Cuatro iniciativas rurales fueron premiadas por su aporte a la construcción de paz

septiembre 11 de 2019

Una fábrica de estibas de tres excombatientes en Valle del Cauca, una empresa que moviliza capital para beneficiar campesinos en Antioquia, cultivadores de coca que ahora viven de la palma en Norte de Santander y una asociación de cafeteros que construyó una central agroindustrial en Risaralda fueron los ganadores del Premio Emprender Paz..

Cuatro iniciativas rurales fueron premiadas por su aporte a la construcción de paz

| José Martínez de Palmiagro, Miguel García de una asociación de cafeteros de Risaralda, Sebastián Gil de Agricapital y Héctor Hernández de Mundo Maderas, fueron los ganadores. | Por: Premio Emprender Paz


Por: SEMANA RURAL
SemanaRural

Desde 2007, la Fundación Grupo Social, en alianza con la Fundación Konrad Adenauer y la Embajada de Suecia, reconoce aquellas iniciativas, empresas o asociaciones colombianas dedicadas a la reconstrucción del tejido social y la paz, a mejorar la calidad de vida de los habitantes de las zonas rurales y a generar nuevas ofertas económicas para las poblaciones afectadas por la violencia. Lo hace a través del Premio Emprender Paz.

Más de 700 organizaciones de diferentes partes del país han postulado sus iniciativas al premio en los últimos 12 años, un galardón que destaca las experiencias empresariales que más le aportan a la construcción de la paz y ayudan a solucionar las carencias de los territorios excluidos históricamente por el conflicto armado.

La Fundación Grupo Social anunció esta semana en Bogotá los cuatro ganadores de este premio de emprendimiento y paz en 2019, año en el que participaron 124 emprendimientos de 24 departamentos, su mayoría de los sectores agrícola, manufactura e industria, que en conjunto benefician a más de 42.000 personas en zonas de Antioquia, Arauca, Risaralda, Nariño, Casanare, Huila, Córdoba, entre otros.

 

700 organizaciones de diferentes partes del país han postulado sus iniciativas al Premio Emprender Paz en los últimos 12 años.

 

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Hubert Gehring (Fundación Konrad), José Martínez (Palmiagro), Miguel García (asociación de cafeteros), Beatriz Moreno (directora del premio), Sebastián Gil (AgriCapital), Héctor Hernández (Mundo Maderas) y Goran Paulsson (embajador de Suecia en Colombia), en la ceremonia de premiación. ©Premio Emprender Paz

Los ganadores fueron Mundo Maderas, una fábrica de estibas en el municipio de Yumbo (Valle del Cauca) liderada por tres excombatientes; la Asociación Cuchilla de San Juan en Belén de Umbría (Risaralda), conformada por 123 cafeteros que benefician a la comunidad con una central agroindustrial; AgriCapital, que ofrece financiamiento a los pequeños productores por medio de alianzas; y Palmiagro, una asociación de antiguos cultivadores de coca que ahora comercializan aceite de palma.

“Este reconocimiento concibe la paz como un propósito en permanente construcción, que involucra a toda la sociedad y cuyo objetivo es la transformación social y la consolidación de una sociedad más justa, incluyente y solidaria. Estas cuatro iniciativas lograron articular a productores, comercializadores y beneficiarios en regiones que le demuestran al país que sí es posible desarrollar actividades económicas sostenibles y crear beneficios para las poblaciones tradicionalmente excluidas”, dijo Beatriz Moreno Fuchs, directora del Premio Emprender Paz.

 

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En la ciudad de Bogotá fue realizada la ceremonia de entrega de la versión número 12 del Premio Emprender Paz. ©Premio Emprender Paz

Según la Fundación Grupo Social, los cuatro galardonados obtendrán un acompañamiento técnico y la posibilidad de conocer e intercambiar aprendizajes con otras experiencias que les permitan potenciar su desarrollo. “La evaluación de cada proyecto incluyó visitas de campo, conversación con beneficiarios y entrevistas al equipo de las empresas, con el objetivo de valorar la sostenibilidad, impacto, replicabilidad, involucramiento y creación de valor agregado en cada una de las iniciativas”.

Con los nuevos ganadores, ya son 48 las empresas colombianas que han sido reconocidas desde 2007. "Este reconocimiento busca visibilizar, fortalecer y potenciar las buenas prácticas empresariales que aportan al desarrollo en las regiones, incluyendo dentro de su cadena de valor a personas afectadas por la violencia”, dijo la directora del Premio Emprender Paz.

