Ciencia para todos desde Santa Bárbara

abril 09 de 2019

Las expediciones bio también buscan que los expedicionarios se relacionen con la comunidad, conozcan sus conflictos socioambientales y trabajen con ellos para convertirlos en guardianes de la biodiversidad. .

Ciencia para todos desde Santa Bárbara

| | Por: Felipe Villegas | Instituto Humboldt


Por: María Paula Castro
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Mientras unos estaban en el campamento estudiando especies animales y vegetales, otros estaban en el corazón de Santa Bárbara y en las veredas aledañas en contacto con las personas de la comunidad.

Ese es el trabajo de quienes hacen parte de los componentes de ciencia participativa y ciencias sociales.

En palabras de Mauricio Torres, el coordinador de Santander Bio, en lo social se analiza cómo las personas viven respecto al medio ambiente y las especies que las rodean. “Se estudia cómo la gente toma decisiones frente a su entorno y se hace un análisis de la gobernanza del lugar y de cómo la gente percibe la biodiversidad”.

El objetivo de la ciencia participativa es hacer ciencia con la comunidad, “invitar a la gente a que haga parte de la expedición”, explica Torres. Que hagan ciencia y se vuelvan generadores del conocimiento.

Una tarde con el equipo de Ciencias Sociales

De casa en casa, de vereda en vereda. María Fernanda Pereira Sotelo, Ana María Garrido, Camilo Garzón, Diego Pérez, Carolina Ángel, Santiago Martínez, Laura Valencia y Adolfo Botero recorrieron todo  Santa Bárbara y sus alrededores. Se tomaban el tiempo de visitar cada una de las casas y de escuchar, atentamente, a sus pobladores.

Una de las casas que Ana María y Adolfo visitaron fue la de Beatriz y Germán, que viven en la Hacienda San Rafael. “Estas visitas son muy bonitas. ¡Echamos lengua más bueno!”, afirma Beatriz. Para ella, vivir allí es toda una delicia. Esto es tan elemental. Nada se mueve, pasa la misma gente todos los días. ¡No nos van a salir arrugas!”, afirma maravillada quien vive entre Santa Bárbara, La Calera y Bogotá.

 

Beatriz y Germán ©María Paula Castro

Beatriz tiene cuatro perros muy cariñosos que aman recibir atención. Por la forma en como se refiere a la naturaleza es evidente cuánto le gusta vivir bajo el cobijo del color verde. Ana María y Adolfo llegaron a esta hacienda para charlar con Beatriz y Germán sobre su diario vivir, qué hacen, cómo lo hacen, cómo se sienten en el territorio. Cada cuánto salen, para qué salen, qué necesitan. También les preguntaron sobre el papel que juega el Estado en el lugar.

Lo lindo de esta interacción es que no se queda en un intercambio de información con fines meramente científicos. Ana María y Adolfo se interesaban verdaderamente por cada cosa que estas dos personas les contaban. Desde sus gustos particulares hasta la forma como se debe cultivar la mora, hasta sus memorias de la situación actual. Ana María tomaba atenta nota a cada aspecto relevante. Para desarrollar este trabajo la empatía es el principal aspecto.

 

 

Otro de los miembros del grupo de Ciencias Sociales es Omar, un historiador. Terminó vinculado a Santander Bio por su tesis, que giró en torno al estudio de la historia agraria económica del siglo XIX en Boyacá y desembocó en la relación entre el medio ambiente y la sociedad de ese entonces.

Su rol en la expedición fue buscar la historia ambiental de los territorios. Su tarea: “hacer la reconstrucción de los conflictos socioecológicos en los municipios desde una perspectiva histórica”.

“La historia ambiental estudia las relaciones de las sociedades con los ecosistemas desde una perspectiva temporal. Consiste en entender estos procesos de adaptación de las comunidades de los ecosistemas y la transformación de estos por las comunidades como un proceso que se desarrolla en el tiempo”, explica el historiador. Debe buscar todas las fuentes documentales a las que pueda acceder. Pero las principales fuentes son las historias orales.

Durante su paso por Santa Bárbara estuvo de suerte. Encontró en la biblioteca pública Humberto Ortiz Valdez justo una exposición de fotografías de antaño que fue perfecta para alimentar sus datos. “Además de documentos, estamos haciendo una reconstrucción de historias orales, una recopilación de historias de los pobladores. Para saber cómo era el territorio, qué hacían”. Lo que quería era lograr identificar en esas historias, historias más generales.

