Víctimas del conflicto llevan el sabor de su tierra a la mesa de los colombianos

mayo 11 de 2020

La fundación Memorias Colombia creó un catálogo para comprar alimentos hechos por siete emprendedores de varias regiones del país que encontraron en la cocina una salida para dejar atrás la violencia y el desplazamiento.

Víctimas del conflicto llevan el sabor de su tierra a la mesa de los colombianos

| | Por: Cortesía Memorias Colombia


Por: Ángela María Agudelo Urrego
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Hay sabores que, más allá de las papilas y del paladar, se quedan a vivir en la memoria y en el corazón. Unos son más fuertes que otros. Sobre las heridas que dejó el conflicto, siete víctimas coinciden y evocan lo mismo: la cocina de mamá, los sabores de la tierrita y las cenas en familia. Además del deleite sensorial, la gastronomía es una reminiscencia y una nueva oportunidad para siete emprendedores de paz que venden sus productos. Cada una de sus recetas, las masas, las porciones y las esencias llevan en cada bocado un trocito del territorio, de sus raíces y de su historia.

 

Paola Carvajal, directora de la fundación Memorias Colombia, creó esta iniciativa solidaria. Hasta diciembre de 2019 trabajó en el área de comunicaciones de la Alta Consejería para las Víctimas. Allí conoció las historias de estos emprendedores que, debido al coronavirus, dejaron de vender puerta a puerta y viajar por la ciudad. La movilidad, la situación económica de las víctimas y su preocupación social fueron razones suficientes para que Paola iniciara el voz a voz y las publicaciones en redes sociales. La respuesta ha sido positiva. El primer catálogo fue publicado un miércoles y al otro día ya tenían 38 ventas.

 

Por razones logísticas, la compra podría ser más fácil a través de Google Forms, una herramienta en la que el cliente escribe sus datos. Pero Paola prefirió la vieja usanza: hablar con cada persona. Eso sí, por WhatsApp debido a la cuarentena. Esta dinámica quiere que cada mensaje, más que una solicitud, sea una oportunidad para generar un vínculo entre el ciudadano y la víctima. “Es comida con conciencia –dice Paola–. Cuando compras esa almojábana estás apoyando al emprendedor, estás siendo solidario con su historia de vida, con lo que ha sufrido. Le tiendes la mano”.

 

Cada mordisco es un viaje a un departamento: Tolima, Risaralda, Cundinamarca, Boyacá, Cauca, Chocó y Santa Marta. Desde sus casas y con todas las medidas de protección que amerita la situación actual, los siete emprendedores cocinan, amasan, preparan y calientan esos alimentos con aroma a región que llegan a las mesas de los bogotanos.

 

©Cortesía Memorias Colombia

‘Tamalería Juancho’

María Otavo es una indígena pijao de Coyaima, Tolima. Tiene 49 años y cuenta dos desplazamientos forzados. Con el primero, recuerda los campos de su pueblo y los cultivos de tabaco, donde trabajaba su familia. Los guerrilleros los amenazaron y, por orden de su papá, María viajó a Bogotá. Luego de unos años regresó para visitar a su mamá, que aún vive allí. Sin embargo, el viaje duró más que la visita. Ese fue el segundo desplazamiento. La amenazaron de nuevo y tuvo que regresar a la ciudad.

 

Maria es tímida, reservada y comprometida. Su esposo falleció hace poco y desde entonces el trabajo de ella da sustento a sus seis hijos. Los miércoles y sábados, días de entrega de la Fundación, madruga a la 1:00 a.m. para preparar sus tamales, reconocidos y halagados por los clientes. Quiere que lleguen frescos y calientitos para la hora del desayuno.

Es tal el éxito que la Fundación ya logró una alianza con una empresa que vende desayunos y que incluyó, dentro de su menú, las tres variedades hechas por María: tamal sencillo, semiespecial y especial. Los chats de WhatsApp también se llenan de preguntas que responde María a través de audios, una acción consecuente con el valor humano de las ventas que propone Paola. La calidad de los tamales, en palabras de los clientes, “es increíble”. La receta de esta indígena pijao no tiene nada que envidiarle a las grandes marcas ni a las reconocidas panaderías.

