Así es vivir al lado del relleno sanitario Doña Juana

enero 27 de 2018

La vereda Mochuelo Alto, en zona rural del sur de Bogotá, es vecina de un basurero al que le llegan 6.300 toneladas de desechos a diario. Sus habitantes conviven entre moscas, gases y malos olores..

Así es vivir al lado del relleno sanitario Doña Juana

| Esta es la vista desde una de las casas de la cabecera de Mochuelo Alto. El contraste entre el verde del campo y las montañas de basuras. | Por: José Puentes Ramos - SEMANA RURAL


Por: José Puentes Ramos
josedapuentes

Ana Elcy Rodríguez pela papas para un sancocho en la entrada de su casa. Es sábado en la mañana y una parte de la familia vino a visitarla. Saca una por una de un costal rojo tendido en el suelo, les quita la tierra, las lava en un tazón con agua, retira la corteza y las pone en un caldero que se calienta en un pequeño fogón de leña.

 

- ¿Por qué no prepara el sancocho en su cocina?

- Porque el humo espanta a las moscas.

 

Hay muchas moscas alrededor. Revolotean cerca de las manos de Ana Elcy, mientras ella sujeta un cuchillo y una papa. Se pasean por el costal. Algunas posan en el borde del tazón con agua. Zumban a pocos centímetros de los oídos. Toca espantarlas con unas palmaditas en el aire. Son molestas. No dejan hablar ni cocinar.

 

- Cada día es un reto vivir acá porque tenemos que convivir con las moscas, las babosas,

las lombrices, las ratas… Todos los bichos que produce el botadero de basura.

 

smiley | Una familiar de Ana Elcy Rodríguez muestra las trampa para moscas que colocaron en la cocina durante la semana. / Foto: José Puentes Ramos.

 

La casa de esta campesina de 54 años queda cerca del límite entre el relleno sanitario Doña Juana y la cabecera de la vereda Mochuelo Alto, en la zona rural de la localidad de Ciudad Bolívar, sur de Bogotá. Una reja metálica verde señala hasta donde llega Doña Juana: a escasos metros del sancocho que prepara Ana Elcy.

Salvador Fonseca es otro campesino de Mochuelo Alto y vecino del relleno que se alimenta de los desechos de más de 8 millones de bogotanos y habitantes de 7 municipios aledaños a la ciudad. El portón de su casa-finca está en diagonal a ‘El Broche’, una de las entradas al relleno. “Vivir al lado de este monstruo es como vivir en el infierno. No se puede comer. Si usted se sienta con una papa o un pedazo de carne, lo primero que come son moscas, cuenta el hombre de 63 años, oriundo de esta vereda.

 

- Yo cultivo papa, alverja, cebolla y fresa. El basurero está afectando la agricultura.

- ¿Y cómo la afecta?

- El olor a gas quema las matas.

 

smiley | Salvador Fonseca tiene de frente al 'monstruo', como él llama al relleno de Doña Juana. Esta es la vista desde la puerta de su casa. / Foto: José Puentes Ramos.

 

 ENTRE MOSCAS Y MALOS OLORES 

 

El relleno sanitario Doña Juana ocupa 596 hectáreas del sur de la ciudad, entre las localidades de Ciudad Bolívar, Usme y Tunjuelito. Desde noviembre de 1988 comenzaron a llegar los desechos de los bogotanos a este punto, que nace en la avenida Boyacá y termina en la zona rural de Ciudad Bolívar. De acuerdo con la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (Uaesp), entidad del distrito encargada del manejo de aseo y recolección de basuras, el botadero tiene impacto en al menos 40 barrios que lo bordean.

Esta afectación se traduce en gases, proliferación de moscas, aparición de roedores y malos olores provenientes de los lixiviados, líquidos que generan las basuras durante su descomposición. Esto ha desmejorado la calidad de vida de los pobladores de los sitios aledaños al relleno, en especial la de los campesinos de Mochuelo Alto.

 

- Y antes de convertirse en Doña Juana, ¿qué eran estos terrenos?

- Una hacienda agrícola y ganadera. Se llamaba La Fiscala.

 

smiley | Fachada típica de la vereda: una malla verde llena de moscas y otros insectos. / Foto: José Puentes Ramos.

 

 

Quien responde es Salvador Fonseca. Desde la entrada de su casa tiene una vista panorámica nada envidiable: montañas de basura, camiones vertiendo desechos, maquinaria pesada trabajando. Es el mismo paisaje que todos los días aprecia Moisés Montoya, otro campesino oriundo de la región. Su hogar y negocio —una taberna— quedan más alejados del borde del relleno. En el patio, donde sembró algunas legumbres, es más claro el contraste entre el verde de la vereda y los desechos.


La empresa que maneja el relleno nos entregó unos platos amarillos de plástico con un químico que atrae a las moscas. Esa ha sido la manera de atacar el problema. Uno casi no podía entrar a la casa”.

- Moisés Montoya, campesina de Mochuelo Alto -


Los platos a los que se refiere son unas trampas que reparte el Centro de Gerenciamiento de Residuos (CGR), el operador de Doña Juana. A cada hogar se le entregan dos o tres cada semana, pero no son suficientes para controlar la plaga de insectos. Los campesinos deben ir cada tanto a la oficina de la entidad por más. “Ponemos uno y a los cinco minutos ya están [las moscas] de nuevo”.