 

Romper las fronteras de la ciencia

 

Marjorie Pinzón, Felipe Santodomingo y Verónica Cuello Blanco fueron los miembros de este componente en el paso por el páramo del Almorzadero. Según explicó Marjorie, la líder, “esta es una iniciativa que pretende romper las fronteras de la ciencia y generar una conexión directa entre las comunidades locales y las expediciones. Es una oportunidad para que  las personas de las comunidades conozcan de primera mano en qué consiste una expedición biológica”.

El caso de Santander Bio fue bastante particular en el caso de la ciencia participativa. “Es una de las pocas veces en las que se ha hecho de manera tan abierta una interacción entre la comunidad y los expertos de cada grupo y por otro lado es para que las comunidades puedan aportar en la generación de conocimiento sobre la biodiversidad en los  territorios”, explica Marjorie.

La decisión de esta bióloga de dedicarse a trabajar con personas, además de estudiar especies, se dio a raíz de las tortugas. “Yo trabajo con tortugas, continentales y marinas. En Colombia las tortugas son uno de los grupos más usados por las comunidades para consumo, es uno de los grupos que más se trafican ilegalmente después de las aves. Eso me llevó a iniciar el trabajo con las comunidades”, explica.

Para ella, buscar estrategias de conservación, manejo y uso sostenible necesariamente tienen que involucrar a las comunidades. “Yo pienso que ser biólogo en América Latina es un reto muy interesante, mucho más grande. Aquí las comunidades tienen otras necesidades y eso nos lleva a pensar en estrategias que beneficien a las comunidades y a las poblaciones biológicas”.

 

 

©Felipe Villegas/Instituto Humboldt

 

Para desarrollar su trabajo ejecutan un proceso secuencial que busca diversos resultados. Primero, se priorizan los actores en las comunidades (docentes, representantes de ONGs, representantes de asociaciones, estudiante, personas, líderes). Se dirigen a la alcaldía, que es el punto de partida. “Nos presentamos, les contamos en qué consiste la expedición y las actividades. Ellos nos cuentan quiénes son las personas estratégicas de la comunidad”, explica Marjorie.

Los llaman, se encuentran con ellos, les explican en términos generales lo que van a realizar y los invitan al diálogo de saberes.

Luego, llevan a cabo el diálogo de saberes, que pretende construir una visión colectiva del territorio. En este punto, se vinculan con ciencias sociales, pues buscan a los líderes para que les cuenten de su territorio, la biodiversidad que conocen, dónde han visto los animales, qué saben de las fuentes de agua, qué información tienen de los bosques y de las zonas de cultivo.

“No es una capacitación. Hay una construcción colectiva del conocimiento. Es un intercambio de conocimiento con la gente”, explica. Además, se les explica en qué consiste un inventario y se hace el planteamiento del proyecto, antes de escoger a los expedicionarios locales.

Posteriormente se escogen expedicionarios locales quienes serán los encargados de transmitir los conocimientos que adquieran y replicarlos en la región. Les dan una formación de cuatro días, en donde conocen qué se necesita para registrar toda la biodiversidad que van a ver, ya sea en formatos o en Naturalista Colombia, una plataforma digital. Esa información es revisada por expertos.

 

 

“Hemos tenido alcances importantes: se encuentran registros importantes. Porque no son solamente los ojos de los expertos registrando sino que son muchas personas. Y pueden encontrar algo interesante a nivel biológico, un nuevo registro para el departamento. Es una visión distinta que amplía los alcances de la ciencia”, comenta Marjorie.

Es la última etapa van al campamento. Allí se les enseña por qué estudiar especies y cómo hacerlo. “Van con los biólogos y ellos les enseñan cómo estudiarlos. La gente acampa con ellos. Por lo general durante tres días”, explica.

Al final hay una socialización de resultados en cada uno de los sitios y se hace un intercambio de experiencias.

“El reto aquí es un proceso largo de acompañamiento para que las comunidades puedan funcionar de forma autónoma. Y lograr conciliar esa dualidad entre conocimiento y conservación de biodiversidad en un escenario donde las comunidades tienen necesidades totalmente distintas”, complementa Marjorie.

 

 

 

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