 

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Tres excombatientes fueron premiados por consolidar una empresa de estibas en Valle del Cauca, la cual le da empleo a jóvenes y personas recién salidas de la cárcel. ©Jhon Barros

Excombatientes empresarios

Mundo Maderas es una empresa de diseño, fabricación y reparación de estibas, guacales, tablas y vestidores liderada por tres excombatientes de las Farc y las Autodefensas Unidas Colombianas (AUC), que hicieron parte del proceso de reintegración. Está ubicada en Yumbo, municipio industrial del Valle del Cauca, donde también hacen secado y maquinado de madera y soluciones para embalaje y almacenamiento de productos.

Esta iniciativa inició 2009 con 18 antiguos guerrilleros que hacían parte del proceso de reintegración a la vida civil por medio de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN), quienes recibieron el apoyo de la Fundación Carvajal para empezar a consolidar un proyecto con madera de pino legal y certificada.

Jhon Jairo Burbano Chapal (ex Farc), Héctor Fabio Perea Viáfara (ex AUC) y Héctor Fabio Hernández Velasco (ex-AUC) son los actuales gerentes de la Mundo Maderas, que al sol de hoy cuenta con un personal de 60 personas, en su mayoría afectadas por el conflicto, recién salidas de la cárcel o jóvenes que realizan su primer trabajo. Al mes sacan 22.000 estibas, las cuales comercializan con importantes empresas como Bavaria.

Mundo Maderas cuenta con 60 trabajadores, en su mayoría afectados por el conflicto, recién salidos de la cárcel o jóvenes que realizan su primer trabajo.

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Mundo Maderas le ofrece a jóvenes de escasos recursos la oportunidad de tener su primer trabajo. También beneficia a personas recién salidas de la cárcel. ©Mundo Maderas

“Como parte de su estrategia de responsabilidad social y gracias a su relación con la agencia, desde 2017 Mundo Maderas vincula como empleados a otros excombatientes. A la fecha cuenta con siete personas del proceso de reintegración y justicia. Estos excombatientes no solo ha contado con asesoría técnica y acompañamiento de la ARN, sino de aliados y socios como la Fundación Carvajal, Fundación Semana, Bavaria, Eternit y Coca Cola Femsa”, informó la Agencia para la Reincorporación y la Normalización. 

Estos tres hombres, quienes pasaron largos años metidos en las selvas de departamentos como Cauca, Meta, Caquetá, Putumayo y Valle del Cauca, quieren abrir una nueva planta en Ibagué, al igual que seguir brindando una segunda oportunidad a otros excombatientes, pos-penados y jóvenes a los que se les dificulta conseguir su primer empleo. 

“También apoyarán el proceso de formación en ebanistería que se proyectaba iniciar en el Espacio Territorio Territorial de Capacitación (ETCR) en Monterredondo, para personas en reincorporación a través de una donación de madera”, anotó la agencia. 
 

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Por darle nuevas oportunidades de vida a excombatientes, jóvenes y personas recién salidas de la cárcel, Mundo Maderas fue una de las cuatro iniciativas premiadas en 2019. ©Premio Emprender Paz

Ejemplos de persistencia

SEMANA RURAL conversó con los tres líderes de Mundo Maderas, quienes por las vueltas de la vida hicieron parte de esa guerra de cinco décadas, un episodio que hoy en día los motiva a hacer acciones positivas por la sociedad y las personas que no tienen muchas oportunidades.

Héctor Fabio Perea Viáfara, un moreno alto de 38 años nacido en Corinto (Cauca), hizo parte del bloque Calima (Valle) de las Autodefensas durante cinco años. “Entré en 2001, porque quería vengarme de unos guerrilleros que habían matado a unos familiares. Crecí con esa idea de venganza, y por eso tuve una etapa en mi vida llena de errores y guerra. Hacia 2006 la cosa se puso dura con el Estado, así que decidí desmovilizarme. Estuve en Bogotá, Ibagué y finalmente en Cali, donde vivo con mi esposa y mis dos hijos”.
 

