Su casa en Las Cruces quedó abandonada.

 

Cuando regresó, hace cuatro años, empezó a trabajar como sacristán en la parroquia del pueblo. Luego se dedicó a ayudar a los vecinos a rehacer sus viviendas y empezar nuevos proyectos con los subsidios que les entregaban como parte del plan de retorno y reubicaciones que implementa la Unidad para las Víctimas. Hasta el momento, 92 familias campesinas de las veredas La Pava y San Lorenzo recibieron dotaciones agrícolas (semillas, abonos, herramientas) para fortalecer su seguridad alimentaria y comercializar excedentes de frijol, maíz, café, hortalizas y legumbres.  

 

Un año después fue elegido como director de la junta de acción comunal y desde ese momento no ha dejado de trabajar por su comunidad. “Todos estamos con la intención de volver a trabajar la tierrita porque todo quedó muy abandonado -cuenta- Estamos en ese periodo de recuperación de los cultivos. Quienes habitaron estas zonas están retornando y el municipio está retomando la tranquilidad y la paz”.

 

Estos proyectos agrícolas hacen parte del plan de retornos y reubicaciones que la Unidad de Víctimas articula con las administraciones locales para garantizar la seguridad alimentaria y la permanencia de estas familias campesinas en la tierra de donde salieron por causa de la violencia.


«Seguimos avanzando en la recuperación del tejido social en más de 30 municipios focalizados con planes de retorno y reubicación de población desplazada, para que las víctimas que regresaron permanezcan en sus tierras con mejores condiciones de vida y vuelvan a ser productivas»

 Wilson Córdoba Mena, director de la Unidad para la Reparación a las Víctimas en Antioquia.


 

Desde que volvió, Arcadio ha recibido acompañamiento psicosocial como parte de su proceso  para sanar las heridas que le dejó la guerra. Recuerda “pequeñas victorias” como el monumento que crearon para exaltar la labor de una de sus profesoras, víctima de la violencia. "Esto ha ayudado mucho para que la gente cuente su historia y sobre todo ayuda a mirar al campesino como alguien importante, no alguien olvidado", dice Arcadio, que pertenece a las 114 familias beneficiadas en Alejandría y Jericó.

 

En el 2020 se han entregado cerca de 2.500 Esquemas Especiales de Acompañamiento Comunitarios y Familiares en varios departamentos de Colombia. Estos incluyen insumos agropecuarios, equipamiento y materiales de construcción para mejoramiento de escuelas, centros de salud, placa huellas y dotaciones para unidades productivas (negocios), con el fin de garantizar la sostenibilidad de los retornos de la población desplazada por el conflicto armado.  En lo que va del año, un total de 277 mil familias desplazadas volvieron a sus territorios de origen o se reubicaron en otras zonas de Colombia. De estas, aproximadamente 60 mil están en Antioquia.

 

Además de las dotaciones agropecuarias a campesinos, como parte de los planes de retornos y reubicaciones, las escuelas de las veredas La Raya y Morelia recibieron mobiliario escolar para mejorar las condiciones en las que estudian 300 niños y adolescentes. Según la Unidad de Víctimas, durante noviembre y diciembre se completará la dotación con equipos tecnológicos como computadores y equipos audiovisuales.

 

Con el fortalecimiento de la agricultura y la dotación de las escuelas rurales, se consolida el retorno de las víctimas en municipios antioqueños como Alejandría, Jericó, Concordia, San Rafael, San Carlos, Caucasia, Nechí, Carmen de Viboral, Carolina del Príncipe y El Peñol. Según cifras de la Unidad de Víctimas, desde el año 2014 se han entregado más de 10 mil de estos esquemas en el país (cerca de 2 mil en Antioquia), con una inversión de más de 70 mil millones de pesos.

 

Arcadio lidera diferentes proyectos en su vereda. Ayudó a su comunidad a ganar un apoyo para instalar un kilómetro de placa-huella en una de las vías principales. A punta de 'sancochadas' y 'comitivas', todos los habitantes de la vereda y los territorios vecinos apoyaron la construcción que alcanzó hasta para la caseta comunal. 

 

"Uno tiene que pelear por lo que es, por lo correcto -asegura-. Como uno es campesino creen que pueden aprovecharse y darle lo peor, pero no”, dice con dignidad. El amor por su tierra le brota por los poros y a pesar de que llegó hace cuatro años, a él, como al personaje de la canción de Niche, todavía le cuesta evitar que los ojos se le agüen.

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