La ‘vaca’ para recuperar el espacio que guarda la memoria de Granada

noviembre 30 de 2018

El Salón del Nunca más necesita recursos para que los recuerdos de las víctimas no queden acabados por la humedad y el deterioro. Por eso lanzaron una campaña de recolección de fondos en Vaki.

La ‘vaca’ para recuperar el espacio que guarda la memoria de Granada

| Lo primero que se ve al entrar al Salón son los rostros de las 300 víctimas que dejó el conflicto en Granada.  | Por: Marcela Madrid V.


Por: Hugo Tamayo


Yesica Liliana Giraldo es una joven de Granada, Antioquia, que sufrió la desaparición de su padre cuando tenía apenas cuatro años. Hoy tiene 17 y, aunque no sabe dónde están sus restos, tiene un lugar para conectarse con él cada vez que lo extraña. Se trata del Salón del Nunca más, el espacio que guarda la memoria de una guerra que casi acaba con el pueblo.

Este lugar, que comparte edificio con la Casa de la Cultura y la iglesia, es mucho más que un museo; es un refugio para los familiares de las víctimas. Ahí llega Yesica los viernes, en los recreos del colegio. Se va directo a la estantería que sostiene decenas de cuadernos negros -las “bitácoras”-, busca la que lleva en portada la foto de su padre y le escribe cartas para actualizarlo de su vida.

 

En una de las más recientes cartas que Yésica dejó en la bitácora de su papá, le cuenta que su hermano va a tener un hijo y le dice que lo extrañará en su cumpleaños. © MARCELA MADRID VERGARA.

Todos los viernes, en los recesos del colegio, Yésica llegaba al Salón del Nunca más a escribirle a su papá. © MARCELA MADRID VERGARA.

 

Estas palabras, casi siempre acompañadas por lágrimas, suelen terminar con mensajes como “papi, sé que algún día vienes, te espero”.

Aunque quisiera poder visitarlo todos los días, Yesica debe esperar hasta los viernes, cuando Gloria Elsy Quintero, una de las creadoras y administradoras voluntarias del Salón, logra abrir sus puertas.

Además de compartir su tiempo entre la familia, su negocio de galletas, varios diplomados y el Salón, Gloria y el resto del equipo luchan por mantenerlo en pie luego casi una década sin recursos para su mantenimiento.

 

Gloria Elsy Quintero, una de las creadoras y administradoras del Salón del Nunca Más, suele acompañar a los visitantes contando los horrores que vivió Granada y lo que sufrió su familia en carne propia. © MARCELA MADRID V.


La historia del Salón

El Salón del Nunca más nació en 2009 a partir de una idea sencilla: que los familiares de víctimas llevaran la foto de su ser querido, asesinado o desaparecido, y la pegaran en una pared. A los pocos días llegaron casi 300 fotos de hombres, mujeres y niños; 300 víctimas que -según el Centro de Memoria Histórica- representan solo la cuarta parte del total.

Los promotores del salón se organizaron en la Asociación de Víctimas Unidas de Granada (Asovida) y en 2008 lograron comprometer a los candidatos a la alcaldía del municipio a destinar un espacio físico para todas esas fotos.

Así se inauguró el Salón del Nunca Más, que con el tiempo fue ampliando su contenido. Hoy cuenta con tres salones donde -además de las bitácoras y las fotos- el visitante puede recorrer la línea de tiempo de la guerra en Granada y sus actores (frentes 9 y 47 de las Farc, ELN, AUC y fuerza pública), una bitácora con la historia de cada vereda, exposiciones itinerantes y hasta una de las piezas del carrobomba que estremeció al pueblo en el 2000.

Los más pequeños también podrán encontrar en el Salón una manera de conocer la historia del municipio que no les tocó vivir: la Maleta de la Memoria. Ese equipaje azul guarda juegos como un Twister con las veredas del municipio, una lotería con los rostros de las víctimas y una escalera con la cronología del conflicto.

 

Cada vereda del municipio tiene una bitácora con la historia contada por sus habitantes. © MARCELA MADRID V.

Los visitantes más pequeños llegan buscando la Maleta de la Memoria, que guarda varios juegos para conocer la historia más dura de Granada. © MARCELA MADRID V.


 

Cientos de turistas, estudiantes, periodistas y público en general llegan a conocer este espacio de memoria. Si no es un día habitual para abrirlo (de viernes a domingo de 2 a 6 pm), por las calles del pueblo preguntan por el encargado del sitio y alguno de los representantes, sin ningún protocolo, abre el espacio para hacer el recorrido.

Gloria casi siempre está lista por si la llaman. Entra al salón con el visitante y va contando varias historias del oscuro pasado del municipio, incluida la desaparición de su hermano. A veces hay que esperar a que ella se reponga porque, al igual que quienes escuchan sus narraciones, también se le entrecorta la voz al contar su experiencia y la de tantos paisanos.

A veces se sorprende con la llegada de nuevos visitantes del pueblo:

-“¿Él también tiene un cuadernito de esos que hay allí?”, le preguntó una mañana un joven a Gloria, señalando una de las fotos pegadas en la pared del salón.

-“Es que es el papá de él”, comentó una tía que lo acompañaba.

-“Sí, mi mamá estaba embarazada de mí cuando mataron a mi papá y vine a conocerlo”, le aseguró el muchacho a la guía. Gloria le pasó la bitácora y él empezó a escribirle.

Otros llegan a pedirle alguna opinión a su ser querido, como Angie Paola, quien lleva años actualizando a su papá sobre sus logros:

Una semana después fue a buscar la respuesta y le preguntó: “Hola papi, qué has opinado de lo que te escribí hace ocho días”. 

 

Al Salón le pasan los años

Desde la fachada del salón se puede ver su pared envejecida y la falta de mantenimiento del edificio. Algún día, en un vendaval, se mojaron algunas bitácoras y fotos. “Hice los arreglos con unos 300 o 400 mil pesos pero de cuenta mía. Puse unas baldosas mientras tanto para que no se meta el agua”, cuenta Jaime Montoya, otro colaborador.

El aseo del lugar lo hacen cada vez que pueden con utensilios que compran con el dinero que algunos visitantes introducen en una urna que reza: “la colaboración que aquí dejas es un pequeño ladrillo para este espacio de memoria. Tu apoyo es muy importante”.

 

Desde su creación hace 10 años, el Salón no ha recibido financiación para su mantenimiento. 

 

“Esa alcancía la destapamos por ahí cada seis meses y le sacamos de cuatrocientos mil a seiscientos mil pesos. Rara vez son ochocientos. Cuando se acaban esos recursos para atender a la gente, nos toca de nuestro propio bolsillo comprar el higiénico”, cuenta Gloria.

Para que Yésica Liliana pueda seguir yendo en los descansos, o entre una clase y otra, a escribirle a su papá; para que Angie Paola pueda ir a preguntarle a su progenitor si ese novio le conviene; para que el esposo de una mujer asesinada pueda prometerle amor eterno y jurarle que siempre le fue fiel, Granada necesita de la solidaridad de los colombianos.

Por eso están haciendo una vaca virtual a través de la plataforma Vaki que les permita conseguir los recursos necesarios para reparar las paredes, tapar las goteras, actualizar los contenidos y apoyar a Asovida.


Si quieres donar para el sostenimiento del Salón del Nunca Más, haz clic aquí.


POR:Hugo de Jesús Tamayo

Periodista empírico de Granada, Antioquia. Autor del libro 'Desde el Salón del Nunca Más'


 

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