mayo 23 de 2018

Proceso de paz: ¿negociación o sometimiento?

Por: Rafael Ballén

La implementación (concepto bastante flojo e inapropiado) del proceso de paz se ha estrellado contra dos rocas de granito y acero: el robo del dinero de la paz y el encarcelamiento de Santrich con fines de extradición.

El manejo de la plata es escalofriante. Cualquier cifra que uno coja desconcierta y produce rabia e impotencia. Solo dos ejemplos y una nueva sigla que estremecen. La pareja sentimental de la directora del Fondo Colombia en Paz se benefició con contratos por 1.340 millones de pesos para hacer monitoreo al posconflicto, como si el Estado no pudiera cumplir esa función.

El montaje de una página web costó 686 millones de pesos. Sin embargo, no existe ni un solo proyecto productivo, según le dijo a La W la señora Gloria Ospina. El hampa que se apoderó del Estado y sus socios, los contratistas, están estrenando una nueva sigla: AIU (administración, imprevistos y utilidades). Corresponde al 30 por ciento del valor del contrato y en ese rubro están incluidos los sobornos.

El fiscal general afirma que las adjudicaciones multimillonarias han sido asignadas a “determinados empresarios y contratistas”. Seguramente, quienes se lucraron con la guerra son los mismos que ahora se lucran con la paz.

“Se están tirando la paz”, dice De la Calle. Claro que se la tiraron desde el comienzo con un proceso de perfidia. El propio Santrich denuncia el engaño: “He advertido a mis compañeros que hace rato hemos sido burlados”, lo dijo en El Espectador.

Todas las élites dominantes querían someter a las Farc. Las herederas de Laureano Gómez, lideradas por Uribe, a punta de fusil. Las demás, encabezadas por Santos, unas veces a plomo físico y otras mediante el muñequeo retórico. El pulso lo ganó Santos. Así lo reconoció en su alocución del 16 de mayo de 2016: “Las Farc se han sometido a nuestra Constitución y a nuestras leyes”.

Las élites sabían que era un sometimiento. La guerrilla y buena parte del país entendieron que era una negociación. ¿Qué se negoció? Lo que ya estaba en la Constitución: reforma agraria, protección de las víctimas, salud pública, participación política, etcétera. Aunque el Gobierno y las Farc “negociaron”, después de la firma del Acuerdo comenzó para la guerrilla otro calvario: una renegociación en cada instancia de poder. Legislativa, ejecutiva, judicial, órganos de control...

Hoy los candidatos presidenciales del establecimiento, excepto De la Calle, ratifican que se trató de un sometimiento: “Está bien –dicen– que esa guerrilla se haya desmovilizado, desarmado y concentrado. Pero deben ir a la cárcel y no pueden hacer política”. Por eso, celebran regocijados el encarcelamiento de Sanctirch.

Es un hecho cierto que la DEA y la Fiscalía le tendieron una trampa a Santrich. De ese hecho se desprenden dos hipótesis. La de quienes piensan que Santrich cayó, porque 15 millones de dólares enloquecen a cualquier poeta. Y la de quienes sostienen que un revolucionario como él es incapaz de traicionar sus ideales, al menos que su inteligencia de humanista haya descendido al estadio de la imbecilidad. Unos y otros esperan que Santrich diga la verdad. Este ya dijo: “Tengo mi conciencia tranquila [...], un montaje es un montaje”.

Otra cosa es la argumentación en derecho para principiantes: quienes se acogieron a la Justicia Especial para la Paz (JEP) no pueden ser encarcelados y extraditados ante la primera trampa que ponga la DEA o al primer grito de las cortes estadounidenses. Cualquier delito cometido antes o después del 1 de diciembre de 2016 debe ser calificado por la JEP. La fecha la señala el calendario, el derecho lo define la JEP.

 

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POR RAFAEL BALLÉN | @Rafael_Ballen

Profesor, investigador y escritor .

 

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Las fracturas del establecimiento que se aprecian en cuatro candidaturas?


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