 

©Cortesía Memorias Colombia

‘Miel de abejas Apicor’

Endulza tu vida, no permitas que el covid-19 te la amargue”, dice Rubén Aguirre, un apicultor de Santa Rosa de Cabal que habla con la misma dulzura de la miel. Al pronunciar el eslogan de su emprendimiento, aparte de vender sus productos, espera ver una sonrisa en el rostro de sus clientes.

 

Al igual que María, fue víctima de dos desplazamientos. En el 2007, salió de Santa Rosa a Ecuador. Luego, volvió a Colombia para visitar a su familia pero unos problemas en Migración lo obligaron a quedarse. Vivió en Tumaco y fue raspachín hasta el 2015. Ese año, los paramilitares dominaron el narcotráfico local y ordenaron varios desalojos. Entre esos, Rubén viajó a Bogotá, donde desde entonces vive junto a un amigo.

 

Antes de ingresar a la colmena de los apicultores, Rubén trabajó en la vigilancia y en las ventas. También fue integrante de una empresa en Cundinamarca, en la que aprendió la técnica de su oficio actual y generó estrechas relaciones con sus compañeros de trabajo. Esa camaradería y disposición le permite trabajar fuera del panal. Rubén comercializa la miel y el propóleo que sus compañeros producen. Espera volver de manera presencial a la colmena, porque de corazón nunca la ha abandonado.

 

©Cortesía Memorias Colombia

‘Arepas boyacenses donde la señora Herlinda’

Herlinda Carabayo es la alegría del grupo”, cuenta Paola. Es de Yacopí, Cundinamarca. Llegó en el 2004 a la ciudad, en compañía de sus once hermanos, también víctimas del desplazamiento. Desde ese año, se dedicó a preparar y comercializar sus productos. Le apostó a una de esas recetas deliciosas y difíciles de rechazar: las arepas y almojabanas boyacenses.

 

Siguió el modelo de otros emprendedores y vendió puerta a puerta. También usó el voz a voz. No le importaba si debía atravesar la ciudad o llegar hasta la calle 200 para vender un paquete de arepas. Antes de la cocina, Herlinda trabajó en una construcción y fue vendedora. Hasta el inicio de la cuarentena nacional, tuvo un carrito para vender tinto y cigarrillos, dos productos que tampoco tienen pierde. Paola la describe como una mujer extrovertida que se ha valido del rebusque.

 

Actualmente tiene tres hijos y se dedica a la cocina. Pero a la cocina con amor, dice, la misma con la que creció en el campo.

 

©Cortesía Memorias Colombia

‘Productos Naturales Conciencia’

Freddy Walteros es un panadero de Chaparral, Tolima. Él y sus seis hijos son vegetarianos y trabajan en un emprendimiento que promueve la buena alimentación. Este negocio familiar, basado en el amor y la ayuda, vende panes y galletas integrales, achiras, mogollas veganas y otros productos saludables que, dentro del nicho, se destacan por su sabor y su bajo precio.

 

A finales del 2015, Freddy ya estaba en Bogotá y tenía su propia panadería pero un socio malintencionado le hizo perder mucho dinero. Regresó a su pueblo natal y abrió un restaurante vegetariano que casi ni vio clientes, pues la población de Chaparral es bastante carnívora. Desde ese momento, hasta el 2016, optó por las ventas de calzado y ropa. Todo parecía mejorar. Dos años después llegaron las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y Freddy fue una de las tantas víctimas de la intimidación. Volvió a Bogotá con la esperanza de quedarse y comenzar una vez más.

 

Ya cuenta dos años en la capital y varias ferias de emprendimiento distritales y otras convocadas por los Centros Locales de Atención a Víctimas (Clav). Paola lo recuerda como “un hombre noble y tranquilo”. Sobre todo, como un cocinero innovador. Sus últimas recetas han incorporado nuevas combinaciones para mezclar lo salado y lo dulce.

