SOS por los artesanos del tamo

agosto 03 de 2020

Durante décadas, las diestras manos de los artesanos de Nariño han convertido los desperdicios del trigo y la cebada en piezas únicas en el mundo. Hoy, en medio de la pandemia, muchos han cerrado sus talleres. Piden apoyo para que el oficio no muera.

SOS por los artesanos del tamo

| Aída de la Cruz y su esposo, Victor Jaramillo, llevan cerca de 40 años trabajando el tamo. “Ahora la estamos pasando muy mal —dice Aída—. No hemos recibido nada, nos sentimos desprotegidos”. | Por:


Por: Germán Izquierdo
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Al sur de Colombia, en medio de montañas coronadas por volcanes, hay un fuego que permanece apagado: la estufa de leña de Gonzalo Aquilino Santacruz y Magdalena Criollo de Santacruz, una pareja que lleva tres décadas comprando el rastrojo del trigo y la cebada para cortarlo, teñirlo en agua hirviendo y transformarlo en láminas que luego venden a los artesanos de la ciudad. Los Santacruz viven en el barrio Juanoy Alto, un empinado pesebre aferrado a una ladera. Como nunca han tenido un celular, desde la bocina de su teléfono fijo, arrastrando las erres, Magdalena dice: “Yo tengo tamito guardado porque los talleres están cerrados, y hace meses, desde que empezó la enfermedad, nadie nos compra ni poquito”.

 

Quienes hasta marzo compraban el tamo a Magdalena, no tienen dinero ni clientes para comercializar sus piezas. Hoy dicen sentirse desamparados, pues no han recibido ninguna ayuda del Gobierno durante la pandemia. Uno de ellos es Miguel de la Cruz, quien tiene el título de maestro artesano de Artesanías de Colombia. “De nosotros no hay visualizacióndice Miguel—. Ni siquiera tienen un censo de cuántos artesanos hay en Nariño. Hace poco nos citaron a una reunión en la alcaldía de Pasto y nos pidieron “reinventarnos”. Yo me pregunto, ¿cómo nos vamos a reinventar si llevamos viviendo de esto toda la vida?”.

 

Miguel aprendió diversos oficios artesanales antes de cumplir los 18 años. Primero fue el repujado en cuero, un oficio condenado a la desaparición; luego, los trabajos en madera, hasta hoy su material preferido. “Es dócil y se deja trabajar como tú quieras. En el torno puedo pasar horas transformando la madera en la pieza que tenga en la cabeza, en lo que se me ocurra”, dice Miguel. En estos meses, cuando no hay comercio para las artesanías, la fabricación de sillas, comedores, camas y cuanto mueble le encarguen, lo ha sacado de aprietos.

 

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© Cortesía Aída de la Cruz

 

Pocos como él trabajan el tamo con tanta maestría. Con paciencia de buen artesano y la precisión de un cirujano, armado con cuchilla y una regla, corta delgados hilos del mismo grosor que luego pega, uno a uno y a la misma distancia, en materiales como cuero, madera, vidrio y cerámica. Al final, los hilos tapizan cada pieza formando oleajes de las más diversas formas y colores.

 

Los hermanos de Miguel, Diego y Aída de la Cruz, también son maestros artesanos del tamo, una técnica única en el mundo. Cual si hubieran hecho un juramento tácito, cada uno tiene su sello y especialidad. Por eso, cuando le preguntan a Aída por una pieza que se parece más a las que hace Miguel o Diego, no duda en enviar a los clientes a los talleres de sus hermanos. Aída y su esposo, Victor Jaramillo, llevan cerca de 40 años trabajando el tamo. 


Ahora la estamos pasando muy mal —dice Aída—. No hemos recibido nada, nos sentimos desprotegidos”. Aída ha tenido que dedicarse a preparar tamales y poner a trabajar su máquina de coser para subsistir. Como muchos emprendedores, encontró un alivio en la fabricación y venta de tapabocas. Pero sus nuevos oficios, cuenta la artesana, “solo nos da para la semana. Y no sabemos qué pasará la próxima”.

 

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© Cortesía Miguel de la Cruz

 

A los de la Cruz les corre en las venas el oficio artesanal. Su abuelo Hermógenes fue un brillante ebanista, capaz de tallar elaborados cofres que escondían cajones secretos. Hoy las creaciones de sus nietos han llegado a las ferias de toda Colombia. Aunque cada uno tiene clientes fijos en las principales ciudades, hoy no hay pedidos de ninguno. El único canal de venta que les queda son las redes sociales, y tanto Aída como Miguel coinciden en afirmar que las ventas virtuales son tan exiguas que “no significan nada”. 

 

En el mes de junio, Artesanías de Colombia y la multinacional Diageo encargaron a Miguel la elaboración de una edición especial de botellas del exclusivo whisky Johnny Walker Blue Label. La colección, llamada Hilos de Oro, fue elaborada por Miguel, su esposa Amanda y sus dos hijos. Ellos cortaron y enchaparon con 700 hilos de trigo 300 botellas que fueron subastadas para ayudar a los artesanos de Nariño.


Uno de los llamados a seguir con la tradición de la familia es Nicolás, uno de los hijos de Miguel, quien desde los 11 años ayuda a su padre en el taller. Trabajar el tamo, cuenta Nicolás, es un ejercicio de práctica y mucha calma: “Los hilos no pueden cortarse muy delgado porque se rompen, ni muy grueso porque pierden flexibilidad”. Las manos del artesano del tamo deben estar calibradas, mientras que la mente puede apegarse a lo que imponga la creatividad. Hay quienes aseguran que las formas de los hilos del tamo, como sus colores, son el fiel reflejo de los sentimientos de quien los creó.

 

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© DIAGEO

 

Miguel y Aída temen por el futuro del tamo cuando la pandemia finalice. Los talleres han cerrado y muchos artesanos han optado por vender comidas rápidas o hacer domicilios. Perder un oficio es como perder una antigua receta, casi como perder una lengua. Los de la Cruz siguen adelante, con la fe de que la mercancía represada pronto podrá venderse. Piden, eso sí, que se tenga en cuenta para los subsidios, pues consideran que su oficio está en un limbo impuesto por unos requisitos que nos los tienen en cuenta. 

 

Margarita Criollo, al otro lado de la línea, insiste en que aún tiene tamo, que lo envía a Cali, a Bogotá, a donde sea. El periodista le explica que no es artesano, que trabaja en una revista y que quiere contar su historia. Ella no presta atención y vuelve al tamo, como si su mente solo tuviera espacio para los manojos de cebada que suele comprar en la vereda de Catambuco, como si a su lado aún crepitara el fuego del fogón.

 

Ventas en línea 

Puede adquirir las artesanías de Miguel o de Aída en:

Miguel de la Cruz:  Instagram migueldelacruz_artesanias

Aída de la Cruz: Taller Artesanal Jaramillo

 


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