Ledis, la mujer de San Jacinto que teje paz

julio 14 de 2021

En los hilos, Ledis Jaramillo halló la manera de sanar las heridas que le produjo en el alma el conflicto armado a su paso por San Jacinto, en Bolívar. Su trabajo como lideresa y gestora cultural de la región les ha permitido a unas 120 personas de la comunidad borrar esas marcas de la guerra y sacar adelante a sus familias. .

Ledis, la mujer de San Jacinto que teje paz

| La Asociación Artesanal Tejedoras de Esperanzas de San Jacinto, Bolívar , es liderada por Ledis Jaramillo, una mujer que sufrió en carne propia la violencia y que con el tejido pudo encontrar una manera de sanar las heridas causadas por el conflicto armado. | Por: Asociación Artesanal tejedoras de Esperanza


Por: Johan Hernández
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o"Yo he vivido la violencia tres veces en carne propia. Casi nunca hablo del pasado porque hablar del pasado es recordar cosas que uno ya sanó", dice recia Ledis Jaramillo cuando se le pregunta sobre los años y los dolores pasados.

Ledis tiene 43 años, tres hijos y es madre cabeza de hogar. No solo es eso. También es artesana, gestora cultural y líder de un grupo de 70 mujeres que conforman la Asociación Artesanal Tejedoras de Esperanzas de San Jacinto, Bolívar. Ahí, 20 jóvenes, madres solteras, empezaron en el 2018 a tejer como una manera de obtener el sustento y, además, de borrar todas las marcas de la violencia.

La historia de dolor de Ledis empezó a los 8 años, cuando junto a su familia tuvo que irse a vivir al Caserío Casa de Aluminio en Dibulla, La Guajira, en territorio indígena. Estando allá, sintió por primera vez la presión de un grupo armado. Frente a su casa veía constantemente el paso de guerrilleros de las Farc, quienes en medio de una guerra con los paramilitares habían asesinado a varios habitantes de la comunidad, entre ellos, a un joven que era muy amigo de su familia . 

"A través de eso, los paramilitares comenzaron a decir que mi familia era guerrillera y nos tocó irnos desplazados a vivir a Aracataca, Magdalena. Mi papá dejó mulas, caballos, cerdos, gallinas, todo...”, menciona Ledis. 

Eran los tiempos más cruentos del desplazamiento. Según el Centro Nacional de Memoria Histórica, ese año, 1997, fue el año en el que se desencadenó una serie de hechos violentos en el que la guerra alcanzó su máxima expresión y el desplazamiento forzado se hizo tristemente protagonista en el país. A partir de esta fecha, hasta el 2004, se produjo el mayor número de víctimas de esta forma de violencia en la historia de Colombia.

 

 

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Ledis Jaramillo ha tenido la oportunidad  de liderar y representar en  varias ferias a las mujeres tejedoras de San Jacinto, que han sido victimas del conflcito armado . 

 

En el 2002, Ledis y su familia regresaron a Valledupar (César), al corregimiento Villa Germania, el mismo lugar de donde habían huído años atrás, antes de llegar a La Guajira. No obstante, la violencia volvió a encontrarlos. Esta vez, los paramilitares asesinaron a un primo hermano y a su tío Ramon Pertuz."Los torturaron, los amarraron con un alambre de púas hasta dejarlos muertos”, recuerda Ledis, quien para entonces ya había dejado atrás sus rasgos de niña y era ya una mujer.

Lo que vino después fue su nueva vida en San Jacinto, Bolívar, en donde tampoco pudo esconderse de la zozobra de la guerra. Sin embargo, dice, allá tomó la decisión de no huir más y enfrentar el miedo. "Empecé a tejer. Me fui enamorando y fui sacando toda esa cultura que ya yo tenía de los ancestros Koguí, que aprendí en La Guajira y los complementé con la tradición del tejido vertical de San Jacinto", explica mientras en su rostro hay un asomo de entusiasmo.

“A medida de que vamos tejiendo, vamos expulsando todas esas energías negativas que uno tiene en la vida y va uno  aprendiendo a enamorarse de lo que uno va haciendo, se va liberando (...) Plasmar esos diseños y mirar esos colores es lo que me ha permitido superar cada cosa que he vivido en la violencia”, agrega.

