Una biblioteca fundada en la confianza

noviembre 23 de 2020

Hace 8 años, Gonzalo Bernal donó sus libros para abrir una biblioteca en la que cualquiera pudiera tomar un libro sin carné, afiliaciones ni compromisos. Hoy, ‘La Hoja’ tiene 112 sedes en varias regiones del país.

Una biblioteca fundada en la confianza

| Cecilia Parodi, esposa de Gonzalo, durante una actividad en Palmas del Socorro (Santander) | Por: Cortesía Gonzalo Bernal


Por: Germán Izquierdo
izquierdogerman

Un día, hace 8 años, Gonzalo Bernal decidió salir de sus libros. Cada uno fue desapareciendo de los estantes para terminar amontonado entre cajas de cartón. Ni siquiera el más valioso de todos se salvó del desalojo: un ejemplar de ‘El amor en los tiempos del Cólera’, firmado por Gabriel García Márquez. Aquellos libros fueron los primeros en enriquecer ‘La Hoja’, un proyecto de bibliotecas que Gonzalo inició en Villa de Leyva, con el objetivo de llevar la lectura a todo el mundo: gratis, sin afiliaciones, firmas ni compromisos. Quien quiera leer un libro lo puede tomar, como quien se lleva la prueba de un producto nuevo en un supermercado. La iniciativa de este escritor y exprofesor de literatura podría haber languidecido pronto; pero, en cambio, se ha multiplicado. Hoy se cuentan 112 sedes de La Hoja en varias regiones del país.

Cuando se le pregunta a Gonzalo por qué los libros no se pierden ni se los roban, contesta sin demora: “Porque los ladrones no leen”. En casi una década, desde su fundación, el número de libros donados sigue en aumento. Hoy son unos 65.000 los que se han repartido en lugares de Boyacá, Santander, Vichada y Cauca. “Cuando alguien nos llama para decirnos que quiere abrir una biblioteca La Hoja, hacemos el esfuerzo de visitarlos para entregarles libros que empiecen a volar y ser leídos. Somos un pueblo que ha sido condenado sistemáticamente a la ignorancia. La lectura ayuda a salir de ella. Por eso, hay que llevarla a todo el mundo, gratis y libremente”.

La gran compañera de Gonzalo en esta aventura es Cecilia Parodi, su esposa desde hace 46 años. Ambos están acostumbrados a que los llamen de algún pueblito que no tiene biblioteca y quiere montar una propia. Entonces, comienza el ritual de empacar libros, cargarlos en su viejo Chevrolet Sprint, modelo 1993, y salir a entregarlos en algún municipio de la región. “Hace unos días nos llamó un señor de Machetá —cuenta Gonzalo—. Allá llegamos de noche en el sprint, en medio de un aguacero torrencial”.

Con la ayuda de voluntarios, montan las bibliotecas de manera rápida y económica. Valiéndose de tablas donadas por carpinteros amigos de La Hoja, abren agujeros de 14 centímetros en la pared y otros de igual medida en la madera. Luego, unen el muro a la tabla con varillas de una pulgada. “Así aprendimos a hacer bibliotecas a un costo mínimo”, explica Gonzalo.

smiley

Hace 8 años, Gonzalo Bernal inauguró La Hoja, en la Casa Juan de Castellanos, en Villa de Leyva. Hoy, el proyecto es un patrimonio del municipio boyacense.

En la actualidad, La Hoja cuenta con unos cien voluntarios que no han dejado que este proyecto desaparezca: donan su tiempo, prestan el carro, cargan cajas, participan en talleres. Meses atrás armaron una caravana de camionetas llenas de libros que llegó a varios pueblos de Santander. En esos viajes no aceptan reconocimientos, homenajes, ni mucho menos dinero. Gonzalo lo dice claro: “Yo no creo en nada ni afirmo verdades absolutas. La Hoja es un caos que funciona: así la describo. No hay ni carné, ni cuotas, ni reuniones obligatorias. Somos gente a quien le gusta llevar cultura a otras personas”.

En Colombia, si bien los índices de lectura han mejorado, aún son muy bajos. De acuerdo con datos de la Cámara Colombiana del Libro, los colombianos leen en promedio 2,7 libros por año. Es una cifra muy inferior a la de otros países hispanohablantes, como España (10,1), Chile y Argentina (5). Entre las naciones más lectoras se encuentra Finlandia, donde los habitantes leen en promedio 47 libros por año.

Una noticia positiva de Colombia es que cada vez los jóvenes leen más. Según el Dane, el promedio de lectura entre niños de 5 a 11 años es de 3,1 libros por año. La tendencia indica que la cifra seguirá aumentando. En Villa de Leyva, Gonzalo es testigo del amor de los niños por la lectura. Hay 7 bibliotecas fundadas por ellos en varias veredas del municipio. Incluso una niña llamada Xyomara fundó una en su casa, abierta a todas las personas.

