Toro

abril 24 de 2018

Desde hace cuatro meses, once excombatientes del ELN y las Farc se han dedicado a cultivar ají. Tienen más de 50 años y sus fuerzas no se agotan..

Toro

| | Por: Jair F. Coll


Por: Jair F. Coll
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La finca en la que once excombatientes de grupos armados ilegales dejaron caer el fúsil para recoger la pica se llama La Esperanza. Édinson Gómez Zorilla es uno de ellos. Así recuerda el momento de su captura en mayo del 2009: el Ejército rodeó la casa en la que se reunió con su esposa, su hijo y un camarada guerrillero. “¡No disparen! ¡Hay un niño adentro!”, gritó Édinson. Sus 45 años como militante del ELN terminaron ahí, en una vereda de Bolívar, Cauca, que también se llama La Esperanza.

Poco después de aquel episodio, Édinson regresó a la finca de su familia en Jamundí, (Valle) donde cultivó durante un año hasta agotar recursos. Le seguirían dos tareas en los años posteriores: trabajador social en barrios vulnerables de Cali y promotor de la Agencia de Reincorporación y Normalización (ARN). Este último trabajo marcó su paradero actual en la finca.

Queda en el corregimiento de El Bohío, en Toro (Valle). Es un lugar para quienes en antes ocultaban su nombre y rostro en la oscuridad del monte, lo hagan ahora con gorras que los protegen del sol inclemente. Hace cuatro meses empezaron a trabajar la tierra y buscar oportunidades para hacer más productiva su labor. De hecho, el pasado jueves 22 de marzo se reunieron con empresarios de nivel nacional para buscar una mayor inversión por parte de este sector.

Lorem initius...

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Ellos hacen parte de los 2.705 desmovilizados que se han acogido a los proyectos de la ARN en los últimos 17 años en el Valle del Cauca, según cifras de la entidad. Pero a diferencia de otros, estos son mayores de 50 años. A unos se les notan las arrugas más que a otros. Su estricto horario militar del pasado es ahora uno más flexible: trabajan de siete de la mañana a cuatro de la tarde en 20 hectáreas de cultivo de ají. Próximamente, se sumará el de papaya y maíz tierno.

¡50 años! Precisamente, esa es la edad de Jorge Elirio Quiroga. “Empecé como guerrillero de las Farc cuando tenía 33 años. La pobreza fue el motivo principal, el no encontrar suficiente aguapanela para el almuerzo”, cuenta. Mientras amarra un hilo a una guadua que ayuda a sostener los cultivos de ají, le viene una frase que resume sus 17 años y nueve meses en el grupo insurgente: “El único futuro que le esperaba a uno era la muerte”.

La vez en la que estuvo más cerca de ella fue en Bolívar, Santander, su municipio de origen. El Ejército les había tendido un asalto al mediodía, asalto que se extendió hasta las 10:30 de la noche. Los únicos sonidos eran susurros entrecortados y disparos sin descanso. Entonces Jorge escuchó las palabras que los espabilaron:

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