Millennials, descubran cómo pueden salvar a los caficultores de la Sierra Nevada

agosto 28 de 2018

Los campesinos cafeteros superaron la violencia, la caída de los precios y ahora le apuestan al turismo comunitario sostenible y al café especial de la serranía.

Millennials, descubran cómo pueden salvar a los caficultores de la Sierra Nevada

| San Pedro de la Sierra es un corregimiento de Ciénaga, fundado por indígenas kogui y que nada tiene que ver con el calor sofocante de su cabecera municipal. | Por: Andrea Jiménez Jiménez


Por: Andrea Jiménez Jiménez
@AndreJimenezJ

Las guerras


El amanecer se cierne sobre la Sierra Nevada en forma de nubes rosadas. El contorno de la serranía litoral más alta del mundo se va descubriendo entre siluetas que parecen flamingos desfigurados. En el suelo, los platanales anuncian el reino de la Zona Bananera. Justo ahí, después del puente del corregimiento de Riofrío, se levanta un trayecto ascendente, curvísimo, por el que llegó y se fue la violencia cada vez que quiso, a esa altura de departamento del Magdalena. Fue en el pie de esa montaña en los años 70, donde cayeron uno tras otro los muertos de la bonanza marimbera.“Había muertos todo el tiempo. Ibas por las vías y veías cuerpos en la carretera”. Lo cuenta Claudia Vasco Moya, ingeniera ambiental, especialista en Fondos de Agua de la ONG The Nature Conservancy, que se sabe de memoria cada historia de San Pedro de la Sierra, mientras subimos por esa larga carretera en espiral: el camino a su casa.
 


“Todas las familias tuvieron que irse. Siempre han tenido alguna casa en la ciudad. A los niños y mujeres los mandaban allá, y los hombres se quedaban acá produciendo. Mataban a los que cuidaban los camiones llenos de marihuana. Un día vi casi mil mulas cargadas de marihuana”.

CLAUDIA VASCO MOYA, ingeniera ambiental


Siempre había que tener plata para pagar la huida y sobrevivir días,  meses o incluso años lejos de la montaña.En ese momento se perdió el 70% del bosque seco nativo”, continúa Claudia. La explotación desmesurada del suelo para sembrar  marihuana y otros productos - para cosechar y vender por montones - arrasó poco a poco las especies autóctonas de ese terreno fértil de clima templado, en contraste con los pueblos bananeros calurosos que se dispersan al pie de la Sierra, a 1.600 metros sobre el nivel del mar. Tenían que producir más, para hacer dinero extra y poder escapar de esa  guerra, de las calumnias de los marimberos, de los ataques de los policías corruptos, las balas, el insomnio.

Esa fue la segunda guerra que se sintió en San Pedro de la Sierra, un corregimiento de Ciénaga fundado por indígenas kogui y que nada tiene que ver con el calor sofocante de su cabecera municipal. La  primera la trajo El Bogotazo, ‘La Violencia’ desde el interior del país. Llegó en forma de semilla y echó raíces.
 

El primer nombre de San Pedro fue San Andres de los Koguis. A mediados de siglo XX, durante el gobierno de Gustavo Rojas Pinilla, el gobernador militar, coronel Pedro Monroy, le cambió el nombre a San Pedro de la Sierra. También regaló una estatua de San Pedro.  FOTO: ANDREA JIMÉNEZ JIMÉNEZ


 

El café
 

“Mi padre fue de los primeros cafeteros que llegaron a la Sierra, fue pionero. Ellos llegaron en el año 48, cuando la guerra de los conservadores y liberales, después del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. A raíz de esa guerra fue que se exploró el café aquí. Entonces yo soy hijo de un cafetero que llegó aquí hace 60 años”.

Luis Meriño Reátiga explica así por qué, seis décadas después de haber nacido en San Pedro, habla con acento tolimense. Como él, muchos de los nativos conservaron el tono y la jerga de los del interior heredado de sus padres. Los escasos 18 grados de temperatura promedio que refrescan la región también se encargaron de naturalizarlo.

