Botánicos rumbo al páramo de Almorzadero

abril 09 de 2019

Más de 30 científicos se adentraron en el corazón del bosque andino santandereano para investigar el estado de los ecosistemas de las montañas suaqueñas. .

Botánicos rumbo al páramo de Almorzadero

| El punto de llegada era un campamento ubicado a 2.435 metros de altura. | Por: Paola Sánchez | Instituto Humboldt


Por: María Paula Castro
Yo_Soy_Mape

Casi 16 horas de viaje fueron necesarias para llegar al primer destino. Santa Bárbara, un pequeño pueblo de Santander ubicado a 1.900 metros de altura sobre el nivel del mar, recibió a un grupo de más de 30 científicos cuya tarea sería arriscar (como dicen los santandereanos) al páramo del Almorzadero para encontrar especies que se resguardan bajo su cobijo.

Enviados del Instituto Humboldt y de la Universidad Industrial de Santander (UIS) hicieron el tercer y último viaje de la Expedición Bio en el departamento. Carmen del Chucurí y Cimitarra ya habían sido escudriñados por estos expertos. Esta vez la misión era hacer lo mismo pero en el ecosistema paramuno.

Este viaje contaba con un ingrediente adicional: una comisión de coreanos arribó en Colombia para partir hacia Santander con el fin de hacerse parte de la investigación. Cada uno tenía una especialidad:
Seonghyun Cho, botánico; Byung Yun Sun, botánico amante de los helechos; Chang Yong Choi, aves; Jihwa Jung, anfibios; Jong-Seok Park, insectos; y Jaeho Lee, el coordinador. Ellos seis se unieron para aprender con y de los biólogos colombianos y establecer una alianza científica pero sobretodo para fascinarse con la naturaleza suramericana.

 

© María Paula Castro. 

 

El cansancio del viaje no dio espera. El hostal El Jiagüil recibió al grupo con agua de panela con queso, arepa y un caldo de costilla, delicias que llenaron el estómago de los hambrientos expedicionarios que prontamente fueron a descansar dado que el camino hasta ahora comenzaba.

Arrullados por el sonido del agua del río cercano, rodeados de árboles y deleitados en la mañana con el sonido de los pájaros que sigilosamente volaban en las cercanías, los científicos recargaron energías y, casi que de inmediato, empezaron su recorrido al próximo punto: un campamento en la montaña que sería su hogar durante las próximas dos semanas, ubicado a 2.435 metros de altura.

Pero antes de empezar el recorrido Mauricio Torres, coordinador de las tres expediciones de Santander Bio, dio algunas instrucciones para saber cómo llegar y, como no puede faltar, pidió al grupo que posara para tomar la foto grupal del primer día de la experiencia. Algunos harían el primer tramo de recorrido en automóvil mientras que otros, como los botánicos, harían todo con las plantas de sus pies.


Subir la montaña al ritmo de los botánicos
 

A las 9:30 am dieron el primer paso. La razón por la que optan por dejar de lado la comodidad de una camioneta que realiza un recorrido que les llevará tres horas a pie en tan solo 15 minutos es comprensible.

Estos cinco enamorados de las plantas (Humberto Mendoza, Yaneth Robles y Ángela Celis; junto con Cho y Sun) iniciaron su trabajo de recolección de especies para estudio desde el primer momento. Y este paisaje, cubierto prácticamente en cada costado de verde y hermosos colores florales, sí que les ofrecía mucho material para cumplir con su misión.

 

El equipo de botánica en compañía de Leonardo González, uno de los guías. ©Felipe Villegas | Instituto Humboldt

 

Maravillados por la vegetación que les rodeaba. Esa es la mejor forma de describirlos. Así sea un árbol que para los ojos de otros mortales parezca común, para ellos puede tener el mayor de los encantos.

Sentían la textura de sus hojas, olían su fragancia y, en algunos casos, probaban algunas de sus partes. “En Colombia consumimos muy pocas plantas respecto a la diversidad que tenemos”, explica Ángela. “Eso es interesante. Hay que empezar a explorar y a saborear”, agrega.

Cuando algo les llamaba la atención se detenían. Luego de analizarlo con los sentidos entre todos determinaban a qué género y especie pertenece. Su memoria es increíble.

Posteriormente, tomaban sus tijeras y cortaban un pedazo para obtener una muestra, que iría a parar o a un frasco de alcohol donde perdería su color pero no la forma (permitiendo que se mantuviera para examinarla después) o al resguardo de las hojas de periódico (que absorbería parte de la humedad y haría que se conservara, proceso al que denominan “prensar”), explica Humberto, el líder de este equipo. Algunas, tal vez por la falta de espacio, papel o tiempo, estaban temporalmente sueltas dentro de una bolsa.

Humberto Mendoza, Cho, Ángela y Janeth caminan subiendo la montaña. Sun adelantó recorrido y, para ese momento, estaba buscando helechos (sus favoritos) mucho más adelante.

Humberto ha trabajado con plantas desde 1990. Terminó en el camino de la botánica dado que, cuando estudiaba en la universidad, era el área menos competida. Uno desarrolla los gustos”, indica quien parece tener grabado en la memoria los nombres de cada una de las plantas que han sido registrados en el país y quien descubrió a la hermosa ‘Paz naciente‘.

 

© María Paula Castro. 

