marzo 08 de 2019

Reconozcamos a la mujer rural como trabajadora

Por: Mery Laura Perdomo

En el Día Internacional de la Mujer Trabajadora vale la pena reflexionar si en Colombia podemos celebrar por los avances en el reconocimiento de nuestros derechos laborales. O si, por el contrario, tenemos que sumarnos con triteza a esta conmemoración al ver que tantos años de lucha reivindicativa han sido en vano.

La inequidad laboral de las mujeres rurales es preocupante. Empieza por el no reconocimiento como trabajadoras, como generadoras de riqueza, como productoras, como titulares de derechos económicos y sociales. En cambio, sí son reconocidas como las responsables naturales de la crianza de los niños y niñas, del cuidado de los adultos mayores, de las tareas del hogar, de la asistencia a sus parejas. Según la Organización Internacional del Trabajo, a toda persona que desarrolla actividades remuneradas o no, que genere bienes o servicios y que satisfaga necesidades de comunidades se le considera trabajador. Y la mujer rural colombiana encaja perfectamente en esta descripción.

Aunque ellas tienen acceso a los mismos derechos de cualquier trabajador en el país, son quienes más sufren de inequidad en el mercado laboral. Por el género y por ser población rural, son discriminadas.

De acuerdo a cifras de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, ocho de cada diez mujeres latinoamericanas del sector rural trabajan en condición de informalidad. Pese a que ha aumentado su inserción en el mercado laboral, esto no influye en la superación de la pobreza ni en la reducción de la brecha salarial. En Colombia, casi el 40 por ciento de las mujeres rurales no tienen ingresos propios. Los campesinos laboran en promedio 54 horas semanales, de las cuales —si acaso— dos son no remuneradas. Mientras tanto, las campesinas trabajan cerca de 64 horas a la semana y apenas la mitad es pagada.

Las organizaciones sociales vemos que el Plan Nacional de Desarrollo 2018 – 2022 no incluye propuestas que resuelvan realmente la inequidad laboral de la mujer rural. Tampoco es claro si existe algún presupuesto para crear políticas públicas. Este documento mantiene el ideario de la mujer como madre que ‘debe cuidar’, flexibiliza aún más sus derechos laborales, plantea un ‘emprendimiento’ mediante el endeudamiento e insiste en crear un piso mínimo de protección social, el cual las precarizaría aún más porque las declara trabajadoras formales con solo una vinculación a salud subsidiada, a microseguros que no garantizan protección ante un accidente laboral y a un fondo de ahorros para la vejez que no repesenta una pensión, desconociendo así otros derechos laborales.

El camino que le resta a Colombia para superar la inequidad laboral de la mujer rural es largo. Pero desde las organizaciones proponemos tres ideas: la primera es fortalecer el campo para garantizarles el acceso a un empleo digno, formal, con ingresos adecuados y derechos laborales. La segunda es darles la oportunidad de acceder a tierras, que sean propietarias y que cuenten con apoyo para proyectos de emprendimiento rural. El objetivo es que ellas logren independencia económica y rompan con estereotipos de labores feminizadas.

La tercera idea que tenemos es el acceso a una protección social real, que promueva y garantice la inserción de las campesinas al sistema de salud pública. Donde ellas sean atendidas debidamente, sin distinción de generó. La protección social debe incluir una pensión por su labor, un seguro en caso de quedar desempleadas y los mismos subsidios que reciben todos los trabajadores el país.

Hoy, en el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, tenemos la obligación de pensar cómo lograr que el trabajo de nuestras campesinas sea decente y reconocido.
 


Mery Laura Perdomo es abogada laboralista y constitucionalista. Hace parte del equipo jurídico de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y de la Plataforma laboral para la paz.


 

Las opiniones de los columnistas en este espacio son responsabilidad estricta de sus autores y no representan necesariamente la posición editorial de SEMANA RURAL.

 

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