“La violencia nos va a hacer un pueblo sin voz”: líderes de Nuquí tras asesinato de sus compañeros

abril 14 de 2021

En la última semana, dos líderes comunitarios fueron asesinados en Nuquí, en un acto que se roba la esperanza de la comunidad y de quienes intentan cambiar la realidad de la zona. Así recuerdan a Jose y a Margarito quienes resisten en este municipio chocoano.

“La violencia nos va a hacer un pueblo sin voz”: líderes de Nuquí tras asesinato de sus compañeros

| Hoy el dolor en Nuquí es palpable | Por: Archivo personal


Por: Mateo Medina Abad
@teomedinabad

“Se fueron dos hermanos. Donde estaba Margarito, estaba José. Hoy no hay esperanza. Esto no va a cambiar si las autoridades no hacen algo”, dice con resignación un líder en Nuquí (Chocó). Por miedo, como a tantos de los habitantes en la región, le toca guardar silencio, mantenerse anónimo. Alzar la voz, sin excepción, lleva a las amenazas. 

 

Hoy en Nuquí reina el miedo. Este municipio, en la costa pacífica, se ha convertido con los años en uno de los destinos turísticos más importantes de esta zona de Colombia. Pero en medio de este lugar, tan rico en recursos, cultura y aventura, la violencia ha vuelto a tomar fuerza, y con ella, Nuquí está paralizado. Hace tan solo unos meses, la empresaria colombo-española Juana Perea fue encontrada muerta en una playa. Hoy, la historia se repite y la comunidad pierde a otros de sus líderes.

 

El olor a diesel acompañó a José Riascos durante toda su vida. Él y su padre siempre habían operado la planta de energía que ilumina, por tan solo seis horas diarias, todo el corregimiento de Arusí. Pero desde el viernes, este lugar está en medio de la oscuridad y no precisamente por la energía. A José y al también líder comunitario Margarito Salas, uno de sus mejores amigos, los asesinaron.

 

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En la foto se ve a José Riascos. Hoy su memoria perdura en quienes lo conocieron y lo recuerdan como un líder carismático

 

José era una persona carismática. “Chaparro”, como le decían en el pueblo, estaba entregado a la comunidad. Durante los últimos meses, además de los liderazgos que desempeñó como parte del Consejo Comunitario de Los Riscales, fue inspector de policía. 

 

“Estuvo muy empeñado con su cargo. De todos los años de mi vida en el pueblo, no había visto a nadie más emocionado por ese rol”cuenta una amiga cercana y líder de la comunidad que también quiso mantenerse anónima. Ella recuerda a José como una persona cariñosa y siempre presta a hablar con los niños del pueblo. 

 

“Era un tipo servicial, él movilizaba mucho a la juventud, era un líder nato que empoderaba a quien conocía”, cuenta otro líder de la comunidad que por temor pide no referenciar su nombre. Su muerte se da en medio de la incertidumbre. No tenía amenazas y a pesar de su labor siempre sabía medirse ante el riesgo.

 

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La riqueza natural de Nuquí ha hecho de este lugar un destino turísitco muy importante para el Chocó. Hoy, los procesos comunitarios corren riesgo por la violencia.

©Semana Rural

 

Nuquí, por su ubicación geográfica y la densidad de su vegetación se ha convertido en un lugar estratégico para el tráfico de drogas. Allí, varios grupos armados como el Clan del Golfo, las Autodefensas Gaitanistas de Colombia y el ELN se disputan el territorio, mientras los líderes tratan de defender a las comunidades en medio de las amenazas.

 


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Como denunció el alcalde Yefer Gamboa Palacios a principios de este año, el pie de fuerza para hacerle frente a estos hechos de violencia es mínimo pues solo siete policías vigilan Nuquí, que tiene una población de aproximadamente 16.000 personas.

 

“Nos toca estar en el anonimato, porque uno tiene familia y por eso es difícil hablar. El miedo siempre está presente. La violencia nos va a hacer un pueblo sin voz. Frena los liderazgos, frena todas las iniciativas y eso perjudica mucho a la gente”, explica una de las lideresa. En Nuquí necesitamos de ejemplo, de personas que nos recuerden el valor de nuestra identidad, que hay otras oportunidades en la vidaañade.

 

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El sepelio de José y Margarito lo hicieron en la cancha en la que reunían a cientos de niños para jugar fútbol y que se conviertió en una salida para varios de ellos de las realidad difíciles que existen en el territorio.

 

José representaba esos liderazgos, al igual que su amigo Margarito Salas. A ambos los unía el amor por el balón. Cuando no estaban ejerciendo sus labores como representantes de la comunidad, se los podía encontrar en la cancha de Arusí jugando un partido con los niños más pequeños para incentivar el deporte y las actividades sanas en la comunidad.

 

“Era un gran defensa. No lo pasaba nadie”, recuerdan a Margarito. Pero además de su amor compartido por el fútbol, ambos eran grandes ejemplos para los jóvenes del municipio. Siempre los ayudaban a pensar en otras alternativas de vida, en otros sueños.

 

“Un líder en este país del Sagrado Corazón de Jesús se convierte en una figura mesiánica, le genera esperanza al pueblo. Esos asesinatos sistemáticos cambian estas comunidades, las frenan, les roban ese impulso”, dice una mujer. Margarito era uno de esos líderes. Conocía Arusí como pocas personas.

 

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En la foto se puee ver a Margarito navegando en su canoa.

 

Fue guía turístico durante la mayor parte de su vida. Para cualquier expedición científica que visitaba Nuquí siempre era el primero en ser contactado. Podía pasar horas hablando de los animales de la zona y especialmente de los pájaros, que era lo que más disfrutaba. Siempre navegaba por los  ríos Arusí y Arusisito en su chingo de madera, contando historias de la región donde creció.

 

“Conocía muy bien del territorio, de sus especies. Hoy la zozobra es tremenda. Da miedo moverse por el territorio, subir a la selva, porque no sabes con qué te vas a topar. Vas a tu finca y por error te encuentras al grupo armado, te encuentras su caleta y ya estás en riesgo”cuenta un amigo cercano.

 

Hoy, sus compañeras en La Batea, con quienes trabajó en turismo, lloran su ausencia y están llenas de incertidumbre. La zozobra reina ahora en Nuquí. Cuando sales de tu casa no sabes si vas a regresar. Esa sensación te agobia”, dicen en el municipio.  Hoy varias personas lamentan no haber podido despedir a sus compañeros y acompañar a sus familiapor el temor de ser señaladas.

 

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Margarito fue un hombre de familia. Con su trabajo velaba por sus cuatro hijos, su esposa y su madre.

 

Tanto José como Margarito dejan hijos atrás, dejan a Arusí en medio de la oscuridad, sin saber cómo encender la luz. “Acá está en riesgo la labor social que ejerce el Consejo Comunitario. Esa defensa del territorio, de la vida, de las costumbres, de las comunidades, todo. Hay que preguntarnos qué va a pasar con esos líderes que van a seguir defendiendo a la gente”, dice una persona de la comunidad.

 

El paraíso, donde la vida brota incluso de un charco de lluvia, donde bailan las ballenas y donde por cientos de años las comunidades han luchado por sus derechos, es un poco más gris. La esperanza está a medias y las personas están a espera de que la violencia desaparezca y puedan vivir en paz. Hoy, hasta los ríos lloran la partida de José y Margarito. Amigos, hermanos, padres, hijos y líderes que pierde Nuquí y cuya muerte esperan no quede impune.

 


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