Once años de lucha por su territorio ancestral

enero 20 de 2021

Desde el Consejo Comunitario de Puerto Girón, en el Urabá Antioqueño, María Isabel Moya trabaja para que el Estado reconozca a su comunidad como dueña de su territorio.

Once años de lucha por su territorio ancestral

| “Yo no era muy amante a estos procesos. Solo después  de que llegué, cambié de opinión: me enamoré”, dice María Isabel. | Por:


Por: Gladys Seña


María Isabel Moya Martínez es la representante legal del Consejo Comunitario de Puerto Girón, en Apartadó-Antioquia, desde 2009 ella lidera el proceso para reclamar la titulación colectiva de su territorio ancestral, casi 20 años después, aún no hay respuesta al reclamo de la comunidad. 

 

Pues no sé nada, pero si la comunidad lo ve conveniente, yo trabajo. Siempre y cuando me enseñe y me ayude yo le hago”, dijo María Isabel Moya cuando le propusieron ser representante legal del Consejo Comunitario. Hoy, 11 años después, esta mujer lidera desde Puerto Girón, en Apartadó (Antioquia), el único consejo comunitario del municipio y el proceso de reclamación de la titulación colectiva. 

 

Asumir el liderazgo de una comunidad que en 2009 se levantaba de los estragos del conflicto en esta zona del país fue un reto mayor. El miedo impuesto por la violencia y los desplazamientos seguía vivo, pero al mismo tiempo, la llegada de la energía eléctrica y otros avances en la calidad de vida de la población le dieron esperanza a María Isabel, quien poco a poco se enamoró del ejercicio del liderazgo, una llama que se encendió lentamente en su interior. “Yo no era muy amante a estos procesos. Solo después  de que llegué, cambié de opinión: me enamoré”, dice María Isabel, segura de que está trabajando con amor por el territorio en el que se ha construido como afro y mujer líder. 

 

Desde 1945, esta zona a orillas del río León empezó a poblarse. Al principio se le llamó Bodegas, luego Caco y finalmente Puerto Girón. Los primeros colonos llegaron desde Chocó que en estas tierras, húmedas como las que conocían, continuaron sus prácticas, su relación con la tierra y la conexión con el río. 
 

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En medio del conflicto que se estaba dando en la región, varias familias se organizaron para vivir de la agricultura, la pesca y la caza. Entre ellas se contaba la de María Isabel, quien llegó a vivir en casas de palafitos rodeada de todo el verde de la naturaleza. En ese escenario continuó sus prácticas culturales afro.

 

En el 2001 la comunidad del Consejo Comunitario de Puerto Girón se organizó y envió una primera solicitud de titulación colectiva. Ese acercamiento se dio para reclamar el territorio que han habitado durante más de medio siglo a orillas del río León; sin embargo, la presencia de grupos armados, amenazas, asesinatos y desplazamientos en el territorio le hicieron dispersar, sumando a ello el abandono estatal y el no reconocimiento de su existencia.

 

La solicitud fue rechazada en 2006 por falta de información importante. Lo mismo ocurrió en 2009, 2010 y 2011. María Isabel recuerda que los papeles se extraviaban durante los trámites. “Aunque el 2006 paramos, en el 2009 lo retomamos, y en el 2010 viajamos a Bogotá porque en el 2012 nuevamente se había perdido la documentación”, asegura María Isabel.

 

A pesar de estar organizados con junta directiva y representante legal, solo en 2013 el Ministerio del Interior reconoció el Consejo Comunitario de Puerto Girón. Ese aval les permitiría avanzar y les daba impulso para seguir luchando pues, como dice María Isabel: “es muy importante luchar por el territorio porque tiene la historia de los vivientes en él. Ahí tenemos la vida”.
 

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© Alejandro Rivera


Con esas convicciones, en 2016 se hizo la demanda oficial por 11.269 hectáreas. Empezaron a aparecer los documentos perdidos, lo que generó la renovación de esperanzas para esta comunidad negra que, en medio de la lucha que adelantan por ese territorio sagrado en el que han convivido y han realizado sus prácticas culturales, esperan por un fallo.

 

María Isabel sabe que estos años de trabajo por el reconocimiento de sus derechos, de su raza y su cultura no han sido fáciles, pues “ser líder en una región como Urabá, marginada y estigmatizada, es tener los pantalones bien amarrados. La lucha no es fácil, menos siendo mujer. Antes no teníamos derechos, voz ni voto, pero ahora tenemos la oportunidad de salir a flote y defender nuestra posición, y demostrar de qué estamos hechas”, dice María Isabel con la determinación que la ha impulsado a luchar sin pausa por reclamar el territorio que les pertenece. 

 

Para la comunidad de Puerto Girón, luchar por la tierra es importantante porque “es el territorio donde hemos vivido, el escenario de nuestras prácticas ancestrales y donde hemos hecho todo como personas, como negros y como consejos comunitarios. Nuestra ancestralidad está basada en el territorio y lo que hemos practicado en él”, dice María Isabel, con la voz de quien nació para ser líder. 


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