 

©Cortesía Memorias Colombia

‘Herencia afro’

Virgelina Chará intercala sus manos entre los amasijos y las telas. Hace 17 años abandonó Suarez, Cauca, y llegó a Bogotá. Es defensora de derechos humanos y hace parte de la Unión de Costureros. Cree que la unión de hilos y entramados forma tejidos de reconciliación. En compañías de otras víctimas, elaboran y exhiben telares que hacen de fotografías e imágenes de sus territorios. Con colores vivos, rostros y letras representan la historia del conflicto y la lucha por la paz.

 

Virgelina también es directora de Asomujer y Trabajo, una organización que trabaja con mujeres víctimas, desplazados o familiares de personas desaparecidas. Esta líder comunitaria también trabaja en representación de la mujer afro, lucha en contra del desarraigo territorial y el abuso por los estigmas y la discriminación.

 

Al igual que Maria, madruga los miércoles y sábados a la 1:00 a.m. Quiere que los tamales vallunos, los aborrajaos y las marranitas, delicias típicas del Valle, lleguen frescos a las mesas de los bogotanos.

 

©Cortesía Memorias Colombia

‘Cocadas y coquitos’

Hace 7 años, un emprendedor entró a Bogotá para exaltar los sabores del Pacífico colombiano. César Medrana llegó de Buenaventura, donde fue pescador. Ahora, levanta sus redes hasta las hojas de las palmeras. Su emprendimiento le apuesta al coco, una fruta tropical típica de la región.

 

Vive con sus dos hijas y su esposa. Con la alegría que caracteriza al litoral, César ha sido el representante de las víctimas durante las ferias gastronómicas. Con el paso de los años, ha perfeccionado sus técnicas y sus productos. Vende aceite de coco orgánico y cocadas de diferentes sabores.

 

César no se limita a venderle a sus clientes. También ha creado alianzas productivas con sus compañeros. Por ejemplo, es el distribuidor de coco por excelencia para Freddy, quien necesita el ingrediente para algunas recetas de su panadería. Queremos generar una red de ayuda, una telaraña”, dice Paola, sin olvidar los vínculos entre emprendedores.

 

©Cortesía Memorias Colombia

‘Alta Gracia, pastelería artesanal’

Doña Graciela Leguizamón es la integrante más reciente de la iniciativa. Tiene 71 años, es de Santa Marta y durante un tiempo vivió en la Sierra Nevada. Antes de la cuarentena, andaba por Bogotá para vender sus productos y su única compañía era un carrito donde los transportaba. Prepara mantecadas de agraz, naranja y ciruela; galletas de quinua y avena, y pan de sagú. Todos son hechos por ella y constituyen el sustento principal para su familia. Tiene un nieto de ocho años. Su hijo es deportista de alto rendimiento y, al igual que su nuera, tiene discapacidad de movilidad.

 

Vive en Soacha, en el sector de Indumil. Sin pensarlo, ganó una nueva amiga. Para facilitar la distribución y evitar los largos viajes entre Soacha y Bogotá, doña Graciela deja sus productos donde la abuela de Paola.Le di una nueva amiga a mi abuela– dice Paola entre risas. Cuenta que su tío le hace el favor y lleva las cosas hasta su casa–. Sé que todos en la Alcaldía se deben acordar de doña Graciela. Sus productos son deliciosos y frescos”.

 

Guía de compra

Si quiere ayudar a estos emprendedores, puede conocer el catálogo completo aquí. El único requisito es comprar, mínimo, $30.000. Este valor puede sumar varios productos, no es obligación que sean de un mismo emprendedor o de una sola referencia. El domicilio cuesta $6.000, a cualquier parte de Bogotá, sin importar el sector de la ciudad.

Después de escogerlos, puede solicitar sus productos en:

WhatsApp: 3013201375

Celular: 3112121294

Facebook: Memorias Colombia

Días de entrega:
Miércoles y sábado. Los lunes y jueves son los últimos días hábiles para programar el pedido para el día de entrega más cercano. Todos los productos son entregados bajo los protocolos de seguridad y limpieza.

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