Allí, en pleno corazón de los Montes de María, en un municipio de más de 25 mil habitantes con raíces indígenas y africanas, los sanjacinteros permanecen ansiosos de recuperar su tejido social y cultural. Eso lo capitalizó Ledis. Sin proponérselo, muchas mujeres empezaron a tejer junto a ella. Con cada pieza bordada, dice, la esperanza y la resiliencia de toda una comunidad se hacen más fuertes.

Hoy, a sus 43 años, además de ayudar y guiar a las 70 mujeres de la Asociación, hay 50 personas indirectas que también se favorecen  del trabajo comunitario del tejido que ella lidera.”Cada una de las artesanas que trabajan aquí llevan trabajo para sus casas y allá los mismos familiares, las mamás, esposos, abuelas, primas, tías, amigas tejen y se les genera un empleo”, cuenta Ledis.

 

 

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La Asociación Tejedoras de Esperanza entregándole una hamaca  elaborada con raíces  a la ministra de Cultura, Angélica María Mayolo Obregón Archivo particular.

 

Entre hamacas coloridas, tejidos deslumbrantes, sonidos autóctonos de gaitas y tamboras, esta comunidad con rasgos caribeños y sangre del pueblo indígena Zenú, que logró reconocerse entre otras cosas por su rica y dedicada producción textil, no se rinde y quiere continuar tejiendo sueños por muchas generaciones más.

"Nosotras hemos ido creciendo poco a poco , al principio nadie creía en nosotras, como hay tantos grupos de artesanos, nadie nos brindaba apoyo, ni siquiera las alcaldías (...) Si nosotros tenemos esto, es a peso de pulmón, hacemos rifas, hemos vendido pasteles y realizado ollas comunitarias”, enfatiza Ledis .

Esta mujer que a diario se levanta con la esperanza de poder sacar adelante a las personas  que la han seguido parece no descansar.

 

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Las mujeres artesanas son las encargadas de conservar el oficio. Desde niñas lo aprenden y lo reciben como un legado familiar. Entre madres, hijas, nietas, abuelas, hermanas y hasta vecinas, se reúnen en los talleres y los telares verticales construidos en la cotidianidad de sus casas.

A pesar de la  gran variedad artesanal y textil de la Asociación, ellas consideran  complicado visibilizar el trabajo y comercializar sus productos, aún con la ayuda que han recibido de entidades como Artesanías de Colombia.Los tejidos que realizamos están inspirados en la naturaleza de los Montes de María tales como el cerro de Maco y los petroglifos plasmados por los indígenas Panzenús y Malibús en piedras arqueológicas del territorio,” explica Ledis.

Los espacios en donde la Asociación Artesanal Tejedoras de Esperanzas han podido participar son: la Feria de las Flores en Medellín, Expoartesanías en Bogotá, Farex en Cartagena, que es una feria para promover y resaltar la cultura colombiana a través de la exhibición de productos elaborados por indígenas, afrocolombianos y comunidades rurales. La última participación que tuvieron fue hace dos semanas en un espacio que les brindó la Gobernación de Bolívar en el centro comercial Mall plaza, también en Cartagena.

 

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Una de las estrategias que han implmentado la Asosiacion de Mujeres  Tejedoras de Esperanza ha sido la participacion de varias convocatorias en las que Artesanias Colombia les brinda espacios para la comercialización y venta de productos..

 

 

Al son de la cumbia, el porro, la gaita y la puya, bailan los sanjacinteros en representación de su cotidianidad, esa que con el pasar de los años se conserva y que ha viajado hasta el departamento de Sucre para quedarse instaurada en las entrañas de los territorios de Morroa, Corozal y Sampués donde por generaciones como en San Jacinto, esta tradición no se deshila, se urde en los sueños de generaciones venideras para mantenerla más viva que nunca .

 

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Hamaca sobre telar.  Diseño inspirado en los geoglifos que plasmarón los pueblos indigenas Zenús y Malibús en antiguas piedras arquelogicas de la región . 

 

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