Seis mujeres cuentan cómo trabajan por la equidad de las campesinas

marzo 08 de 2019

Las mujeres rurales en Colombia están expuestas a graves situaciones de inequidad y acceso a derechos. Sin embargo, un gran número de ellas continúa trabajando por cerrar estas brechas.

Seis mujeres cuentan cómo trabajan por la equidad de las campesinas

| El Dane estima que en 2019 hay 5.442.241 mujeres viviendo en las zonas rurales del país | Por: Minagricultura


Por: SEMANA RURAL
SemanaRural

América Latina es una de las regiones del mundo que más ha avanzado en equidad de género durante los últimos diez años. Colombia, por su parte, viene mejorando en términos de participación económica e igualdad de oportunidades para las mujeres, según reportó el Foro Económico Mundial en 2016. Pero en las zonas rurales la situación aún parece estar muy lejos de ese mundo más equitativo del que se habla en las grandes capitales.

Según proyecciones del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), se estima al menos el 37,4  por ciento de las mujeres que viven en el campo se encuentran en condición de pobreza. Además, los estereotipos de género siguen generando barreras para que las mujeres participen en el desarrollo del campo.

En cuanto a los derechos laborales, las campesinas colombianas todavía no son reconocidas como trabajadoras y muchos de los oficios que desempeñan no son remunerados. En Colombia, casi el 40 por ciento de las mujeres rurales no tiene ingresos propios, de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Para visibilizar la situación de las campesinas colombianas, 70 organizaciones de mujeres de todo el país construyeron un documento sobre las graves inequidades que viven. El Primer Informe Sombra Específico de Mujeres Rurales y Campesinas en Colombia, que recopila estas denuncias, prioriza temas como mercado laboral, violencia, educación, leyes, desarrollo rural y medioambiente.

SEMANA RURAL contactó a mujeres de diferentes regiones que lideran, desde cada uno de estos sectores, iniciativas o estrategias cotidianas para contrarrestar estas inequidades. Ya sea con la decisión de permanecer en sus veredas pese al cerco de las grandes empresas, con movilizaciones públicas, o luchando por el acceso a las tierras, estas mujeres le aportan diariamente al desarrollo de sus comunidades. 


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  E C O N O M Í A  

• Las mujeres que trabajan el campo usualmente reciben menor paga que los hombres. Las campesinas colombianas afirman que mientras ellas ganan 25.000 pesos el jornal, un hombre puede recibir entre 30.000 y 40.000.

• Aparte de tener un trabajo remunerado, las mujeres deben ocuparse de las tareas del hogar y producen cultivos para el autoconsumo, pero estas labores no son reconocidas de ninguna forma.

• El presupuesto del gobierno no distingue entre mujeres rurales y por eso no hay inversión.

 


«Las mujeres no tenemos formalizado el trabajo en el campo y nos rechazan o no nos pagan lo debido porque aparte de trabajar en la tierra debemos atender nuestros hogares. En Cundinamarca, donde trabajo, estamos tratando de mejorar la situación para nosotras y que se nos reconozca a las campesinas como mujeres sujetas de derecho. Sin discriminación. Hasta el momento ya logramos que se nos tenga en cuenta en un capítulo de la mesa de Uniagraria».

 

Luz Amparo Vásquez, miembro de la Agencia De Desarrollo De Cundinamarca (Adecun)


 


  E D U C A C I Ó N  

• El 12,8 por ciento de las mujeres mayores de 15 años que viven en áreas rurales dispersas no saben leer ni escribir. Y quienes han logrado acceder al sistema educativo tienen en promedio 6,9 años de escolaridad (datos del Tercer Censo Nacional Agropecuario – DANE).

• La educación rural sigue reproduciendo estereotipos patriarcales y de género que afectan los contenidos curriculares, la autonomía y los derechos de las niñas y jóvenes.

• Una educación rural sin enfoque de género pone barreras al desarrollo de proyectos productivos y la participación de las mujeres rurales en programas que impulsa el Estado.

 


«Aquí en lo rural es común ver que el hombre es quien se encarga de las labores en los cultivos y que las mujeres solo se encargan de los oficios de la casa. La niñas crecen pensando que ellas no pueden liderar un proyecto en el campo. Hay que enseñarles que sí son capaces».

 

Luisa Marín, maestra de una escuela rural del municipio de Riofrío, Valle del Cauca



  L E Y E S  

• La implementación de la Ley de mujer rural, que existe desde 2002, ha sido lenta y aún no cuenta con un mecanismo para hacerle seguimiento.

• La Dirección de Mujer Rural, planteada en el Plan de Desarrollo 2014-2018, se creó apenas en 2017 y hay poco conocimiento de ella en los territorios.

• No ha habido avances legislativos importantes para lograr la implementación del enfoque de género del Acuerdo de Paz.