 

Ni siquiera la garantía de una producción orgánica –que no aplica insumos de sintéticos , químicos, pesticidas y demás, para el control de las plagas y enfermedades- ha evitado la venida debajo del precio base del café, que se tasa en  la Bolsa de Nueva York.— FOTO: ANDREA JIMÉNEZ JIMÉNEZ


 


San Pedro es un corregimiento apacible , un punto aparte del bullicio que suele rodear los pueblos de la costa Caribe. Sus casi 1.200 habitantes, según el líder de la Junta de Acción Comunal, conservan el talante  tranquilo de los cachacos,esa laboriosidad imperturbable que los compromete a separar frutas y hortalizas un domingo a las 7 de la mañana.

Junto a estos campesinos, que parecieran haber salido de cualquier parcela del Tolima o Antioquia, pasan indígenas kogui y tayrona con mulas cargadas de café. Una estampa única en ese Caribe incrustado entre las montañas. Un sincretismo cultural que sobrepasa la mezcolanza de acentos : aquí se come tamal al desayuno, a lo tolimense, y se almuerza con frijoles, como los paisas,  y la cena lleva tajadas fritas, al estilo costeño.

A nosotros nos tocó enfrentar la guerra de la bonanza marimbera, que fue también brutal. Duramos 20 años en la guerra de la guerrilla, 5  años en la guerra de los paramilitares revuelta con el Estado, y de pura cosa estamos vivos”, recuerda Luis. Ahora lo que enfrentan los campesinos de San Pedro y de todo el cinturón cafetero de la Sierra es el desplome de los precios del grano del cafetal, venidos abajo por una sobreproducción mundial que los tiene vendiendo a pérdida.
 

Los 1.200 habitantes que tiene el pueblo -según el Líder de Acción- viven rodeados de paisajes para enmarcar, por donde se mire. Las nubes a la altura de las montañas, el verdor del terreno y animales exóticos como las guacamayas son asunto cotidiano, y regalan postales como esta.  FOTO: ANDREA JIMÉNEZ JIMÉNEZ


Las pérdidas
 

La tesis de grado como Administrador Agropecuario llevó a Víctor Cordero a mirar a la cuenca de Riofrío, la que provee de agua helada a San Pedro de la Sierra. Desde hace 12 años, participa en organizaciones como la Fundación ProSierra, que diseña y ejecuta proyectos ambientales, sociales, científicos, y tecnológicos para  “proteger y preservar la Sierra Nevada de Santa Marta y sus alrededores”. Ahora, como gerente de la Red de Productores Orgánicos de la Sierra Nevada (Ecolsierra), trabaja con los campesinos de esa serranía para potencializar la producción de café excelso que se cosecha allí, pero también para solucionar la rentabilidad, asegurar que el grano no será malvendido en el exterior,  como viene sucediendo.

Ni siquiera la garantía de una producción orgánica –que no aplica insumos de sintéticos , químicos, pesticidas y demás, para el control de las plagas y enfermedades- ha evitado la venida debajo del precio base del café, que se tasa en  la Bolsa de Nueva York.

 


“Hay una coyuntura mundial en este momento que afecta a productores orgánicos, ¡ahora imagina cómo será un productor convencional! De una u otra manera, los productores orgánicos mantienen una prima que paga el mercado por encima del precio básico. El problema es que cuando ese precio base baja los niveles a un dólar, en lo cual nos encontramos hoy, el negocio empieza a ponerse un poco complejo”.

VICTOR CORDERO, Gerente de Ecolsierra


 


Luis Meriño nació hace 60 años en San Pedro de la Sierra. Allí cultiva café en las dos parcelas que tiene, y justo acaba de comenzar a sembrar aguacate traído del Tolima, para recuperar las pérdidas que deja por esta temporada la cosecha del cafetal. FOTO: ANDREA JIMÉNEZ JIMÉNEZ


 


Cordero tiene razones para preocuparse: la superproducción de café de Brasil, principal productor del grano en el mundo, y la irrupción en el  mercado de países como Vietnam o Indonesia, que antes no cosechaban, ha hecho que la oferta supere la demanda y los precios se desplomen. “Este precio no solo afecta a un productor orgánico sino al productor convencional, porque hoy deberían estar por encima de US$ 1.30, y está a un dólar. Esos 30 centavos sí que afectan”.

