Una lucha por la paz a través del arte y la cultura

marzo 04 de 2021

Tres lideresas de los Montes de María, Antioquia y Chocó narran cómo el arte ha impulsado la transformación de las comunidades donde la guerra y la desigualdad ha imperado..

Una lucha por la paz a través del arte y la cultura

| En la foto se ve uno de los ensayos de Mojiganga | Por: ©Mateo Medina Abad


Por: SEMANA RURAL
SemanaRural

Históricamente en Colombia el arte ha sido un acto de resistencia, una forma de luchar contra el conflicto armado y la inequidad. Hoy, con una violencia que sigue presente en muchos municipios y con la desigualdad que impera en estos territorios, la pintura, la música, el baile, el teatro y las artesanías siguen ayudando a las personas a enfrentar esa realidad e incluso impulsar a las víctimas a sanar las heridas del pasado.

 

Precisamente para hablar sobre esas formas de resistir, SEMANA RURAL propició un espacio en el que participaron Ifigenia Garcés, lideresa chocoana y creadora de la Escuela Cultural Mojiganga en Quibdó; Juana Ruiz, coordinadora de la Asociación de Mujeres Tejiendo Sueños de los Montes de María; y María Catalina Prieto, subdirectora de programación de la Orquesta Filarmónica de Medellín y cabeza del Coro de la Reconciliación y la Práctica Orquestal para niños en el Urabá.

 

 

“La paz y la transformación social no se logran solo con aportes del Estado. Creemos que las organizaciones sin ánimo de lucro, las comunidades y la empresa privada tenemos que aportar nuestro grano de arena si queremos lograr una sociedad más justa e incluyente, dijo Maria Catalina en la charla.


 

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En el Coro de la Reconciliación, víctimas y excombatientes cantan y alzan su voz contra la violencia.

©Filarmed

 

Su llamado es similar al de Ifigenia y al de Juana que desde sus propios liderazgos han utilizado el arte como herramienta para ayudar a las comunidades a sanar y alejarse de las lógicas de la violencia presentes en sus municipios.

 

“El hecho de tomar el dolor y cortarlo, eso tiene un gran significado interno. A medida en que íbamos cortando y uniendo las telas, sentíamos que el dolor de una era el de la otra, y que en vez de hacerse más grande, se minimizaba”, explica Juana sobre su labor con las Tejedoras. 


A través de las artesanías y los tejidos estas mujeres cuentan sus historias y con cada hilo curan sus "demonios" y construyen futuro. Fue un reto llevar a la gente un mensaje de esperanza y emprendimiento, convencer a las víctimas de que ya no somos pobrecitos ni que merecemos lástima,explica Juana.

 

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Juana es una lideresa en su región y en el país, que con su ejemplo de lucha y trabaja ha logrado curar sus heridas por lo que se vivió en su corregimiento. Hoy, a través de hilos de colores, cuenta su historia y contruye el futuro de los Montes de María.

©Juana Ruiz

 

Algo similar le pasa a Ifigenia con Mojiganga.  Con la escuela ha tenido que crear estrategias para que los niños y jóvenes que hacen parte de la iniciativa no pierdan el interés y se sientan motivados a ir a bailar, cantar y actuar. A encontrarse y a salir de las lógicas violentas que vivían en sus casas y sus barrios.

 

“Yo no sabía que había tantos niños esperando un espacio como el nuestro”, explica Ifigenia. Con su escuela ha logrado empoderar a cientos para que busquen otras alternativas de vida, y así mismo puedan contar la realidad que los rodea e interpelarla. “Mojiganga es un espacio de transformación social que utiliza la herramienta del arte como una estrategia de cambio de vida”, dice la líder chocoana, quien es clara en que con estas iniciativas se logra alejar a los menores de las bandas criminales y los grupos armados, que constantemente están al acecho para reclutarlos e involucrarlos en actividades delictivas y violentas.

 


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Este es un punto clave en el que cada una de las iniciativas converge: a través de la cultura y sus diversas expresiones las personas se pueden articular para transformar sus realidades. En el caso de Filarmed, con el proyecto del Coro de la Reconciliación, las víctimas y los excombatientes se pueden encontrar en un lugar donde lo único importante es su tipo de voz y no su pasado que han empezado a subsanar.

 

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Cada viernes cientos de niños se paran frente a la biblioteca de Quibdó alzar su voz contra la violencia a través de la actuación. 

©Mateo Medina Abad

 

En el caso de la práctica orquestal para niños en el Urabá, Maria Catalina lo resume de una forma simple. “Esta es una labor en la que las organizaciones buscan capturar a los niños para que comprendan que sí hay un futuro más allá del conflicto, y que hay belleza en lo que los rodea”, cuenta. 

 

Filarmed utiliza la música como una excusa para formar a los niños en otro tipo de valores, como la disciplina. Y en el caso del Coro, por medio del canto, permiten a víctimas y a excombatientes reencontrarse en un espacio en el que las etiquetas no son relevantes.

 

Sin embargo, y si bien las tres lideresas coinciden en la importancia de estas iniciativas desde la sociedad civil, reiteran la importancia de que el Estado sea más consciente y contribuya a su fortalecimiento, para de esta manera lograr que las comunidades alcancen un bienestar más sostenido en el tiempo. Es en las regiones donde hemos sufrido el conflicto y donde lo hemos resistido y es que solo a través del arte es que podemos construir una verdadera paz. No es una paz de banderitas, es una enseñanza que le estamos dejando a los que vienen”, explica Juana.

 

 

En la primera foto se ve uno de los ensayos del Coro Reconciliación, que hasta el inicio de la pandemia eran de manera presencial. En la foto del centro se ve un tapiz de las Tejedoras de Mampuján, en estos telares plasman sus historias de vida y narran lo que vivieron durante el conflicto En la foto de la izquierda se ve a JD Molana, uno de los integrantes de Mojiganga, en uno de los ensayos. Con la escuela ha aprendido la importancia de narrar lo que se vive en Quibdó y lo que pasa en su corregimiento en La Molana (Chocó).

©Filarmed/Tejedoras de Mampuján/Mateo Medina Abad

 

Este tipo de proyectos tejen y construyen país en lugares donde el Estado no hace presencia. Pero a pesar de que han alcanzado un nivel de sostenibilidad económica, requieren de mayor acompañamiento e inversión. En la actualidad, cuando hay un auge de la violencia en el país, iniciativas como las Tejedoras de Mampuján, Mojiganga y los proyectos sociales de Filarmed son un acto de resistencia frente a la guerra.  

 

“La mayor manifestación cultural del hombre es la convivencia. Es reconocer que existe otro ser humano. El arte te permite como herramienta, relacionarte con el otro, es resignificar el espacio donde vives. Nosotros estamos buscando mostrar, a través de la cultura, que todas las vidas valen y de esa manera hacemos resistencia en el territorio, concluye Ifigenia.


Puede revivir el conversatorio aquí:


 


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Semana Rural. Un producto de Proyectos Semana S.A. financiado con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través del programa de Alianzas para la Reconciliación operado en Colombia por ACDI/VOCA. Los contenidos son responsabilidad de Proyectos Semana S.A. y no necesariamente reflejan las opiniones de USAID o del gobierno de Estados Unidos.