abril 14 de 2020

Resiliencia, la tabla de salvación en tiempos difíciles

Por: Haidy Sánchez Mattson

La crisis sanitaria por el coronavirus nos ha llevado a romper nuestro día a día, nuestras rutinas y nuestros esquemas. Han ocurrido cambios extremos e inesperados que vivimos a gran velocidad. Es difícil asimilar la ruptura de vínculos: hemos estado obligados a abandonar amigos, ancianos y sitios de trabajo... Hemos perdido nuestra libertad, algo impensable, un derecho que siempre hemos tenido como algo obvio y ahora está suspendido sin que tengamos certeza de cuándo volverá. Estos dramáticos cambios, que pueden ocasionar una crisis en muchos de nosotros, nos invitan a pensar en lo que no tenemos y en cómo utilizar lo que sí tenemos. Es allí donde se hace importante la resiliencia.

 

¿Pero, qué es eso? Aunque la definición del término no es común para muchas personas, debemos reconocer que se ha ido convirtiendo en una palabra de moda en algunos sectores, a propósito de la crisis ocasionada por el coronavirus. En psicología este término es muy utilizado. Autores afirman que la resiliencia es la capacidad que tienen las personas e incluso todo un sistema social de vivir bien y desarrollarse positivamente pese a las difíciles condiciones de vida que hay que soportar, condiciones que a veces pueden tornarse traumáticas.

 

¿Por qué podrá ser la resiliencia una estrategia de seguridad? Revisando el significado de la palabra encontramos que esta viene del latín resilio que significa “saltar atrás", “resaltar” “rebotar". Ser resilientes, significa que, a pesar de vernos sumidos en situaciones de sufrimiento, dolor y estrés intenso, podemos desarrollarnos psicológicamente sanos y con éxito, proceso explicado ampliamente en la psicología.

 

La capacidad humana de enfrentarse y adaptarse al sufrimiento, al dolor y al temor para, desarrollarnos y fortalecernos a futuro: eso es resiliencia. Podemos añadir que es la condición interna de poder salir mejorados y renovados después de haber vivido acontecimientos fuertes, irresistibles y devastadores. 

 

El aislamiento obligatorio nos hace pensar en los delgados hilos de la racionalidad y la emocionalidad. En un instante nos decimos “esto lo resistiré” y al otro instante lo dudamos. Estos cambios emocionales nos llevan a sentirnos como si estuviéramos en una montaña rusa. En un sube y baja relacionado con la constitución interna del aparato psíquico y de cómo se encontraba este antes de que la pandemia llegara a nuestras vidas, a nuestra cotidianidad.

 

Pero no hay que olvidar que el coronavirus es algo que va a pasar, no se quedará con nosotros por toda una eternidad. Por eso no podemos perder la esperanza ni la calma en esta situación y menos interpretarlo como un problema psicosocial y económico permanente.

 

Lo que va a diferenciar el antes y el después son los mecanismos de afrontamiento; es decir, cómo las personas se posesionan ante la situación actual y en el periodo después de la crisis. Son los mecanismos de afrontamiento que cada uno de nosotros utiliza ante una situación de estrés. Estas estrategias también nos dan la capacidad de resolver las diversas situaciones y escenarios que se nos presenten cuando retornemos a nuevas dinámicas de vida después del coronavirus.

 

Este cambio tan brusco es una oportunidad para aprender a disfrutar detalles valiosos que quizás habíamos olvidado: mirar por la ventana, ver el paisaje, la naturaleza, observar el sol, percibir el olor de la comida caliente en el plato, escuchar la lluvia caer, darle valor a la vida y a nuestras situaciones cotidianas. Todo lo anterior compone nuestra realidad actual y nos puede brindar bienestar y equilibrio emocional. La posición nuestra ante la crisis nos dará armonía psíquica y nos permitirá desarrollar la capacidad de resiliencia a pesar del temor, la incertidumbre y el cambio en nuestra dinámica de vida.

 

El aislamiento social obligatorio permite el desarrollo de nuevas capacidades humanas, nos ayuda a desarrollar nuevas dimensiones para trascender como mejores seres humanos y disfrutar más conscientemente de la vida. Nos ayuda a sacar productos nuevos y mejores, con marca propia, enriquecidos con la capacidad de conocernos más a nosotros mismos.

 

Nuestra historia como país evidencia que hemos sido una sociedad resiliente. Lo nuevo sería ver la resiliencia como nuestra tabla de salvación en estos momentos de crisis. Tomémosla para que todos podamos superar este desafío.

 

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