 


«Hay varios vacíos institucionales: no hay políticas públicas reales para la atención de mujeres, los municipios contemplan en sus planes de desarrollo estrategias muy elementales y los funcionarios no tienen formación en el tema. Para enfrentar esto hemos participado en rendiciones de cuentas y hacemos intervenciones públicas para decirle a la institucionalidad que no están implementando una política hacia la mujer. Recuerdo especialmente la marcha que hicimos en 2003 para exponer cómo las fumigaciones con glifosato deterioraban la integridad de las mujeres y las condenaban a la pobreza».

 

Amanda Camilo, líder de la Ruta Pacífica de Mujeres en Putumayo


 


  D E S A R R O L L O   R U R A L  

• En Colombia, el 26 por ciento de las decisiones sobre la producción agropecuaria son tomadas por una o más mujeres. Mientras que el 61 por ciento son tomadas por hombres (datos del Tercer Censo Nacional Agropecuario – DANE).

 • La participación de las mujeres en la construcción de los Planes de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) fue a título personal. Ellos no representaron a organizaciones. Esto provocó que muchas de sus ideas no fuesen incluidas.

• El Estado sigue en mora con deudas históricas que tiene con la mujer rural: acceso a tierras, facilidades de financiación para proyectos productivos, vivienda rural, reconocimiento de derechos laborales, entre otros.

 


«Trabajamos en facilitar el acceso a tierras para las campesinas. Esta labor la hacemos tanto para las que están en los territorios como para quienes andan en el proceso de reincorporación. Si no tenemos acceso, control y dominio de las tierras, no podemos aspirar a un proyecto producto. Dígame: ¿dónde lo desarrollamos si no tenemos campo?».

 

Matilde Mora, integrante de la Plataforma de incidencia política de mujeres rurales colombianas



  V I O L E N C I A  

• Durante el 2016 en las zonas rurales del país fueron asesinadas 138 mujeres y 2.161 fueron víctimas de violencia intrafamiliar, según el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses (2017).

• Colombia es el tercer país con mayor número de asesinatos de lideresas en el mundo (Global Witness), y al menos el 91 por ciento de los casos están en la impunidad, según Somos Defensores.

• Entre enero de 2016 y octubre de 2017, 143 lideresas y defensoras recibieron acompañamiento de la Defensoría del Pueblo, pero el 16,78 por ciento de ellas fueron víctimas de violencia sexual.

 


«Las mujeres rurales somos vulnerables porque somos mujeres, somos campesinas que luchan por el territorio, y por ser, en algunos casos, víctimas del conflicto. Yo hago parte un grupo de mujeres que va a comunidades a hablar acerca de la violencia en todas sus formas para que nos empoderemos y no permitamos que se nos siga atacando solo por ser mujeres. Hay que dejar de pensar que ser mujer nos pone en desventaja».

 

Magaly, coordinadora de la red de mujeres víctimas de violencia sexual en Caquetá


  R E C U R S O S   N A T U R A L E S  

• Las mujeres y las niñas son las más afectadas en materia de alimentación. En 2015, 54,2 por ciento de los hogares padecían inseguridad alimentaria y 6 de cada 10 con jefatura femenina la sufrían.

• La privatización de las semillas en Colombia afecta particularmente a las mujeres rurales en su ejercicio cotidiano de gestionar las semillas criollas que son la base de la alimentación de sus familias.

• La autonomía económica de las mujeres y su derecho a la alimentación son amenazados por la privatización de las fuentes hídricas. Las principales causas detrás de esto son los megaproyectos, los monocultivos con agroquímicos, los derrames de petróleo y la construcción de represas.

 


«Tenemos una apuesta diaria por conservar las cuencas, las represas y todo el hermoso paisaje de Montes de María. Creamos una mesa del agua con comunidades de varias veredas y desde ahí vamos a plantear acciones jurídicas que nos permitan disminuir la contaminación. También estamos planeando un cabildo abierto porque llegó el momento de que la comunidad y los actores que representan una amenaza para nuestras fuentes hídricas (los palmeros, el gobierno) nos sentemos a resolver esto. El simple hecho de permanecer aquí y sentirnos dueños de este recursos es una manera de proteger nuestras represas».

 

Líder de Maria La Baja, Bolívar, identidad reservada por razones de seguridad


 

 

Por: Marcela Madrid Vergara
@MarceMV91

María Fernanda Matera
@MafeM_

José Puentes Ramos
@josedapuentes

 

 

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Semana Rural. Un producto de Proyectos Semana S.A. financiado con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través del programa de Alianzas para la Reconciliación operado en Colombia por ACDI/VOCA. Los contenidos son responsabilidad de Proyectos Semana S.A. y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de Estados Unidos.