Voces a prueba de balas: Salomé Melo, el rostro de la lucha juvenil

enero 24 de 2019

Esta nariñense de 21 años no teme alzar su voz para velar por el derecho de los jóvenes a movilizarse pacíficamente. .

Voces a prueba de balas: Salomé Melo, el rostro de la lucha juvenil

| Salomé fue intimidada por un policía cuando se movilizaba por la tarifa diferencial en el transporte para jóvenes de estrato 1 y 2. | Por: Somos Defensores


Por: Voces a prueba de balas


Cuando niña, Salomé Melo se negó a ver la injusticia como costumbre. Desde el salón de clases de su colegio en Samaniego, Nariño, decidió trabajar con lo que tenía a la mano para mejorar las condiciones de la educación en su municipio.

Con los años, su voz se fue volviendo más fuerte y ahora lucha para que los jóvenes puedan reclamar sus derechos sin temor a ser atacados por la fuerza pública.

Esta es la quinta entrega de Voces a prueba de balas, una campaña del programa Somos Defensores para proteger a los líderes sociales a través de la difusión de sus historias.


En un minuto, esta joven cuenta las motivaciones detrás de su lucha. ©SOMOS DEFENSORES.


 

«Mi nombre es Salomé Melo. Tengo 21 años y desde los 15, cuando vivía en Samaniego, Nariño, empecé a preocuparme por problemas de mi colegio, como la falta de docentes.

Con varios compañeros creamos un colectivo y empezamos a hacer movilizaciones, paros y jornadas cívicas para exigirle al Secretario de Educación del departamento el nombramiento de los maestros que faltaban. Finalmente logramos que nos asignaran tres docentes temporales mientras hacían la contratación de los fijos.

Esa fue nuestra primera pequeña victoria y nos dio ánimo para seguir con el colectivo después del colegio. La siguiente meta era crear un lugar donde los niños de la zona rural pudieran estudiar y hacer sus tareas sin tener que ir hasta el pueblo. Dedicamos jornadas enteras a recuperar una escuela abandonada en un barrio estigmatizado como ‘zona roja’ y la convertimos en una biblioteca comunitaria.

Cuando la organización política Juventud Rebelde conoció lo que hacíamos en el colectivo, nos invitaron a vincularnos. Desde hace tres años estudio derecho en Pasto y además me formo con ellos en derechos humanos, política y defensa del territorio. También hago parte del Comité de Derechos Humanos de Pasto, donde llevamos y hacemos seguimiento a casos de abusos de derechos a jóvenes.

Los 20 miembros de Juventud Rebelde en Pasto hemos organizado talleres alrededor de tres temas: género y disidencias sexuales, jóvenes comunales y jóvenes barristas. También hicimos un taller con presos para prepararlos para su reintegración.

Uno de los principales reclamos de Juventud Rebelde en Pasto ha sido la tarifa diferencial para el transporte público a los estudiantes de estratos 1 y 2 de la ciudad. Nuestra propuesta era que nos congelaran la tarifa de 2017; logramos ese acuerdo con la Alcaldía pero llegó 2018 y no lo cumplieron.

Como rechazo a ese incumplimiento hicimos una movilización a la que se sumaron los buses y taxis de la ciudad, hubo un bloqueo absoluto. El segundo día del paro viví mi primera amenaza: estaba en clase y me llamaron para avisarme que había una confrontación en el Estadio entre agentes de Policía y taxistas. Me fui hasta allá con cuatro compañeros y nos encontramos a un joven taxista a quien le acababan de disparar con una bala de goma en la pierna.

 

 

Nos acercamos entonces a un grupo de agentes del Esmad para identificar quién había disparado y poder denunciar. El agente que coordinaba el operativo empezó a acusarnos de revoltosos. A mí particularmente me señalaban de llegar a dañar la tranquilidad del paro y empezaron a grabarme con sus celulares. Fue un momento de mucha tensión pero no nos alcanzaron a agredir porque los taxistas nos protegieron.

Al día siguiente mi foto circuló en la prensa local y en redes sociales. Días más tarde estaba en una discoteca y un policía empezó a hacerme señalamientos; tuve que irme del lugar.

A pesar de todo esto, seguimos presionando por la tarifa diferencial y la semana pasada logramos un acuerdo. El pasaje está en $1.700 y para nosotros quedó en $1.500, el precio de 2017.

Como Juventud Rebelde nos faltan muchos logros. Ahora estamos luchando por el desmonte del Esmad y pidiendo que el Gobierno y el ELN se vuelvan a sentar a negociar. Nuestras luchas no se pueden pronosticar, se van desarrollando con la coyuntura, pero a mí también me gustaría volver a Samaniego para hacer formación en las escuelas».


Una iniciativa del programa Somos Defensores


 

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Semana Rural. Un producto de Proyectos Semana S.A. financiado con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través del programa de Alianzas para la Reconciliación operado en Colombia por ACDI/VOCA. Los contenidos son responsabilidad de Proyectos Semana S.A. y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de Estados Unidos.