Durante varios años, la sede fundacional de La Hoja funcionó en un espacioso local de la casa Juan de Castellanos, un centro comercial muy visitado. El lugar era prestado y el dueño no les cobraba alquiler. Cuando les pidieron el local, se trasladaron. Hoy, la sede más grande, que funciona 24 horas, está ubicada en el hotel El Mesón de los Virreyes.

 

smiley

Voluntarios, amigos de La Hoja, donan, reparten, empacan y recogen libros para seguir fortaleciendo el proyecto.


Hasta hace poco, una de las sedes más queridas y novedosas funcionaba en la plaza de mercado del municipio. Allí, los libros se exhibían junto a frutas y verduras. El puesto de libros se armaba los viernes y se desarmaba el sábado. Con la llegada de la pandemia dejó de funcionar.  A pesar de que el año ha sido difícil, como dice Álvaro Márquez, uno de los grandes impulsores de la iniciativa, “La Hoja seguirá creciendo, porque vive de la voluntad del pueblo, de la gente”.

Esa voluntad se expresa en uno de los mejores recuerdos que ha vivido Gonzalo en estos años. Un día lo llamó una mujer que quería donar unos libros. Vivía en una finca en la vía a Arcabuco, adonde llegaron una tarde Gonzalo y Cecilia en su sprint. Cuando estaba por entrar, advirtieron que la puerta estaba abierta y del interior de la casa salía una música de violines. Entraron con paso sigiloso y vieron a una mujer que lloraba. Estaba despidiendo los miles de libros de su esposo, recién fallecido, con una serenata de música clásica.

El esposo de la mujer era un exembajador de Holanda que en su paso por varios países había formado una biblioteca muy valiosa. Era tal la cantidad de libros, que Gonzalo tuvo que regresar al pueblo y pedir una camioneta para recogerlos. En la carretera, un retén de la Policía lo detuvo y estuvieron a punto de multarlo porque el automóvil tenía vencida la revisión técnico mecánica. Cuando Gonzalo explicó que era de La Hoja e iba por unos libros, lo dejaron seguir su camino.

En Villa de Leyva todos conocen La Hoja. Saben que donde encuentran su logo distintivo: un café, un restaurante o un hotel, siempre habrá un buen libro que leer. Los extranjeros son los que más se asombran de toparse con libros en lugares no convencionales.

 

smiley

En Villa de Leyva, Gonzalo es testigo del amor de los niños por la lectura. Hay 7 bibliotecas fundadas por ellos en varias veredas del municipio. Incluso, una niña llamada Xyomara fundó una en su casa, abierta a todas las personas.


Una de las sedes más lejanas de Villa de Leyva queda en un resguardo situado en la vereda de Torres, en las afueras de Popayán. Allí, miembros de la etnia Yanacona abrieron su propia biblioteca La Hoja. “Queríamos enseñarles a leer mejor a los niños. Acercarlos a los libros, pues donde vivíamos no había posibilidad de tenerlos”, dice Nelly Chilito Torres, una de las más entusiastas con la iniciativa. Nelly, que nació en el municipio de San Sebastián (Cauca), llegó desplazada a Popayán. Según cuenta, La Hoja funcionaba a veces en un lugar o en otro. Pero desde la pandemia, ha funcionado muy poco.

La Hoja no es solo una biblioteca, sino un movimiento cultural que abarca talleres, tertulias y charlas, entre otras actividades. Tatiana Bernal, hija de Gonzalo, impulsa una de las más interesantes. Ella visita la cárcel de menores de Tunja y dicta clases de arteterapia, yoga y lectura. Hace un tiempo, con Gonzalo, hicieron un taller sobre grandes libros que se han escrito en la cárcel.

Los libros que Gonzalo echó a volar hace 8 años siguen su camino de mano en mano. Un día, hacia el año 1985, mientras trabajaba como periodista en El Universal de Cartagena —su único paso por los medios—, García Márquez entró enfurecido a la sala de redacción del diario. “Estaba muy molesto porque una nota que había escrito tenía errores. Yo lo calmé y nos quedamos charlando”, recuerda Gonzalo. Antes de irse, Gabo le firmó una copia de ‘El Amor en los tiempos del Cólera’; la misa que desde hace años anda suelta por ahí, como una hoja al viento, buscando nuevos lectores. 

¡Suscríbete!

Y recibe primero una selección de los mejores contenidos y novedades de SEMANA RURAL. Nada de spam, promociones comerciales ni cosas aburridas.

Ingresa el correo que más utilices, gracias por ayudarnos
Al suscribirme, acepto los términos y condiciones y autorizo el tratamiento de mis datos personales conforme a las finalidades y demás condiciones descritas en la política de tratamiento de datos personales de SEMANA.




Bibliotecas

¡Comparte!



Foto de perfil del autor del comentario


Te puede interesar






Semana Rural. Un producto de Proyectos Semana S.A. financiado con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través del programa de Alianzas para la Reconciliación operado en Colombia por ACDI/VOCA. Los contenidos son responsabilidad de Proyectos Semana S.A. y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de Estados Unidos.