Luis Meriño mira sus plantas de café. Les habla, las consiente, sabe que pronto los frutos, luego de tres años de sembradas, se pagarán  al precio justo. “Hay otros países para los cuales es más fácil producir un kilo de café que nosotros, por ejemplo Ecuador y Perú. Ellos producen café más barato porque allá la mano de obra tiene subsidio del Gobierno, nosotros no tenemos eso, entonces a nosotros se nos encarece (…) Toca competir con taza, calidad, y tener tiendas en el exterior vendiendo este café, pero lo que estamos haciendo nosotros, los otros países también lo están haciendo”.
 

Así luce un amanecer en San Pedro: mulas y camionetas están listas para bajar esos 1.600 metros y proveer de café, plátanos y demás productos a los pueblos asentados al pie de la montaña FOTO: ANDREA JIMÉNEZ JIMÉNEZ


 

Las soluciones. A dos árboles de aguacates injertados, traídos del Tolima, se encomienda Luis para superar la crisis del precio del café. Estamos trabajando bajo pérdida, entonces estamos buscando otra alternativa que nos lucre y nos dé platica”. La solución crece en forma de mata en el patio de su finca, en una de las dos parcelas que tiene y donde también siembra plátanos, maíz y yuca. Porque “una finca sin yuca y sin gallina no es finca”.

Si bien la singularidad del café de la Sierra Nevada marca un punto y aparte en la producción nacional del grano, al ser ese territorio “un macizo aislado, que no pertenece a la cordillera de los Andes, lo que le imprime una característica distinta a los suelos y a la producción de café” -como explica el experto-, se hace necesaria la diversificación de los productos que potencialmente puede ofrecer para garantizar la sostenibilidad de los campesinos que viven de ella, y al mismo tiempo, la del suelo mismo. “Hace un par de años empezamos a hacer el tema de diversificación con otros productos como la apicultura, que permite que el productor tenga un ingreso adicional”, agrega el gerente de Ecolsierra.
 


Las matas de café son sembradas en bolsas, y ahí permanecen cuatro meses, cuando es el tiempo de transplantarlas al terreno fértil de la Sierra Nevada. FOTO: ANDREA JIMÉNEZ JIMÉNEZ


 


Ese ingreso está depositado  en pequeñas cajas adaptadas con paneles de abejas basados en un sistema brasileño, según cuenta Diego Padierna, experto en esa técnica para producir miel en los patios y jardines de San Pedro. En medio de un collage de flores multicolor, los artefactos de madera alojan un mecanismo fácil y rápido, seguro para la producción, que provee miel pagada a buen precio. Es, en sí mismo, un producto y una oportunidad, pues la posibilidad de visitar las fincas para probar la miel , directo desde el panal, es un atractivo para el turismo rural comunitario, una salidas que plantean en la Sierra para superar la caída del precio del café.
 


«Concretamente queremos liderar un proceso que permita salirnos del esquema de la Bolsa. Hay un nicho de mercado que está dispuesto a pagar precios fijos de acuerdo a las condiciones de taza de los cafés, de acuerdo a las ecorregiones donde se produce, y esto tiene que ver con las historias que tienen los productores, con el tipo de café, con lo que hay detrás de todo el proceso, y por eso existe un mercado creciente que está dispuesto a pagar un precio superior, incluso a los (productores) orgánicos, que permitirán que en el mediano y largo plazo los productores puedan tener un mejor ingreso en función de estrategias de comercialización distintas al modelo histórico de fijación de bolsa. Es tratar de quitarnos de encima el tema de que el café es un comodín y se mueve por temas de la macroeconomía del mundo».

DIEGO PADIERMA, Experto en apicultura


 

Los millennials
 

Ese nicho de mercado al que se refiere el gerente de Ecolsierra es el que “aglutina principalmente a exportadores y tostadores” que conforman la llamada Tercera Ola del Café, un término que se refiere al ánimo de los consumidores por tener un acercamiento mayor a ese café que consumen, más allá de beberlo.

“Mucha de la población joven en el mundo está interesada en tomar un café con diferenciación, por sus notas en la taza, y eso incluso puede estar ligado a la región, a la historia, a un árbol, a un proceso de observación, y eso hace que en el mercado tipo gourmet, tipo café de región, hace que cuando tú consumas una taza con notas achocolatadas, frutales, diferentes sabores que el sabor que encuentras tú en el café, en lugares como Estados Unidos, en Australia, estén  dispuestos a pagar por ese café precios superiores. Si logramos captar ese mercado y eso lo ligamos a una propuesta concreta de turismo rural comunitario, traer a las personas que conozcan la región y la historia del café, por supuesto que lograríamos mejores precios”.

