Primero la gente que la amapola: así se liberó Tailandia de los cultivos ilícitos

febrero 06 de 2019

En este país del sudeste asiático se concentró el negocio de la heroína y el opio. Hoy quienes sembraban amapola trabajan en empresas que ellos crearon..

Primero la gente que la amapola: así se liberó Tailandia de los cultivos ilícitos

| Los cultivadores sustituyeron la amapola con café, macadamia, apicultura y orquídeas. | Por: Pixabay


Por: José Puentes Ramos
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Hace casi 60 años, Tailandia era el mayor cultivador de amapola para la producción de opio y heroína. Según un artículo del London School of Economics sobre la evolución del narcotráfico en este país del sudeste asiático, en la región del norte y en la frontera con China y Myanmar se concentraron las siembras de esta planta. Los grupos étnicos y las comunidades rurales la cultivaban para fines medicinales (con uno de sus componentes químicos de fabrica la morfina) y la comercialización de opio con China, un negocio legal y rentable en esa época.

Pero China decide prohibir el uso del opio a principios de la década de 1960 y el negocio se vuelve ilegal. Esto representó un problema para Tailandia, pues quienes cultivaban amapola para la producción de opio vivían en la pobreza y no tenían otras opciones de subsistencia. Así que debieron continuar, ahora, en una actividad prohibida. Entre 1965 y 1967 la Comisión de Estupefacientes de Naciones Unidas contabilizó en ese país 18.500 hectáreas de la planta, que dieron un rendimiento de 145 toneladas de opio entre 1965 y 1966.

 

Entre 1965 y 1967, en Tailanda se contabilizaban 18.500 hectáreas de amapola, que tuvieron un rendimiento de 145 toneladas de opio en el periodo 1965 - 1966. © LEON DARIO PELAEZ | SEMANA


Pese a los esfuerzos del gobierno tailandés de brindar alternativas a la amapola, hasta mediados de la década de 1980 se empezó a sustituir por negocios lícitos. La fundación Mae Fah Luang de la princesa Srinagarindra (la princesa Madre del rey de Bhumibol Adulyadej de Tailandia) creó un programa para que los cultivadores de ilícitos se pasaran a otras actividades y pudiesen salir de la pobreza.

El programa se enfocó en mejorarles la calidad de vida antes de quitarlos de la cadena del narcotráfico. A diferencia del Programa Nacional Integral de Sustitución de cultivos de uso ilícito (PNIS), que se adelanta en Colombia, los cultivadores no reciben subsidios por dejar la amapola. Las ayudas se traducen en acceso a créditos y oportunidades de financiamiento para proyectos productivos. Además, no se planeó a un plazo corto de dos años, como el PNIS. Este proceso se proyectó a 30 años.

Bajo ese modelo, Tailandia fue declarado libre de cultivos ilícitos en 2002 por Naciones Unidas. SEMANA RURAL habló con Sandro Calvani, asesor de la fundación Mae Fah Luang, para entender cómo este país logró una sustitución de cultivos ilícitos exitosa.

 

En las montañas del norte de Tailandia se centró el cultivo de amapola para la producción de opio y amapola. © FUNDACIÓN MAE FAH LUANG


 

Aunque la sustitución de cultivos de uso ilícito en Colombia viene de tiempo atrás, con el acuerdo de paz se creó un programa integral para esta tarea. ¿Cuál fue el punto de partida de Tailandia en la sustitución de la amapola?

Tailandia es el centro del budismo, una cultura basada en los derechos de la comunidad sobre los derechos individuales. Todo empezó con una iniciativa de la princesa Madre, hace 30 años. Ella se dio cuenta de que el corazón del problema de los cultivos ilícitos es la comunidad, las personas. Entonces, decidió trabajar en un proceso de transformación de la mentalidad de la gente.

No se trató de una política de control de drogas. Fue una iniciativa de empuje hacia una mejor calidad de vida, para que quienes cultivaban amapola salieran de la pobreza. En términos occidentales se podría llamar proceso de desarrollo sostenible.


¿Cómo transformaron la mentalidad de la gente?
 

Una de las frases inspiradoras de la princesa Madre fue: nadie quiere ser malo, solamente no tiene la oportunidad de ser bueno. Si se ofrecen oportunidades a las comunidades de cultivadores de ilícitos, ellas automáticamente escogen la mejor opción. Para esto se necesita una gran responsabilidad de la gente. Por eso el programa de sustitución se enfocó en la reconversión de los pueblos, sus objetivos y sus ilusiones. A la gente no se le entregaron donaciones o subsidios, pues la ayuda se otorgó bajo créditos con bancos, fondos internacionales, empresas privadas y el gobierno. De esta manera, ellos sabían que el futuro estaba en sus manos y debían hacerlo sostenible de alguna manera. Quienes cultivaban amapola ahora trabajan en la producción de flores, macadamia y café. Lograron que esos negocios fuesen rentables y atractivos para los inversionistas extranjeros.

