noviembre 30 de 2020

Una pandemia llamada Migración Rural

Por: Daniel Werner

La migración es un proceso por el cual las personas se desplazan de un lugar a otro. Este desplazamiento puede ser dentro de un país, migración interna, o migración internacional, cuando la migración se produce cruzando fronteras. Podemos hablar también de migración forzada en caso de países en conflicto o crisis, o, migración voluntaria se produce debido por ejemplo a la búsqueda de mejor calidad de vida, educación de mayor nivel, etc. Entre los años 1990 y 2015 el número de migrantes internacionales se incrementó de 153 millones a 248 millones, un tercio de ellos entre 15-34 años de edad. Más de 150 millones de personas migraron en busca de trabajo.

 

Procesos de migración rural, en los cuales la población se desplaza hacia la ciudad son uno de los factores por los cuales en el año 2007 se marcó un hito de marcada importancia y con alto potencial de influencia en el futuro de la humanidad, por primera vez en la historia la población urbana supero el 50% del total de la población mundial. En África, por ejemplo, más del 50% de los hogares rurales posee al menos un inmigrante interno. En el año 2013, 740 millones de personas migraron dentro de sus países siendo en su mayoría migración de zonas rurales a zonas urbanas. Las razones que generan procesos de migración rural son variadas. La inseguridad alimentaria y el desempleo en zonas rurales son básicamente dos de los más importantes motores del proceso de migración.

 

Más del 75% de la población mundial que vive en estado de inseguridad alimentaria habita en zonas rurales, siendo la migración la principal y más disponible herramienta para la búsqueda de soluciones que las familias rurales poseen (FAO, 2018).  Teniendo en cuenta que la mayoría de los procesos migratorios contemporáneos tienen su origen en causas económicas, podemos imaginar al proceso de migración como un proceso de diversificación de los ingresos familiares y las remesas de los migrantes pueden servir para aliviar la pobreza e inseguridad alimentaria. Por otra parte, si tenemos en cuenta que esta diversificación es de facto empleo fuera de su finca, la migración de las zonas rurales a las urbanas puede tener consecuencias negativas en la productividad agrícola como resultado de la escasez de mano de obra rural.

 

Paralelamente, procesos de importancia e influencia directa sobre la migración son la escasez de recursos naturales y el cambio climático que generan procesos de desertificación, degradación de suelos y fenómenos climáticos extremos que dañan los rendimientos en forma significativa y disminuyen los ingresos de las familias rurales. Este proceso hace que la agricultura familiar, que es en los países en vías de desarrollo, pilar para la subsistencia de familias en medios rurales no siempre pueda generar verdaderas oportunidades y generar ingresos que permitan a la familia mejorar su nivel de vida, o, en otras palabras, se transforme en menos relevante económicamente. A este proceso se suma el cambio necesario que la familia deberá realizar para suplir el papel del migrante y agrega mayor carga de trabajo a las mujeres y los niños.

 

Cuando la agricultura familiar pierde importancia, y no existe impulso por parte de los gobiernos de desarrollar el sector rural-agropecuario que permita emplear a dichos jóvenes, la consecuencia inmediata es la reducción de las oportunidades para las jóvenes generaciones que buscarán una salida laboral en otros sectores de la economía buscando nuevas oportunidades.

 

Así es que los jóvenes abandonan la agricultura de baja productividad y pasan principalmente a actividades informales en servicios de baja productividad que generalmente se desarrollan en zonas urbanas. Esta migración de jóvenes a las ciudades, genera procesos de discontinuidad en la renovación generacional de las fincas y conduce al envejecimiento de la población en las áreas rurales-agrícolas con fuertes impactos en la fuerza laboral disponible.

 

Debemos tener en cuenta que el sector agropecuario se encuentra inmerso en un continuo proceso de industrialización que trae consigo la necesidad del uso de paquetes tecnológicos que requieren especialización y paralelamente reducen la necesidad de puestos de trabajo. En esta situación, la posible introducción de nuevas tecnologías como solución disminuye el empleo de las generaciones más adultas, con menor predisposición para la adopción de cambios y adopción de nuevas tecnologías. Este sector de la población requiere de métodos de capacitación diferentes para la mencionada adopción de nuevas tecnologías, que son más costosos y generalmente con menores resultados positivos. 

 

Ofrecer soluciones a las necesidades de los jóvenes rurales deberá ir más allá de las actividades agrarias que se desarrollan en el espacio rural, y debe involucrar, entre otros aspectos, asuntos apremiantes como la salud y la infraestructura, además de los temas sociales, económicos, ambientales, jurídicos y energéticos. En otras palabras, servicios sociales e infraestructuras que soporten el desarrollo de jóvenes en las zonas rurales.

 

La formulación de planes holísticos de desarrollo rural, que aprovechen las interconexiones entre agricultura, seguridad alimentaria y migración del campo a la ciudad podrán contribuir de manera efectiva a mitigar los efectos negativos de la migración sobre las poblaciones al borde de la seguridad alimentaria.

 

La migración rural está estrechamente vinculada no solo con la agricultura y el desarrollo rural, sino también con el desarrollo general de las sociedades (FAO, 2018).  

 

 


Daniel Werner es el director de Proyectos y Misiones Especiales de desarrollo rural en programas de cooperación internacional de Israel en América Latina, Asia y África.


 


Las opiniones de los columnistas en este espacio son responsabilidad estricta de sus autores y no representan necesariamente la posición editorial de SEMANA RURAL.


 

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