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Héctor Fabio Perea hizo parte del bloque Calima de las Autodefensas durante cinco años. Hoy en un empresario dedicado a brindar nuevas oportunidades de vida. ©Yaneth Rangel

«Tenemos más de 60 personas contratadas, entre antiguos miembros de la guerra, jóvenes cabezas de hogares y gente recién salida de la cárcel. Lo que nos caracteriza en Mundo Maderas es que somos una empresa de oportunidades»

Héctor Fabio Perea, excombatiente y ahora empresario del Valle del Cauca

En 2009, una psicóloga le presentó una oportunidad que le cambió la vida. “Me dijo que nos iban a ayudar a varios excombatientes para montar una empresa de estibas, con el apoyo de la ARN y la Fundación Carvajal. Decidí participar porque desde que me desmovilicé dije que iba a hacer las cosas bien. Era una nueva opción de trabajo que no podía desaprovechar. Empezamos 18, pero muchos desertaron porque querían ver la plata ya. Lo primero que hice fue aprender a hacer estibas y manejar las máquinas”.

Más allá de tener una empresa consolidada junto a sus dos compañeros excombatientes, lo que más le da alegría a Héctor es generar nuevas oportunidades de empleo y cambios de vida en la comunidad.

“Tenemos más de 60 personas contratadas en la empresa, de las cuales siete estuvieron en la guerra. Los demás son jóvenes cabezas de hogares que no tienen experiencia laboral y gente recién salida de la cárcel. Lo que nos caracteriza a Mundo Maderas es que somos una empresa de oportunidades”.

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Héctor Fabio Hernández (en el centro) ingresó a las AUC con apenas 19 años. Hoy es uno de los líderes de una fábrica de estibas en Yumbo. ©Jhon Barros

Héctor Fabio Hernández nació en Cali hace 36 años. En 2001, cansado de no encontrar trabajo y de las carencias económicas de la familia, decidió enlistarse en el bloque Centauros de las AUC, en Meta y Guaviare.

“Tenía 19 años. A uno de joven le pintan muchas cosas y pajaritos en el aire: la plata fácil. Pero eso era muy duro. Duré cuatro años allá, hasta que nos desmovilizamos en bloque. Regresé a Cali”.

En la capital de la salsa, Héctor hizo un curso en ebanistería y estudió los años que le faltaban para terminar el bachillerato.

“En 2009, con la plata que nos dieron a los desmovilizados por el Plan Semilla, quería montar una microempresa de ebanistería, pero justo en ese momento llegó la Fundación Carvajal y ARN para empezar con el proyecto de las estibas. Los 18 excombatientes empezamos con capacitaciones, manejos de máquinas y cosas empresariales. Luego conseguimos el lote en Yumbo y hoy ya estamos consolidados brindando nuevas oportunidades de empleo”.
 

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Jhon Jairo Burbano ingresó a las Farc siendo menor de edad. Fue guerrillero durante siete años y hoy es un empresario que ayuda a la sociedad a recuperarse de esos golpes de la vida. ©Jhon Barros

Lorem initius...

«Me metí a la guerrilla hacia 1989, con apenas 17 años. Hice parte de los frentes 13 y 49 y por allá estuve como siete años»
Jhon Jairo Burbano, hoy empresario de una fábrica de estibas en Valle del Cauca

Jhon Jairo Burbano, el líder más hablador del grupo y quien nació hace 47 años en Puerto Rico (Caquetá), ingresó a las filas de las Farc siendo aún menor de edad, en territorios de la zona conocida como la Bota Caucana, unión del Putumayo, Caquetá y Cauca. “Me metí a la guerrilla hacia 1989, con apenas 17 años. Hice parte de los frentes 13 y 49 y por allá estuve como siete años, hasta 1995”.

Cuando salió de la guerra trabajó en lo que saliera en varios municipios del Cauca y el Valle del Cauca. En el nuevo milenio decidió radicarse en Cali, donde inició su proceso de reincorporación y vive con su esposa y cinco hijos. Recuerda vívidamente cómo empezó a gestarse el proyecto de las estibas, que le ha permitido estudiar, tener casa propia y carro.

“En 2009, la ARN trabajaba en implementar con los desmovilizados negocios productivos. Gracias a un convenio con la Fundación Carvajal, 300 excombatientes ingresamos a la empresa. Pero necesitábamos encontrar empleo, hacer algo productivo. Entonces aparece la Fundación Bavaria, quien propuso la idea de oro: inventar un proyecto para que nosotros hiciéramos las estibas que ellos compraban”.
 