Otro principio importante fue invertir en las próximas generaciones, porque este es un programa que se pensó a 30 años. Cuando empezó, entre 1985 y 1988, se proyectó que las zonas en donde se cultivaba amapola podían ser áreas tranquilas, con turismo y producción agrícola sostenible de alta calidad. Como la sustitución se planeó para un tiempo amplio, era obvio que debía invertirse en la próxima generación. Así que se construyeron escuelas donde la pedagogía se basó en la conservación de bosques y la economía legal.

 

 © MIGUEL GALEZZO | SEMANA RURAL


«No se trató de una política de control de drogas. Fue una iniciativa de empuje hacia una mejor calidad de vida, para que quienes cultivaban amapola salieran de la pobreza»

Sandro Calvani

 


Si en Tailandia no se fijó una meta de hectáreas sustituidas o erradicadas, como sí ocurre en Colombia, ¿cómo midieron el éxito del programa?
 

En Colombia siempre hacen referencia a la sustancia, a las hectáreas, a la coca. En Tailandia nadie se ocupó de cuántas hectáreas de amapola se reducían o cuánta heroína se dejó de producir. Se dieron cuenta de que la verdadera causa del problema era el malestar de la gente. Entonces, la medición o monitoreo fue cuántas familias querían dedicarse al café o a la confección de alta moda, otra manera de sustitución. Primero tuvimos 15, luego 150, después 500… Siempre se trató sobre las personas, no sobre la sustancia.
 

¿Que Tailandia no haya enfrentado un conflicto armado como sí ocurrió en Colombia tuvo que ver con el éxito de la sustitución en ese país?
 

Al comienzo de la sustitución había una situación parecida al caso Colombia: los cultivos estaban en áreas sin Estado, donde no existía la Policía y no se tenía acceso a educación, salud, infraestructura y servicios públicos básicos. Su justificación era que se trataban de zonas peligrosas y con problemas de seguridad. Es cierto: Tailandia fue el centro mundial de la heroína en los sesenta, por lo que no se podía entrar a las áreas de narcotráfico. Pero cuando arrancó el programa de sustitución, todo comenzó a cambiar. La gente que estaba metida en la recolección de la amapola, en las caravanas que salían hacia China o Myanmar, en la producción de balas para los grupos que cuidaban los cultivos… Todos ellos ingresaron a la sustitución.

Ellos cambiaron su mentalidad. ¿Y qué perdió el narcotráfico? A la gente. La gente ya no está interesada en hacer el mal y el narcotraficante ya no tiene su materia prima, que realmente no es la amapola. Entonces, las comunidades se libraron de la esclavitud, de la dependencia al narcotráfico.
 


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En vez de darles subsidios, los cultivadore recibieron opciones para crear empresas y proyectos productivos. © FUNDACIÓN MAE FAH LUANG


En Colombia, los cultivadores primero arrancan la mata y luego les dan las ayudas. ¿Funcionó así en Tailandia?  

Todo lo contrario. Simplemente no establecimos un pago contra el cultivo ilícito. Solo ofrecimos facilidades para la construcción empresas, como la primera procesadora de café en el país. Los bancos y fondos se metieron para que los cultivadores tuviesen un capital empresarial con intereses bajos, pero la responsabilidad de retornar el dinero fue de la gente. No se condonaron créditos.

Este modelo incentiva la responsabilidad de la gente, da dignidad (porque no se regalan las cosas) y mejora la relación de las comunidades y del Estado. Tenemos pueblos en lo más norte de Tailandia donde antes se cultivaba amapola y hoy son los más orgullosos del país. Son gente que salió de una situación de conflicto, que los consideraban malos. Son gente que les tocó esforzarse más para salir adelante.

Mire: en la actualidad, el norte de Tailandia tiene un ingreso per cápita superior al de Bangkok, la capital del país y una de las ciudades más ricas del sudeste asiático. Esto ha atraído a habitantes de otras regiones, que quieren vivir allí porque se vive y gana mejor.   

 

© LEON DARIO PELAEZ | SEMANA

Es buena idea ofrecer oportunidades, pero en Colombia esa labor tiene dificultades porque algunos están dentro de reservas naturales o habitan zonas muy remotas. ¿Ahí qué se puede hacer?