 

Pasaron cuatro horas y la maleta amarilla en la que iban incluyendo sus muestras prensadas seguía llenándose. Llegó el punto en el que en ella no cabía ni un respiro. Janeth cargaba el maletín. Por “cosas de la vida” terminó trabajando con plantas. De niña tuvo el privilegio de ser criada en campo, por lo que desde corta edad disfruta de salir al bosque y deleitarse con los árboles. Con enormes costales suplirá el lugar de la maleta.

Son casi las tres de la tarde. Las botas de caucho son fieles testigos de todos los pasos que este equipo ha dado sin siquiera haber arribado al campamento. Era momento de un respiro. Las enormes piedras de una quebrada fueron lugar para detenerse y respirar, pero no perdieron la oportunidad para continuar recolectando.

Lo que parecía ser una orquídea en la rama de un árbol llamó la atención de Humberto. Sin dudarlo, se dirigió hacia ella para poder conseguirla. Janeth lo secundó y se volvió, una vez más, su mano derecha. Luego de prolongados intentos la alcanzaron.

La montaña parecía estirarse y todavía faltaba camino. El último tramo para llegar al campamento era prácticamente pendiente. La lluvia de los últimos días hizo que el barro estuviera por todas partes, agregándole así un nivel adicional de dificultad a la caminata. Para ellos no era complicado. Su trabajo los ha llevado a tener un estado físico magnífico y a enfrentar este tipo de situaciones sin ningún problema.

Para alguien principalmente citadino y principiante en este tipo de experiencias (como esta periodista) el cuerpo no daba y la respiración flaqueaba, mientras el único pensamiento que pasaba por la cabeza, en forma de aliento, era “ya casi llega el campamento”.

Disminuyeron su velocidad, por compasión (principalmente) con la novata. La pendiente se hizo más dura. Finalmente, a las 4:00 pm el equipo de plantas coronó en el campamento ubicado a más de 2.400 metros.

Johanna, Adriana y Maira recibían a los recién llegados con un vaso de dulce limonada que refrescaba el alma. Estas tres mujeres eran parte fundamental del campamento: estaban encargadas de la alimentación de los huéspedes y de la limpieza y comodidad de los mismos.

“Un almuerzo para la niña”, dijo Johanna a Adriana, con el fin de que sirviera un plato para la periodista. Ellas llegaron al lugar una semana antes para acoplarse al territorio pero más que eso para estar listas y brindar a más de tres decenas de científicos comida fresca durante al menos cinco veces al día.

Esta experiencia ha sido algo magnífico. Me fascina esta aventura”,
 cuenta emocionada Adriana. “Nunca había subido ni caminado tanto, es algo nuevo y me ha ido super bien”, dice Johanna. Una vez atendidos los biólogos con un almuerzo de sopa de cebada, fríjoles, carne molida, plátano maduro, arroz y ensalada, caminaron contentos del comedor al laboratorio, donde siguieron juiciosamente con su labor.

El siguiente paso, luego de la recolección, fue tomar cada una de las muestras, fotografiarla, anotar en un cuaderno sus características, hacer una especie de registro, marcarla y volver a prensarla de la mejor manera posible.

Suena tedioso o lento hacer este proceso. Pero en los ojos de ellos, quienes manipulan todo lo recolectado, se notaba la pasión y el amor que sienten por las plantas y por todo el universo que ellas componen.
 

Un campamento VIP

Este equipo había enfrentado condiciones extremas en las dos expediciones anteriores. Esta vez, en sus palabras, el lugar que los resguardó fue “vip”. Además de la atención de primera clase por parte de las tres mujeres de la cocina, que estaban despiertas desde las 4:00 am y se acostaban a las 10:00 pm, Martín Patiño era el conductor. Un personaje que ama Santander, oriundo de San Vicente de Chucurí, que llevó y trajo a los científicos con paciencia extrema y que, como había trabajado en un hotel, sabía palabras en varios idiomas. 

 

El campamento contaba con cocina, casino, duchas, baños y dos lugares que cobijaban las carpas de cada uno. Además, tenía zona para el laboratorio. ©Felipe Villegas| Instituto Humboldt

 

Los biólogos en expedición son como una familia. Comen juntos, se enseñan unos a otros, comparten sus experiencias diarias. Si el día del cumpleaños de alguno cae mientras están de salida improvisan un ponqué de celebración y arman fiesta.

En el caso de Santander Bio, llevaron una especie de diario compartido en el que cualquiera podía escribir en el momento en el que se le ocurriera. Cada equipo andaba en grupo y, en las noches luego de caminar horas y horas en medio del ecosistema, se encontraban, casi siempre, en el laboratorio. Cada expedición para ellos es la más maravillosa de las experiencias.

Los fotógrafos también tenían su espacio en este campamento: un estudio para tomar sus imágenes. Paola Sánchez y Felipe Villegas fueron los biólogos encargados de capturar en foto cientos de momentos y de especies que avistaban.

Paola prefiere salir con los equipos a tomar fotos en medio de la vegetación que quedarse en el estudio. “Las serpientes me gustan mucho, pero no me atrevo a cogerlas”, cuenta. Incluso juega a hacer memes con algunas de las tomas que alcanza a hacer. Por su parte, Felipe no tiene preferido. Para él “todo es divertido”le gusta “jugar a componer”.

 

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