 

smiley | La comida en la casa de Moíses Montoya se daña constamente por el olor de las basuras y el contacto con las moscas. Por eso permanece tapada. / Foto: José Puentes Ramos.

 

Evangelina Martínez colgó un costal con las trampas llenas de moscas muertas en la entrada de su vivienda. Tiene 72 años y toda su vida ha residido en Mochuelo Alto. Dice que tiene que lavar constantemente los pisos con cloro para espantar a las moscas con el olor del limpiador. “Ya ni los platos ni el olor a cloro valen. Los bichos se retiran un ratico y luego regresan. No aguantamos más, asegura. Es común ver los plásticos amarillos en las ventanas de las fachadas, colgados en los techos, en las esquinas de las cocinas, en las tiendas y panaderías. Hasta en el centro médico del poblado.

Existe otro tipo de trampa: una malla verde, también de plástico, impregnada con una sustancia que atrae y pega a los insectos. Casi todas las fincas y casas cuentan con una en su entrada o en el patio. Los campesinos la retiran semanalmente, con cientos de moscas muertas adheridas. La remplazan con otra. 

Así viven entre 4.000 y 5.000 campesinos de Mochuelo Alto, según las cuentas de la misma comunidad. Muchos se ganan la vida cultivando alimentos que terminan en las centrales de abastos de Bogotá, esa misma ciudad que a diario deposita 6.300 toneladas de basura a Doña Juana. Al relleno no le cabe un gramo más. En este momento estamos en crisis. Los olores y moscas nos atormentan”, reclama Ana Elcy.

 

smiley | Las trampas contra las moscas que usan los habitantes de Mochuelo Alto. / Foto: José Puentes Ramos.

 

 CONTROLAR A DOÑA JUANA 

 

En el relleno se han presentado dos grandes derrumbes en sus casi 30 años de funcionamiento. El primero, y más recordado, ocurrió en 1997 debido a la acumulación de gases y lixiviados. El segundo fue en 2015, en similares circunstancias. Los campesinos de la zona le manifestaron a SEMANA RURAL su preocupación por un nuevo desprendimiento de basuras. Ante las malas condiciones sanitarias que hoy soporta la vereda, tanto la Uaesp como el CGR le contaron a este medio de comunicación cuáles son las estrategias que tienen para mitigar los efectos negativos del botadero.

“Estamos tapando los residuos con plástico verde, que es temporal, o con arcilla. Esto segundo significa cubrir definitivamente las basuras compactadas”, explica Patricia Pinzón Durán, subdirectora de Disposición Final de la Uaesp. Otra de las medidas, de acuerdo con la funcionaria, es fumigar las montañas de desechos todos los días. Pero las moscas se están volviendo inmunes a los insecticidas, por lo que ahora hacen pruebas con productos biológicos.

 

smiley | Al relleno Doña Juana llegan 6.300 toneladas de basuras diariamente. La laguna que ven es de lixiviados. / Foto: José Puentes Ramos.

 

En cuanto a los lixiviados, Pinzón asegura que los líquidos que emanan de las basuras pasan por un tratamiento antes de ser vertidos al río Tunjuelito. A la cuenca llega agua que cumple entre el 70 y 75 por ciento de la norma sobre el tema. Pero para cumplir el cien por ciento tendríamos que hacer tratamiento terciario (eliminar la carga orgánica u otras sustancias)”.

Por su parte, el CGR aplica cal sobre la masa de residuos de Doña Juana y así frena la reproducción de las moscas. “Lo que hace este material es deshidratar toda la basura y evitar la humedad, la condición ideal para las larvas del insecto”, señala Catalina Celis Quintero, jefe de Operaciones del CGR, concesionario que tiene a cargo el relleno hasta el 2022, año en que termina la licencia. Asimismo, hay otra empresa encargada del manejo de los gases. Este es quemado y transformado en CO2 o colgado a la red de energía de Codensa.

 


 18.000 PESOS 

cuesta recoger una tonelada de desechos. Este dinero sale del bolsillo de los bogotanos.


 


 500 TONELADAS 

aportan cada mes los 7 municipios aledaños a la capital que vierten basuras en Doña Juana.


 


 ENTRE 30 Y 45 DÍAS 

tarda una larva en convertirse en mosca. No se sabe cuántos insectos hay en el relleno sanitario.


 

 

Otra de las medidas de control al relleno es el reciclaje en los hogares bogotanos. Entre más crece la ciudad, más aumentan las basuras. Y es poco el material reutilizable que se aprovecha. “Conocemos organizaciones de recicladores que capacitarían y ayudarían a los ciudadanos. Es que el problema no solo es de esta región”, apunta Ana Elcy Rodríguez mientras sigue preparando su sancocho, a la espera de que las estrategias del CGR y la Uaesp espanten por fin a las moscas y disipen los malos olores.

 

smiley | “No se puede comer. Si usted se sienta con una papa o un pedazo de carne, lo primero que come son moscas”, Salvador Fonseca. / Foto: José Puentes Ramos.

 

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Semana Rural. Un producto de Proyectos Semana S.A. financiado con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través del programa de Alianzas para la Reconciliación operado en Colombia por ACDI/VOCA. Los contenidos son responsabilidad de Proyectos Semana S.A. y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de Estados Unidos.