“Ya no me quedo sin agua para regar mis cultivos”

agosto 16 de 2019

En las zonas más montañosas y altas de Jerusalén, donde el calor ya no es una constante y crecen casi todos los cultivos, el agua escaseaba. Por medio de reservorios, filtros de arena y tanques para recoger la lluvia, este panorama empezó a cambiar.

“Ya no me quedo sin agua para regar mis cultivos”

| Con apoyo de este proyecto María del Rosario tiene dos productos acreditados como negocios verdes: café y cacao. | Por: Jhon Barros


Por: Jhon Barros
@barrosjhon

Hace 10 años, María del Rosario Suárez de Sotelo, una santandereana con acento marcado y sonrisa cálida, decidió que no quería pasar su vejez viendo a la gente desde una ventana en la fría ciudad de Bogotá, donde ya había construido una vida junto a su esposo y sus cuatro hijos.

Una cuñada había comprado unos predios en la vereda La Victoria de Jerusalén, ubicada a media hora del casco urbano, en una zona montañosa y con un clima más bien templado. “Me dijo que era un sitio ideal para vivir en paz, cultivar y poner a producir la tierra. Luego de convencer a Poncho, mi esposo, le compramos unos predios y empezamos a construir la casa para nuestra vejez, de un solo nivel, con varias habitaciones y grandes ventanales por donde ingresa mucha luz”, dice esta mujer de 60 años.

 


 

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En la vereda La Victoria 57 familias y 250 habitantes cuentan con un proyecto integral de uso y ahorro del agua. © Jhon Barros.

Cuando estuvo lista la vivienda de sus sueños, María del Rosario se radicó del todo en la vereda. Allí vivió sola durante tres años, mientras Poncho finiquitaba todo en Bogotá. “Es imposible vivir del clima, así que empecé a mirar que podía hacer en la finca, a la que llamé Santa Marta. Lo primero que puse fue un galpón de pollos, luego un sitio para los cerdos y por último cultivos. Como es una montaña, la temperatura es ideal para sembrar. Acá se dan más de 200 productos”.

Con el paso de los años, y después de mucho experimentar, su finca, con más de 10 hectáreas, empezó a reverdecer con cultivos de guanábana, maracuyá, chirimoya, mango, naranja, maíz, arveja y frijol. Sin embargo, algo la alteraba.

 


 

“El agua era muy escasa. Aunque hay un nacimiento cerca al predio, había épocas en las que no bajaba ni una gota. Y cuando llovía, como el terreno es tan inclinado, el agua bajaba con toda y arrastraba la tierra”.

 


 

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 La CAR construyó un estanque de más de 3.000 metros cuadrados. © Jhon Barros


 

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Esa preocupación terminó hace dos años, cuando la CAR inició varias actividades en la zona montañosa. “En la vereda La Victoria, donde habitan 57 familias y 250 habitantes, contamos con un proyecto integral de uso y ahorro del agua. Mejoramos la zona de captación del acueducto en la parte más alta, instalamos un sistema de filtros que ha mejorado la calidad del agua e instalamos varios tanques para recolectar la lluvia”, aseguró Edwin García, director del Centro de Investigación Ambiental de la CAR.

La bocatoma de donde sale el agua para la vereda queda en la parte más alta de la montaña. “Allí pusimos un dispositivo para hacer una captación regulada. El agua pasa a un tanque y luego a cuatro filtros, donde por medio de arena es retirado el material sólido. También hacen una cloración para que el agua llegue a las viviendas limpia y pueda utilizarse para uso doméstico, riego, cultivos, animales y consumo humano”

A groso modo, este sistema, que tuvo una inversión superior a los 40 millones de pesos, consiste en un filtro de arena fina que elimina sedimentos, basuras y virus. “Es una tecnología ancestral muy básica, en donde el agua pasa por un filtro lento eliminando impurezas y sale en buenas condiciones después de una desinfección por cloración. El agua es almacenada en un tanque y le llega a las 57 familias”.

 

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Los habitantes de Jerusalén recibieron un un tanque de agua grande, las canales, soportes, mangueras y baldes, y nos ayudaron a instalarlo.
© Jhon Barros


Lluvia para la vida


María del Rosario es uno de los 588 habitantes de Jerusalén que ya no sufre de escasez de agua gracias a “lluvia para la vida”, una iniciativa que busca que los campesinos almacenen el agua lluvia y la utilicen en las épocas más secas.

“Nos dieron un kit con un tanque de agua grande, las canales, soportes, mangueras y baldes, y nos ayudaron a instalarlo. El mío siempre está lleno. Con este proyecto y los filtros de arena ya no me quedo sin agua para regar mis cultivos. La CAR y la Alcaldía también construyeron reservorios de agua en varias veredas, unos sistemas para captar y almacenar las aguas de uso agropecuario”, dice esta santandereana.

El director del Centro de Investigación Ambiental informó que en la escuela de la vereda fue construído un filtro de arena exclusivo para ellos, lo que les permite a los niños y maestros contar con agua de buena calidad. “Varios habitantes de la zona, como María del Rosario, desarrollan negocios verdes, otro proyecto de la entidad que los ayuda a comercializar sus productos al realizar prácticas mucho más sostenibles”.

María del Rosario tiene dos productos acreditados como negocios verdes: café y cacao, los cuales lleva a las diferentes ferias y mercados campesinos que la CAR realiza en Cundinamarca.


 

“Hay que fortalecer la comercialización de nuestros cultivos. Muchas veces nos toca venderlos casi que regalados. Los negocios verdes son el primer paso para hacerlo”.


 

Esta santandereana, que siempre está acompañada por Iris y Bruno, dos perros criollos pequeños, tiene un mensaje para las personas de la tercera edad. “Todos los abuelos deberían irse a vivir a pueblos como este, para disfrutar del clima y ponerse a trabajar en algo tan bonito como es el campo. Acá se vive bien, comiendo las cosas que uno mismo siembra, productos libres de tanto químico”.
 

María del Rosario ahora ahora cuenta con un galpón, varios cerdos y diferentes cultivos. © Jhon Barros


Preparados para la sequía


En un predio de la Alcaldía, ubicado cerca a la urbanización Dos Quebradas, un proyecto de vivienda de interés social, la CAR construyó un estanque de más de 3.000 metros cuadrados que a simple vista parece un simple humedal o un reservorio para las aves.

Pero no. La estructura hídrica, con 1,5 metros de profundidad, es la encargada de almacenar agua para afrontar las fuertes sequías en Jerusalén, proyecto llamado Banco Municipal de Agua, que en Jerusalén fue construido en abril de este año.

“Como su nombre lo indica, este banco tiene la función de almacenar el agua de las épocas de invierno para que pueda aprovecharse en verano en usos agrícolas o el suministro diario. Tiene capacidad para contener 6.000 metros cúbicos de agua, tanto lluvias como la que viene de la planta de tratamiento de agua potable cerca al colegio”, apuntó García.

 


 


 

 

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