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Los tres excombatientes reciben el Premio Emprender Paz por reconstruir el tejido social en Yumbo (Valle del Cauca). ©Yaneth Rangel

«No pedimos experiencia ni referencias laborales. A muchos jóvenes les hemos dado la oportunidad de su primer empleo. Algunos han surgido en la empresa: uno entró como auxiliar y hoy ya es el contador»

Jhon Jairo Burbano, excombatiente de las Farc

Les preguntaron si tenían conocimiento en maderas o les gustaba trabajarlas. 18 dijeron dijeron que sí, incluido Jhon Jairo. “Muchos habíamos trabajado con madera, pero de otra forma. Yo con la motosierra tumbado el bosque y otros en carpintería. Nos dicen que íbamos a formar una cooperativa para fabricarle las estibas a Bavaria, pero ninguno sabía qué era eso. Nos empezaron a capacitar en muchas empresas del Valle del Cauca. Luego buscamos varios lotes, hasta que dimos con uno en Yumbo”.

En 2010 llegó la maquinaria al lote, comprada con los recursos de los proyectos productivos que les dio el gobierno a los desmovilizados y aportes de Bavaria, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y Usaid.

“Los 18 participantes empezamos haciendo estibas a Bavaria y mantenimiento a Coca Cola. Entre los cambios más duros de la empresa fue la desintegración del grupo base, de 18 a tres actualmente, y la quiebra que pasamos en 2013, cuando casi cerramos. Con ayuda de nuestros colaboradores nos recuperamos. Muchas personas tuvieron que irse de la empresa por indisciplina”.

En la nueva etapa de la empresa, el propósito era contratar gente que necesitara el trabajo y quisiera aprender y superarse. “No pedimos experiencia ni referencias laborales. A muchos jóvenes les hemos dado la oportunidad de su primer empleo. Muchos han surgido en la empresa: uno entró como auxiliar y hoy ya es el contador, ya que puedo hacer su carrera universitaria”.
 

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Los tres excombatientes no ocultaron su alegría al ser reconocidos por su trabajo por la sociedad y la juventud. ©Yaneth Rangel

Créditos campesinos

AgriCapital es una empresa ubicada en Medellín (Antioquia) creada en por tres jóvenes emprendedores en 2016 con el fin movilizar capital financiero hacia el sector agropecuario para beneficiar a los pequeños productores del departamento que han estado aislados del acompañamiento del Estado y las entidades privadas. 

La empresa le ofrece soluciones económicas a la medida a pequeños agricultores de fique, banano, plátano, piscicultura, lechería, café, hortalizas, aguacate y cacao, con tasas competitivas, diseños según el cultivo y el flujo de caja del productor. A la fecha, ya ha formalizado e impactado a más de 500 pequeños agricultores con apalancamiento financiero, acompañamiento y asistencia técnica.

Por medio del desarrollo de un modelo de alianzas, llamado ecosistemas, en el que participan empresas comercializadoras, AgriCapital asegura la compra de los productos a los pequeños agricultores y el pago de la obligación financiera. Por medio de un modelo de inclusión financiera que impulsa el crecimiento del sector agropecuario, la empresa ha conseguido más de 4.000 millones de pesos. 

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Jóvenes y campesinos de Antioquia pueden acceder más fácil a créditos para mejorar la producción de sus fincas. ©AgriCapital

“Somos una compañía de financiación inteligente donde le apostamos al desarrollo de un nuevo agro, otorgando soluciones a la medida para romper con la forma tradicional de financiar el sector agropecuario. Más que financiar y llevar a cabo un desarrollo complementario e integral, brindamos una forma sencilla de otorgar unos recursos, dijo Sebastián Gil, gerente comercial de AgriCapital.

El directivo complemetó que los jóvenes y pequeños productores sin experiencia crediticia han podido acceder a capital y así mejorar su producción. “Trabajamos por los productores y la gente que tiene el empuje, mentalidad y ganas de salir adelante. Vamos más allá del historial crediticio, es una buena experiencia para mejorar la calidad de vida en el campo”.

Daniel Restrepo, productor de fique, asegura que con este proyecto los campesinos tienen asegurada la producción y la financiación para los cultivos. “Pero  lo más importante es la ayuda para el tema comercial, ya que con una empresa ancla nos garantizan que al final de la etapa productiva vamos a comercializar los productos y no nos vamos a quedar estancados”.

