Mujeres del Catatumbo, dueñas del territorio

marzo 08 de 2019

Desde el liderazgo comunal, las iniciativas productivas y la defensa del ambiente, las mujeres de la región encuentran todos los días estrategias para proteger a sus comunidades de la guerra. Primera entrega de la serie 'Catatumbo: rostros de la resistencia'.

Mujeres del Catatumbo, dueñas del territorio

| Marina* fue una de las fundadoras de su vereda y la primera mujer en hacer parte de la JAC. | Por: Ilustración: Rawing Mc - Comunicaciones Cisca


Por: Equipo de comunicación Cisca Catatumbo
@CiscaCatatumbo

El movimiento comunal en Colombia daba sus primeros pasos cuando nació Marina* en la vereda Piedras de Moler, municipio de Teorama. Era la década de los 60 cuando empezó a enfrentar las circunstancias de la vida rural catatumbera. Tras la muerte de su padre, cuando tenía 10 años, dejó la escuela para trabajar y ayudar en la crianza de sus seis hermanos. 

A los 15 años ayudó en la construcción de la primera cancha de fútbol de la vereda, lo que la motivó a trabajar en colectivo. Casi una década después, se convirtió en una de las fundadoras de la vereda La Ceiba y en la primera mujer afiliada a su Junta de Acción Comunal. Cuando la nombraron secretaria, la comunidad reaccionó con rechazo a la voz de una mujer a cargo: "Las posibilidades eran nulas como mujer, ni hablar se podía".

La arremetida de los paramilitares en la región implicó que Marina regresara a su vereda natal, Piedras de Moler, donde solo las mujeres podían transitar por los caminos hacia los pueblos más cercanos en busca de comida. Los hombres, mientras tanto, eran perseguidos por su calidad de líderes. “Ahí nos dimos cuenta que podíamos dar mucho”, cuenta Marina.

Ellas fueron clave en la reconstrucción del proceso organizativo de las comunidades afectadas por la guerra. Con el apoyo de algunas, se crearon comités de mujeres e inició una lucha por el reconocimiento de la voz de las campesinas. 


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«La primera vez que viajé fue a Barrancabermeja. Me di cuenta que allá luchaban, y luchaban las mujeres. Regresamos con otra mentalidad: nosotras en el Catatumbo también podemos y tenemos las capacidades de liderar los procesos comunitarios».

Marina*, líder del Catatumbo


 

 

Al poco tiempo Marina creó, junto con otras mujeres, la Asociación de Mujeres de San Pablo, que inicialmente logró convocar a 300 participantes, aunque el  número disminuyó porque el trabajo en el hogar acaparaba el tiempo de muchas. Para contrarrestarlo, construyeron la Casa de la mujer, que hoy tiene sede en San Pablo y en otros corregimientos como San José del Tarra y Filogringo. Desde ahí impulsan la producción orgánica, las capacitaciones, la generación de nuevos liderazgos y la gestión de proyectos.

La autonomía en el hogar, la construcción de un sistema antipatriarcal y la transformación de las violencias que históricamente han afectado la vida de las mujeres, se convirtieron en sus banderas de lucha.

Así, algunas mujeres de la Asociación de San Pablo (como Marina) y de otras zonas, se articularon al Comité de Integración Social del Catatumbo (CISCA), que surgió en 2004 de los liderazgos comunales y del proceso cooperativo de la región.

 

Las mujeres catatumberas construyen colectivamente propuestas de autonomía y feminismo campesino en la región. © Ilustración: Rawing Mc - Comunicaciones Cisca.

 

Allí, ella y sus compañeras han descubierto la medicina alternativa como apuesta de fortalecimiento de las comunidades. Han aprendido a hacer mentoles o “vaporú”, ungüentos para el dolor muscular, cremas para las quemaduras y para las manchas de la piel, así como la producción orgánica de condimentos.

Todos estos productos, elaborados con ingredientes cultivados en sus propias fincas, esperan poder comercializarlos a través de una micro empresa propia: "Aspiramos a tener la finca orgánica con suficiente comida, y que vivamos en paz. Les doy gracias a mi hijo y a mi esposo que han entendido mucho este proceso".

A pesar del conflicto social y político del Catatumbo, sus lideresas reconocen que deben permanecer en el territorio y construir desde ahí dignidad para el campo. Esto lo reafirman cuando conmemoran el Día de la Mujer reuniendo a todas las familias de sus veredas y arengan por sus derechos, o cuando autogestionan alternativas para apoyar a quienes las necesitan en sus comunidades, e incluso cuando garantizan que en lugares donde no hay acueducto, los nacimientos de agua puedan estar protegidos y dar vida, como lo hacen ellas, en esta región donde habitan las  hijas e hijos del trueno.

*El apellido del personaje ha sido omitido para proteger su identidad.

 


Esta es la primera entrega de la serie 'Catatumbo: rostros de la resistencia', una alianza entre el equipo de comunicación del Comité de Integración Social del Catatumbo (Cisca) y Semana Rural. Todos los jueves se publicarán perfiles e historias de campesinos, jóvenes, maestros y estudiantes que se han negado a la normalización de la violencia como unica forma de vida. 


 

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