 

La apicultura es una técnica relativamente nueva para los sampedranos. Han comenzado a dominarla copiando un sistema brasileño que consiste en  criar abejas sin aguijón al interior de cajas de madera. Los panales no solo dan miel, sino que verlos y probar su líquido directamente potencia el turismo comunitario en el corregimiento. FOTO: ANDREA JIMÉNEZ JIMÉNEZ


 


Los jóvenes representan el segmento más atractivo para este mercado. Desde 2013, estudios del Euromonitor International observaron un crecimiento gradual en el consumo de café entre los jóvenes de 16 a 25 años, una tendencia que se mantiene en tiempos de Instagram  y del vaso de café reinterpretado incluso como un accesorio de moda callejera . Según cifras de la National Coffee Association de Estados Unidos, la principal asociación de investigación de mercado e información del consumidor para la industria del café del país norteamericano, los millennials -nacidos entre 1982 y 2000- están más interesados en consumir café gourmet que el café convencional. Uno de los principales hallazgos de la encuesta de Tendencias nacionales de consumo de café del 2017 indica que “las generaciones más jóvenes pueden estar bebiendo menos café que los adultos mayores, pero están bebiendo mejor café”.

“Cuando el segmento de la población joven empieza a interesarse por el café, el mundo cambia. En los últimos años,  el tema de la juventud y las bebidas frías sobre todo, de los cold brews, por mencionar métodos de preparación… El tema del barismo, los concursos, ha hecho que se despierte toda esa sensación de vender lo que hay más allá de la industria. Nos preocupamos por mucho tiempo de vender solo materia prima, y cuando entra Juan Valdez y Starbucks y todas estas grandes firmas, el tema del consumo se despierta y eso nos va a hacer entender lo que hay mucho más allá”, reconoce Cordero.
 

En San Pedro están las veredas Guaimaro Alto. Nuevo Mundo. Palmichal, Planadas, Hierbabuena, El Bosque, Camagual y Kennedy—FOTO: ANDREA JIMÉNEZ JIMÉNEZ


 

Por eso tiene permiso para soñar despierto, como Claudia o Luis. Ella espera, antes de diciembre,  levantar las primeras habitaciones de un hotel boutique en la parcela que rodea su finca. Ya construyó los primeros baños y costruyó un balcón amplio en madera para ver con comodidad las nubes a la altura de la montaña. Sueña que sus primeros huéspedes la acompañen mientras, al almuerzo, estrenan la vajilla de colección que compró en Barranquilla, que  tomen con gusto la sopa de maíz que preparó su hermana con frutos de la huerta. O que saboreen el café que cosechó Luis en sus terrenos, porque, como él mismo dice, “venir a la Sierra Nevada y no tomar café es como una parranda sin acordeón”. Solo falta quien lo toque.

 


Sabor a Barranquilla

Sabor Barranquilla es la feria gastronómica más importante de la región Caribe. Cada año, en el mes de agosto, reúne lo mejor de la oferta de la cocina del departamento invitado. En la decimoprimera versión, el Magdalena, y en especial la Sierra Nevada, fueron los invitados de honor a la feria.

Como parte del homenaje a la tierra -tema central del evento- y al hombre que la trabaja, la Fundación Prosierra Nevada de Santa Marta lleva una muestra de cafés y de mieles provenientes de la labor que durante más de 30 años ha realizado para mejorar los procesos productivos agrícolas bajo esquemas asociativos entre familias campesinas e indígenas asentadas en ese territorio, y dentro de prácticas de conservación de su ecosistema.

También estará la Danza El Casabe, de San Zenón, Magdalena, integrada por jovencitas de 14 a 17 años y un grupo de gaiteros y percusionistas. La danza muestra, en sus distintos pasos, el proceso de elaboración de este alimento, fiel exponente de la cocina de campo.

Ocho chefs y cocineros completan la oferta culinaria del Magdalena.


 

 

Por:  Andrea Jiménez Jiménez | Enviada especial
@andrejimenezj

 

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Semana Rural. Un producto de Proyectos Semana S.A. financiado con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través del programa de Alianzas para la Reconciliación operado en Colombia por ACDI/VOCA. Los contenidos son responsabilidad de Proyectos Semana S.A. y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de Estados Unidos.