Iván Darío Rendón, productor de café y banano en el municipio de Jardín, afirma que por medio de un crédito con AgriCapital pudo construir una infraestructura para mejorar la producción de su finca, ubicada en un terreno montañoso. Saqué 10 millones de pesos e hice una garrucha, lo que facilita cargar todo lo que produce la finca. La forma de pago es fácil, con el banano pago el capital y el crédito. Vienen seguido técnicos a hacerme acompañamiento”.
 

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AgriCapital le ayuda a los campesinos de Antioquia a buscar y acceder a créditos y financiación para sus proyectos. ©Premio Emprender Paz

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Café a granel

En 2009, más de 123 pequeños productores de Belén de Umbría en Risaralda, municipio afectado por los hostigamientos y vacunas de la guerrilla, decidieron unirse para consolidar una asociación que les permitiera incrementar sus ganancias y evitar pérdidas por la cantidad de intermediarios que hay en la comercialización.

Así nació la Asociación de productores de café Cuchilla del San Juan, la cual logró establecer una central de beneficio comunitaria donde los productores son los accionistas. Allí se compra diariamente el café en cereza y se realiza el proceso de beneficio que antes tenía que hacer el productor. La central ha permitido disminuir el tiempo dedicado a las labores de procesamiento.

 

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Más de 123 caficultores conformaron una central de beneficio comunitaria donde los productores son los accionistas. ©Asociación de productores de café Cuchilla del San Juan

Para crear la central, los productores tuvieron que adquirir un crédito y comprometer su producción por varios años, por lo cual todos son fieles a la empresa. Este modelo de agroindustria se puede replicar en otros sitios del país, produciendo un café diferente, de buena calidad y protegiendo al medioambiente.

Según la asociación, el modelo de la central de beneficio permite estandarizar la calidad del café, dar un mejor manejo a las aguas mieles, pagar al productor el café semanalmente y mejorar sus condiciones de vida. La asociación vende el café a la Federación Nacional de Cafeteros y a otros clientes como RGC Coffee de Canadá.

“Antes nos tocaba pedir plata prestada para pagar la nómina. Ahora yo llevo mis arrobas a la central y a las 11 de la mañana del sábado ya tengo la plata para pagarle a los trabajadores. Es un beneficio grande para todos los campesinos, dijo Miguel Fernando García, uno de los asociados.
 

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Ayudar a los campesinos y volver a recuperar la fuerza del café en el mercado, son unos de los propósitos de esta asoación reconocida por su aporte a la paz. ©Premio Emprender Paz

De la coca a la palma

La zona del Catatumbo en Norte de Santander ha sido uno de los principales epicentros de la violencia y el narcotráfico en Colombia. Su cercanía con Venezuela, sus zonas montañosas y boscosas y la lejanía de la civilización, la han convertido en un fortín ahora liderado por las guerrillas del ELN.

Durante décadas, la población del Catatumbo ha vivido del cultivo de coca. Pero muchos ya están cansados de esa ilegalidad. Ese es el caso de más de 300 campesinos de Tibú, quienes desde 2013 decidieron asociarse para dejar de raspar coca y cultivar ahora palma de aceite, un cultivo que en la región pulula como arroz.

Los campesinos conformaron Palmiagro del Norte, que reúne un total de cinco asociaciones de productores de palma que comercializa el fruto para la extracción de aceite, presta servicios de asistencia técnica y social a los productores, y vende insumos agrícolas y material vegetal certificado, reemplazando así los cultivos ilícitos por legales como la palma de aceite.

 

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Catatumbo es una de las zonas con mayor cantidad de palma de aceite, la nueva alternativa para los campesinos de la zona. ©Palmiagro del Norte

En 2018, Palmiagro logró establecer la primera planta de palmiste en la región, Oleonorte, la cual mejora los ingresos de la comunidad y jalona el desarrollo agroindustrial de la región.

Este esquema asociativo es liderado por los pequeños productores de una región, que ha mostrado ser sostenible y factible para que las comunidades se conviertan en actores económicos importantes en los territorios. 

“Este proyecto es el esfuerzo de las familias productoras, que hemos sido víctimas de un conflicto armado absurdo que vivimos en el Catatumbo. Hay que apoyar la transformación de la región por medio del empleo, apuestas empresariales y nuevas opciones”, informó Palmiagro.

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Campesinos del Catatumbo dejan los cultivos de coca para dedicarse a la extracción del aceite de palma. ©Premio Emprender Paz

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