Una líder indígena que deja huella

diciembre 27 de 2019

Aída Quilcué termina su periodo como consejera mayor de derechos humanos en la Onic, una larga trayectoria que finalizó con un año convulsionado para los indígenas.

Una líder indígena que deja huella

| Aida Quilcue | Por: Archivo particular


Por: SEMANA RURAL
SemanaRural

Aída Quilcué es una indígena del Cauca que nació en el manto de dos líderes sociales. Su padre, un ferviente luchador de las causas de su territorio le infundió la pasión por el liderazgo y la valentía de decir lo que piensa.

Aída habla con serenidad y sin rapidez. Cada palabra la piensa. Y en su cabeza recuerda aquella manifestación en 2007 cuando las organizaciones indígenas se reunieron  para decirle al entonces presidente Álvaro Uribe que necesitaban ser escuchadas. 

En ese entonces, el presidente desistió de la petición de llegar al sitio de La María, en Cauca, por temor a su seguridad. “Entonces entendimos que la seguridad democrática no le servía ni al mismo presidente”, dijo Aída con sabia precisión. 


 

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Indígenas en Chocó atrincherados por las balas a comienzos de este año. Foto Archivo particular


 

El que termina fue un año convulsionado para los indígenas del Cauca. Dos masacres, asesinatos selectivos, una gran Minga Indígena a mediados de abril y el confinamiento en el departamento de Chocó hicieron que la consejera mayor para los Derechos Humanos de la Onic tuviera un año lleno de preocupaciones. De movilizaciones inesperadas.

A inicios de año, en trincheras, los niños emberá se refugiaron de las balas durante dos horas, días antes un menor murió por desnutrición mientras grupos de autodefensa AGC y el ELN se disputaban aquel territorio que las Farc dejaron. El niño, diminuto, posaba sobre unas tablas, envuelto en un manto blanco y alrededor unas velas. Desde su oficina en Bogotá, el ministro de Defensa de entonces, Guillermo Botero, dijo que era mentira que los niños se estuvieran muriendo.

“Y mira, los medios dicen que cubren lo que pasa en los territorios pero no es cierto. Muchas veces hemos sentido que nos ocultan porque quienes tienen el poder de los medios solo les preocupa eso, el poder”, dijo el joven indígena que marchaba al lado de Aída cuando la Guardia Indígena llegó a Bogotá, a la Universidad Nacional, en medio del paro nacional que empezó el pasado 21 de noviembre.


 

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Guardia Indígena en Bogot.a foto Santiago Ramírez

Aquel día una enorme bandera de verde y rojo comandó la marcha por la Avenida 26 hasta la carrera Séptima y luego hasta la Avenida 19. Aída, pequeña, de rostro con piel dura como los robles, morena como la tierra, tomó el altavoz y luego del minuto de silencio sentenció: “nuestro hermano Dilan sigue con nosotros. Él vive en esta lucha, porque aquí no nos vamos hasta que nos escuchen”, dijo refiriéndose al joven que murió tras ser impactado por un proyectil disparado por el Esmad en medio de las protestas. 

Quilcué, del pueblo nasa, duda del protagonismo, lo rechaza. Cada vez que la han escogido como consejera —en Cric y en Onic— dice que nunca se puede postular “a uno mismo” sino que “es la comunidad la que decide que uno tome el liderazgo para tener la vacante y luego la votación entre todos lo decide”. 

Ha sido secretaria y fiscal en su cabildo de origen, autoridad de su resguardo, consejera del resguardo de Huila, coordinadora en Tierradentro, consejera mayor del Cric y ha liderado las mingas de 2008 y 2019.

Ha sido perseguida por su liderazgo, tanto así que ha tenido que llevar varios enfrentamientos en instancias judiciales. Fueron cuatro años de audiencias donde la esperanza muchas veces parecía apagarse. 


 

 


 

Y es que no olvida. Por eso repite que a las élites de Colombia "se les volvió un vicio matar indios, negros y campesinos para sacarlos de sus tierras". La zona norte del Cauca históricamente ha sido una región estratégica para los grupos armados, dado que allí se les facilita la movilización a la cordillera y además reinan los cultivos ilícitos.

Desde el anuncio de la llegada de la Guardia Indígena a Bogotá, Aída no paró nunca de correr ni de buscar ayudas para quienes llegaban en chiva desde tan lejos. Movió cielo y tierra con tal de que los días siguientes pudieran tener fuerzas para las marchas multitudinarias que sucedieron el país. 

Todos rodean a Aída, le consultan, preguntan que dónde está, que si puede dar una entrevista, que cuál es el aporte de la Guardia al paro nacional. 

Aída respira y contesta que, ante todo, esta es una lucha de todos y que ella solo sintetiza las miles de voces que gritan un mejor lugar, un territorio en paz.


 

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