Nosotros hemos tenido el problema de las áreas protegidas, pero no como acá. Sé que el cinco por ciento del cultivo de coca está en parques naturales. En el caso de Tailandia, esto ocurría en todas las zonas de conservación natural, donde la tierra no se puede comprar o vender. Tampoco el Estado la debe tocar. Había un conflicto entre el gobierno y el parque: ¿proteger las reservas y que pierda la gente o que gane la gente y pierdan las reservas? Ninguna de las dos. Decidimos hacer alianzas de paz. Se empezaron con algunos cultivos que están en la foresta, lo que tradicionalmente se daban dentro de ella. No se replantó o reforestó. Por ejemplo, nos dimos cuenta que el café crecía nativamente en donde se cultivaba amapola. También se apostó a negocios que no tocaban la foresta, como a apicultura, la siembra de orquídeas y el turismo.
 


Con estas alianzas de paz la gente empezó a abandonar las siembras de amapola. Esto permitió que las autoridades ingresaran a erradicar. Las comunidades dejaron de ver a la Policía como un enemigo que los perseguía y judicializaba, lo que redujo la producción de heroína en Tailandia.
 


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Pienso que el tiempo fue determinante en el caso de Tailandia. Tuvieron 30 años para cambiar la amapola por cultivos legales. En Colombia, el programa integral de sustitución se pensó para dos años. ¿Cree que por eso tiene tantos inconvenientes?
 

En mi opinión, lo que provoca la producción ilícita de cocaína y heroína no son las guerrillas, ni las bandas criminales, ni los gobiernos, ni la política correcta o no correcta sobre drogas de un Estado. Lo que incentiva es la demanda del consumo, el real inconveniente para mí en la sustitución. Que en otra parte del mundo la gente busque soluciones químicas para su infelicidad o depresión. Eso es lo que genera la producción y el cultivo de ilícitos en países como Colombia. La comunidad internacional debe darse cuenta de que también es su responsabilidad y no solo del país que siembra.
 

© FUNDACIÓN MAE FAH LUANG


Pero eso último no pasa. Estados Unidos le hizo una alerta a Colombia: lo descertificaba como país que lucha contra las drogas si no reducía las hectáreas de coca…
 

Bueno, erradicar más de 100.000 hectáreas se puede hacer. Colombia ya sabe cómo hacerlo porque viene trabajando en eso hace años. Pero el problema no es la erradicación, sino la resiembra. ¿Y quién influye en eso? La demanda. Es muy fácil amenazar con descertificar un país porque produce demasiada coca, pero, ¿por qué no descertificamos a un país que consuma demasiado? Esos son procesos de transformación humana. Todos los grandes procesos toman tiempo.

Si usted construye un rascacielos en cinco días, tiene sus dudas sobre vivir allá. Todo proceso necesita tiempo y necesita que todos los que tengan el conocimiento se metan en eso.
 

¿Cuál fue el papel del Estado en el proceso de sustitución en Tailandia?

La presencia del Estado no fue de comandancia y estrategia. No fueron los ministerios quienes decidieron qué hacer. No. Las instituciones se prestaron al servicio de la gente, a la escucha de la gente. Si una comunidad decía que necesitaba escuelas Montessori, el Ministerio de Educación las edificaba. Así costara más. El Estado no mandaba, sino que servía y proveía. Pero la responsabilidad sobre si las obras funcionaban o no era de la gente. Por ejemplo, si una carretera quedaba mal construida, respondía la gente. Le repito: la gente tenía el futuro en sus manos.

 

 


«Es muy fácil amenazar con descertificar un país porque produce demasiada coca, pero, ¿por qué no descertificamos a un país que consuma demasiado?»

Sandro Calvani


 

 © MIGUEL GALEZZO | SEMANA RURAL


¿Cómo frenar la violencia que genera el narcotráfico y que afecta a las zonas rurales?
 

Todos sabemos que el nivel de violencia en Colombia es grande. La experiencia tailandesa dice que cuando se pone en camino una transformación positiva, el narcotráfico presenta dificultades. Y la reducción del narcotráfico hace que los grupos ilegales pierdan el interés del control de un territorio. El crimen organizado no le interesa manejar una economía licita. Si baja la economía ilícita, baja la violencia.

En Tailandia, muchos de los antiguos comerciantes ilegales de amapola hoy son líderes de los proyectos productivos y sus hijos fueron capacitados para manejar empresas.
 


 


POR: José Puentes Ramos | Editor regional
@josedapuentes


 

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