julio 26 de 2020

¿Es que nadie se acuerda de los líderes sociales?

Por: Leyner Palacios Asprilla

Ser líder social en Colombia, y especialmente en el Pacífico, se ha convertido en una sentencia de muerte. Hay suficientes evidencias al respecto: las crecientes amenazas y agresiones; la estigmatización y los señalamientos, que muchas veces vienen de funcionarios públicos y son amplificados por algunos medios de comunicación; y finalmente los asesinatos, que no se pueden ocultar como quien intenta tapar el sol con un dedo. Desde la firma del Acuerdo de Paz, más de 640 líderes y defensores de Derechos Humanos han sido asesinados en nuestro país, y en lo que va del 2020 se han asesinado 104 líderes, una desgracia que no para.

 

El Plan de Acción Oportuna, la política del Gobierno con la que ha intentado frenar esta matanza, desde su formulación estaba llamado al fracaso. Muy poco han servido las alertas y llamados de organismos internacionales y de la Defensoría del Pueblo, y ahora hasta la opinión pública se ha vuelto indiferente, máxime cuando la pandemia nos tiene atemorizados y aislados. Es como si la lucha social y quienes la encabezan hubieran desaparecido. 

 


Te puede interesar: Un Día de las Víctimas marcado por los asesinatos a líderes sociales


 

En la soledad de mi aislamiento quisiera compartirles las palabras que Angie, una joven del Cauca, nos envía por estos días. Quizá esto ayude a que el país entienda lo que los líderes sociales sentimos.

 

“Yo he seguido de cerca y a la distancia al mismo tiempo a algunos líderes como tú. Pero siempre me he cuestionado tantas cosas, sobre el amor y ese deseo de vivir al que todos tenemos derecho. Hoy estoy triste. Tan triste que siento que no puedo más porque cada día más líderes caen y la gente sigue tan indiferente, tan ciega. Creo que en este país hay gente que nunca va a ser digna de tenerlos como líderes, jamás van a merecer esa sangre que ustedes dejan por defender la vida. Tengo mucha rabia y mucho desconsuelo; ya no sé cómo puede existir gente tan ignorante capaz de matar a quien los defiende, a quien habla por mí y por todos. Y hoy tengo que esconderme a llorar, con miedo e impotencia de no poder hacer nada para ayudar. Solo me queda hacer lo que pueda desde mi trabajo y mi rutina diaria: allí van a estar siempre de primero los más desprotegidos. Se los prometo”.

 


Te puede interesar: La conmovedora historia de perdón que no pudo escuchar el papa


 

Las conmovedoras y solidarias palabras de Angie son un bálsamo para recuperar fuerzas. A veces es necesario alejarse y sentir la rabia, incluso llorar. Desde mi lugar de resguardo, desde un confinamiento al que ya hace más de un año me sometieron, hoy quiero enviarles mi abrazo de paz y de amor.

 

Ya son tantas muertes que es como si ninguna doliera, como si todas fueran algo normal. La covid-19 está logrando lo que no había conseguido el establecimiento: que seamos invisibilizados. Recientemente asesinaron a Jesús Giraldo y he pensado mucho en las circunstancias de ese hecho. ¿Por qué se fue?  ¿Por qué no esperó el café que le ofrecían los vecinos? Jesús iba de prisa a encarar los problemas de las comunidades, sentía que un minuto de su tiempo era un año de sufrimiento de quienes esperaban que sus gestiones tuvieran éxito. ¿Por qué subió a la vereda si una semana antes habían matado a su amigo y compañero de lucha? A don Jesús Giraldo le pudo más su espíritu de servir a la comunidad que el miedo, y por eso lo mataron.

 

Necesitamos indignación, necesitamos molestia, rabia, repudio contra estos hechos. No nos puede ganar la indiferencia; enfrentemos este genocidio que es también un exterminio de la democracia. Desde el dolor por quienes hemos perdido, recojamos su dignidad y legado para insistir en la transformación social: esa será la consigna que con coraje seguirá saliendo de nuestras voces humildes.

 

Angie me contaba que cuando era más pequeña y sentía miedo de andar sola por la calle su padre la tomaba de la mano y la acompañaba diciéndole que pisara fuerte y caminara con fe hacia adelante. Ella espera un nuevo amanecer con una sola ilusión: que el frío de la noche congele toda maldad y aliviane nuestras preocupaciones, porque al brillar el amanecer habrá más ganas de pisar fuerte.

 


Te puede interesar: Colombia, el país más sangriento para líderes sociales


 

¡Suscríbete!

Y recibe primero una selección de los mejores contenidos y novedades de SEMANA RURAL. Nada de spam, promociones comerciales ni cosas aburridas.

Ingresa el correo que más utilices, gracias por ayudarnos
Al suscribirme, acepto los términos y condiciones y autorizo el tratamiento de mis datos personales conforme a las finalidades y demás condiciones descritas en la política de tratamiento de datos personales de SEMANA.





¡Comparte!



Foto de perfil del autor del comentario






Semana Rural. Un producto de Proyectos Semana S.A. financiado con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través del programa de Alianzas para la Reconciliación operado en Colombia por ACDI/VOCA. Los contenidos son responsabilidad de Proyectos Semana S.A. y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de Estados Unidos.