Así se vive en un pueblo costeño en el centro del país

abril 17 de 2018

La Miel es la imagen y semejanza de un pueblo costeño en medio de la región Andina. Es el lugar en donde hace 21 años se asentaron setenta familias desplazadas de los municipios de Pelaya, La Gloria y Tamalameque, del sur del Cesar, en busca de un nuevo comienzo..

Así se vive en un pueblo costeño en el centro del país

| La mayoría de habitantes de la hacienda La Miel son desplazados del sur del Cesar que fueron reubicados en Tolima gracias a el Incora. | Por: Daiana González


Por: Daiana González
@daianagonzalez

“Bienvenida a Macondo”, dice Mauricio Herrera, un muchacho jovial que enseña lengua castellana en la escuela Nueva Esperanza, de la hacienda La Miel. La palabra, más que una denominación,la usa en forma de adjetivo, como un intento por encerrar todos los contrastes entre la desventura y la prosperidad optimista que cohabitan cuando se habla de La Miel: un caserío rural que se encuentra a las afueras de la ciudad de Ibagué.
 


 ASÍ COMENZÓ 

Cuatro hechos marcaron la llegada de las familias del Sur del Cesar al Tolima.

      

En 1992, año en el que los grupos paramilitares expulsaron a 270 familias de sus hogares, quienes sin tener a dónde ir, llegaron a Bogotá a reclamar sus derechos al Estado.


“Fue el primer desplazamiento en Colombia denunciado masivamente”

- Simón Hernández, miembro de Asojuntas.


 



El día en el que, pacíficamente, setenta del total de las familias llegaron a las puertas de la Defensoría del Pueblo y el Incora, exigiendo respuestas.
 

Después de un largo camino pasarían al tercer momento,el 29 de diciembre del 96, cuando llegaron en siete buses a un terreno de 555 hectáreas otorgado por el Incora, en la vereda Buenos Aires de Ibagué, sin ladrillos, cemento, ni techo, a lo que sería su nuevo hogar. Con carpas improvisadas empezaron a reconstruir los tejidos de su comunidad.Al principio fue duro, porque algunos políticos de la región nos estigmatizaron como guerrilleros”, recuerda Hernández.

El último momento, y quizás, el más victorioso de todos, fue en el 2003, cuando se otorgó el terreno a las familias por medio del Decreto 1240. Sin embargo, había una sola condición: ceder 67 hectáreas de tierra para la construcción de un Parque Industrial de Residuos Sólidos. Fue ahí donde empezó uno de los mayores problemas de la hacienda, de acuerdo con Raúl Trujillo, presidente de la JAC.






 


“Ese parque se convirtió fue en un relleno sanitario y desde que comenzó a funcionar se ven las enfermedades y aumentaron los roedores”.

- Raul Trujillo


 

Enrique Cardoso, director general de Cortolima, cuenta que laboratorios certificados por el Ideam, mes a mes, realizan pruebas que arrojan resultados favorables. La corporación ha sido muy rigurosa en la vigilancia de requerimientos ambientales y hasta ahora no ha evidenciado algún desfase de los operadores de este relleno sanitario, que es uno de los más organizados que tenemos en el centro del país”. Raúl es claro en decir que la comunidad está al pendiente de los 15 años de vida útil que le quedan al relleno.“Hay que ver que eso se cumpla, porque no queremos más ese foco de contaminación al que no se le ha dado el mejor tratamiento”.


 21 AÑOS DE LA MIEL 

Pero más allá de eso, el primer problema que tuvieron fue cultural. La tierra y las condiciones climáticas eran distintas a las del Cesar. En un primer momento, el Banco Agrario les financió proyectos de siembra de arroz y maíz en el que a cada familia se le entregaban 5 millones de pesos para dedicarse a alguno de los dos. Pero, de acuerdo con Trujillo, muchos de esos proyectos fallaron debido a la falta de asesoría técnica y a un recurso insuficiente para desarrollar algo rentable a futuro.



 

“Esta hacienda es muy seca de agua, muchas veces perdemos cosechas por eso. Muchos de nuestros compañeros tuvieron que sacar créditos para poder pagar lo invertido, incluso vendieron parte de sus predios o arrendaban a otros para cumplir”,

- Simón Hernández.


 

De las setenta familias que inicialmente llegaron, más de la mitad se fueron de La Miel, luego de que cumplieran el plazo que dicta la Ley 160 para poder vender, enajenar o cambiar la finca. De ahí para allá fueron vinculándose otras familias desplazadas de otras zonas del país y de la misma comunidad ibaguereña que han generado un choque no solo cultural, sino en la forma organizativa que funciona en La Miel desde sus inicios. “Ya han traído problemas de consumo de drogas y actos violentos que no habíamos tenido en la comunidad. Pero este año ya vamos a corregir esto, cuenta Raúl.


 SU DESARROLLO COMUNITARIO 

Habitantes antiguos de La Miel,como Raúl, Simón o María Luisa Espinoza—miembro de la organización de mujeres de la hacienda—, trabajan actualmente para recuperar el sistema organizativo que caracterizó a la comunidad en sus inicios y que logró la construcción del acueducto, la red de gas, la luz y hasta la construcción de la sede educativa, que hoy se encuentra aplicando el Proyecto Educativo de la vereda Buenos Aires -PEBA-,como una iniciativa de un grupo de empresarios y líderes por la educación pública rural en Colombia que busca fortalecer la calidad y pertinencia educativa en la zona.
 

smiley | Con cuatro iglesias, panaderías, un colegio, salón comunal y hasta peluquería, la hacienda La Miel funciona como un pequeño pueblo a las afueras de Ibagué.


Fue en ese mismo periodo cuando un grupo de mujeres logró lo que en muchas comunidades han deseado: Prohibir las cantinas y el licor, con el objetivo de disminuir las acciones violentas que eran, en gran parte, resultado de las borracheras. “Solo del 8 de diciembre al 8 de enero se vende cerveza, con la condición de que la tienda tendrá la responsabilidad de todo lo que pase”, cuenta María Luisa, quien es consciente de que, con el pasar del tiempo, muchos de los que lideraron estos procesos se fueron y quienes quedan tienen la labor de reactivarlos.

A pesar de todas estas adversidades que han surgido en el pequeño Macondo, Simón es feliz diciendo que, “después de 21 años hemos realizado un poco nuestros sueños. Ahora nos sentimos prácticamente tolimenses, aunque siempre el estar en un lugar que no es el tuyo te va a dejar una sensación de ser foráneo”.

 

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Semana Rural. Un producto de Proyectos Semana S.A. financiado con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través del programa de Alianzas para la Reconciliación operado en Colombia por ACDI/VOCA. Los contenidos son responsabilidad de Proyectos Semana S.A. y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de Estados Unidos.