Cascadas, bosques y fantasmas en Tena

julio 02 de 2019

Una trocha trazada por los muiscas hace cientos de años para establecer contactos con otras comunidades indígenas es hoy un epicentro de biodiversidad.

Cascadas, bosques y fantasmas en Tena

| Los bosques y cascadas de El Tambo fueron recorridos por los españoles y, luego, por los soldados de la ruta libertadora. | Por: Nicolás Acevedo Ortiz


Por: SEMANA RURAL
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El camino real de Tena, ubicado en la vereda Catiba, fue trazado por los muiscas para intercambiar sus productos con otros indígenas de la sabana, una ruta que luego fue aprovechada por los colonizadores, virreyes, ejércitos españoles, religiosos y comerciantes. 

Sin embargo, su mayor hito vino por parte del sabio José Celestino Mutis, quien en 1772 encontró en los montes de Tena varias especies de quina, los primeros hallazgos en el virreinato de la Nueva Granada. 

En la actualidad sobreviven seis kilómetros de esta trocha histórica, que conduce hacia lo espeso de un bosque donde transita la quebrada La Honda, la cual hace parte de dos reservas naturales de 65 hectáreas: El Tambo y Rosa Blanca. En la zona predominan especies de árboles como cedro, encenillo, aliso, yarumo, laurel, cucharo, nohal, balso, cajeto y arrayán, cubiertos por musgos y helechos.

 

La trocha hace parte de dos reservas naturales por donde pasa la quebrada La honda: El Tambo y Rosa Blanca. Nicolás Acevedo Ortiz. 


William García, habitante del municipio, conoció por primera vez este atractivo turístico a los 10 años, cuando fue con sus amigos a bañarse en las frías aguas de la quebrada. “Lo que más me sorprendió fue la cascada El Tambo, una caída de agua de más de 40 metros de altura, enterrada en la profundidad del bosque de la reserva, que sirve para abastecer a La Mesa y veredas de Tena y Anapoima. Luego, al unirse con la quebrada Coyancha, desemboca sus aguas en el río Bogotá”.

Desde hace tres años, William trabaja como técnico ambiental de la Alcaldía, lo que le ha permitido conocer los terrenos biodiversos de la tierra que lo vio nacer. “Una de las más visitadas es la reserva de El Tambo, de 16 hectáreas. Los turistas quedan maravillados con la caída de la cascada, pero muchos no toman medidas, beben licor y arrojan basura. Hace una década, un muchacho murió ahogado por nadar borracho en la laguna. Nadie sabe cuánto puede tener de profundidad”.

Hace tres meses, en las expediciones por las reservas de El Tambo y Rosa Blanca, William encontró una antigua mansión abandonada que le causó un escalofrío por todo su cuerpo. Dice que parecía una imagen de una película de terror por su deterioro. 


 

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En medio del bosque se esconden los vestigios de lo que fue una casona en donde se hospedaron, según dicen pobladores de la región, miembros de la ruta española. Nicolás Acevedo Ortiz. 


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“Está ubicada mucho antes de la cascada y a unos pocos minutos del inicio del camino real. Sin embargo, por lo denso del bosque, casi nadie la ve. La llaman la Casona, y los pobladores más antiguos aseguran que fue un punto de descanso para los miembros de la ruta española. Allí amarraban sus caballos y mulas, dormían y comían”. 

Sus paredes, que aún conservan la pintura blanca, han sido rayadas con grafitis con signos de satanismo o brujería. Otros han dibujado muñecos obscenos. El piso del segundo nivel está a punto de caerse. “Los murciélagos son los únicos aparentes habitantes del lugar, pero debe haber muchos espíritus. Es un bosque lleno de historia”.

William, de 29 años, prefiere enfocarse en analizar la flora y fauna de las reservas en lugar de indagar sobre la historia de la casona abandonada. “Debió ser un sitio muy pudiente en la época de los españoles, pero ahora solo inspira terror. Quién sabe qué cosas han sucedido allá. Yo fui de día y la carga que uno siente al caminar por las ruinas es demasiado fuerte. Hay muchas energías ocultas. Por mi no volvería, prefiero concentrarme en el bosque y en ver las especies de animales que alberga, como colibríes, búhos, lechuzas, carpinteros, lagartijas, serpientes, arañas, armadillos, ñeques y toches”.

 

 


«Prefiero concentrarme en el bosque y en ver las especies de animales que alberga, como colibríes, búhos, lechuzas, carpinteros, lagartijas, serpientes, arañas, armadillos, ñeques y toches».

William García, habitante de Tena.


 



Protegiendo la reserva

Desde 2017, la CAR y la Alcaldía de Tena trabajan en un proyecto de reforestación y cerramiento de la reserva El Tambo, convenio que tiene un valor superior a los 153 millones de pesos y abarcará 11,1 hectáreas de la zona.

“La meta es sembrar 17.760 árboles nativos en El Tambo, además de instalar una cerca de 2.744 metros lineales para evitar que los turistas hagan de las suyas En el sitio realizamos jornadas de limpieza y siembras con niños de colegio, para que aprendan que la conservación del medio ambiente es una tarea de todos”, afirma William.

El joven concluye que el estado del río Bogotá es un reflejo de la falta de educación. “Debemos trazarnos la meta de conservar cada día más. Todas las quebradas y ríos del municipio terminan en el río Bogotá, por eso debemos cuidarlos para no contribuir más a su contaminación. Hace poco realizamos una siembra con niños y jóvenes en la vereda Peña Negra, quienes llevaron pancartas con mensajes como ‘Queremos recuperar el río’”.

 

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